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lunes, 29 de marzo de 2010

Matar a un monseñor - Por Santiago O’Donnell


A treinta años del asesinato del célebre religioso salvadoreño, el crimen no se esclareció, pero la pista más firme apunta a un represor del Batallón 601 llamado o apodado Emilio Antonio Mendoza. Pero nunca fue investigada por la Justicia.

Este mes se cumplen treinta años del asesinato del arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, icono universal de la defensa de los derechos humanos. El crimen aún no se esclareció, pero la pista más firme dice que lo mató un argentino, un represor de la dictadura llamado Emilio Antonio Mendoza.+/- Ver mas...

Su nombre figura en un documento de la CIA, desclasificado por el gobierno de Clinton en 1993, junto a otros 12.000 documentos que se refieren a El Salvador producidos por la CIA, la embajada, el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y otras agencias federales, en respuesta a un pedido del Congreso que acababa de cerrar una investigación sobre abusos de derechos humanos en ese país. El documento sobre “Mendoza” fue revelado por el periodista salvadoreño Ricardo Valencia en el 2006 en una investigación periodística del diario El Día de ese país.

El cable dice taxativamente, sin apelar a los verbos condicionales, que “el oficial militar argentino Emilio Antonio Mendoza, fue enviado en 1980 a Honduras junto a otros argentinos por el general Viola” y que Mendoza “admitió de hecho haberle disparado a Romero”, y pide a la Agencia que recabe más información sobre el sujeto.

Puede ser un bolazo. El documento desclasificado está lleno de tachaduras de los censores de la Agencia y no precisa la fuente original de la información, no dice cómo el agente se enteró. Duane Claridge, un jefe de la CIA que supervisaba la inteligencia de la región en esos años, le dijo a Valencia que se trata de información cruda, que no había sido procesada por los analistas en Washington. Pero no negó su existencia. El diplomático estadounidense Robert White, que asumió la embajada pocas semanas después del asesinato, reconoció en la misma investigación periodística que estaba al tanto de la existencia del cable, aunque su impresión era que no se había producido “un hallazgo”.

No habría que descartarlo. El cable lo manda el “agente legal” de la embajada en San Salvador, o sea un hombre de la compañía. Los agentes de la CIA podrán ser unos mentirosos para el resto del mundo, pero tratan de pasarle buena información a sus supervisores. Aunque sea para ganarse el bonus de fin de año. Además, está probado que al momento del crimen el autor intelectual, Roberto D’Aubisson, recibía instrucción de militares argentinos que habían sido enviados a El Salvador por el entonces jefe del Ejército argentino, que era Viola. Y según muestran otros cables desclasificados por el gobierno estadounidense, cada vez que se entrevistaba con funcionarios de los gobiernos de Carter y Reagan, Viola demostraba una obsesión por el conflicto centroamericano.

Cuando apareció el documento de la CIA la causa judicial por el asesinato de Romero estaba cerrada y sellada por una ley de amnistía. Por eso “Emilio Antonio Mendoza” nunca fue investigado por la Justicia salvadoreña.

En la Argentina mucho se ha escrito e investigado sobre la participación de represores argentinos en el conflicto centroamericano. Pero por distintas razones muy poco se sabe sobre el funcionamiento de las estructuras de Inteligencia que la Marina y el Ejército montaron en la región. Se conocen los nombres de al menos un marino, Carlos Dürich, y un miembro de Ejército, Alfredo Zarattini, que estaban en El Salvador alrededor de marzo de 1980, en contacto directo con quienes ordenaron y planificaron el asesinato. Pero la existencia de Mendoza –si ése es su verdadero apellido– sigue siendo un misterio.

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Monseñor Romero sabía que lo iban a matar y sabía desde dónde vendría la bala. Murió el 24 de marzo de 1980 de un solo disparo al corazón mientras daba misa en la capilla de un hospital para enfermos de cáncer. Era entonces el líder más popular del país y también un pacifista molesto en un país al borde de la guerra civil. Sus homilías, que se transmitían por radio, llegaban a todos los rincones del país.

Lo habían nombrado arzobispo en 1977 con el apoyo de los sectores más conservadores de la Iglesia. Pero la muerte de un sacerdote de base muy amigo, asesinado por paramilitares junto a dos campesinos, lo llevó a denunciar cada vez con más fuerzas las matanzas de los grupos paramilitares que se sucedían a diario. También lo llevó a profundizar su opción por los pobres a partir de los textos del II Concilio y el Congreso de Medellín.

Quince días antes del asesinato encontraron 72 candelas de dinamita bajo el altar mayor de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de San Salvador, activados por reloj para estallar mientras él daba misa. “Podrán matarme pero no podrán callar la verdad”, les contestó en la siguiente homilía.

El día antes de morir dio un sermón sobre la muerte. “A los soldados les digo que los campesinos son su gente y que tengan en cuenta el mandamiento No Matarás. Ninguna orden está por encima de la ley de Dios. En nombre de Dios, en nombre de este sufrido pueblo, les pido, les ruego, que paren con la represión”, predicó. En El Salvador, en esos días, se mataba por mucho menos.

Al día siguiente del asesinato una bomba estalló en la catedral y francotiradores abrieron fuego contra la multitud que participaba de la procesión, con un saldo de seis muertos y decenas de heridos.

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Al principio, la investigación judicial fue una farsa. Tres días después de asumir el caso el juez salió ileso de un atentado, lo balearon en la puerta de su casa. Desde entonces no demostró ningún interés por acercarse a la verdad. Tardó nueve días en mandar peritos a la escena del crimen, cuando ya no quedaban evidencias ni testigos. Nunca encontró nada.

La causa se reabrió en 1986 con otro juez durante el gobierno del demócrata cristiano Napoleón Duarte. Fue gracias a un hecho, digamos, fortuito. Tres meses después del asesinato, el ejército salvadoreño había allanado una finca donde el entonces mayor Roberto D’Aubisson conspiraba con un grupo de civiles y militares para derrocar a la junta militar que entonces gobernaba. D’Aubisson era el jefe de los escuadrones de la muerte y más tarde sería fundador del partido de ultra derecha Arena, que gobernó el país durante buena parte de los últimos treinta años.

Entre los presentes estaba también el capitán de la fuerza aérea Alvaro Saravia. Los conspiradores fueron liberados poco tiempo después, pero en el allanamiento, los militares secuestraron y presentaron a la Justicia varios documentos, entre ellos la agenda de Saravia. En esa agenda figuraban registros de compras de armamentos y entre ellos las de dos rifles calibre 22 compatibles con los fragmentos de proyectil encontrados en el cuerpo de Romero.

También figuraban los datos del chofer personal de Saravia, Antonio Garay, un miembro de la Guardia Nacional. Garay declaró que estuvo presente cuando D’Aubisson ordenó la muerte de Romero y le encargó a Saravia que contrate a un francotirador delante de varios testigos que consintieron la decisión, a quienes Garay también nombró. Dijo que él condujo al francotirador hasta la escena del crimen, que su pasajero era “un hombre barbudo y bien parecido” a quien no conocía, que estacionó su auto frente a la capilla y que vio cómo el pasajero salía del auto y apoyaba la mira de un rifle sobre la rueda trasera. Dijo que después escuchó un disparo y que el barbudo se subió otra vez al auto y que él lo llevó a un lugar seguro. Se cansaron de mostrarle fotos de barbudos bien parecidos, pero Garay no pudo identificar a su pasajero.

El juez incorporó el expediente del allanamiento a la causa del asesinato de Romero y en base a los datos de la agenda y el testimonio de Garay imputó a D’Aubisson como autor intelectual y a Saravia como autor operativo. Pero no acusó a nadie por la autoría material.

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D’Aubisson nunca fue procesado porque tenía fueros de diputado y murió de cáncer antes de que pudieran quitárselos. Saravia se había mudado a Modesto, California, donde contrató un abogado caro para pelear la extradición. En 1987 la Corte Suprema salvadoreña le dio la razón a Saravia y retiró el pedido de captura cursado a las autoridades estadounidenses. Según el Center for Justice and Accountability (CJA), una ONG estadounidense que sigue el caso desde hace varios años con el apoyo de la archidiócesis de San Salvador, el presidente de la Corte que retiró el pedido de extradición había sido el abogado de D’Aubisson durante el primer juicio. El caso Romero fue incluido en el informe de la Comisión de la Verdad publicado en 1993 y semanas después Saravia fue incluido en una ley de amnistía aprobaba por el Congreso salvadoreño.

Saravia vivió tranquilo por un tiempo. En 1996 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ordenó reabrir la investigación y resarcir a los deudos del arzobispo por la responsabilidad que le cupo al Estado salvadoreño en el asesinato. El gobierno tardó tres años en contestar y cuando lo hizo dijo que no reabriría el caso porque los responsables estaban cubiertos por la ley de amnistía.

En noviembre del 2004 una corte civil de California citó a Saravia a declarar sobre el asesinato en una causa abierta por el CJA en nombre de los familiares de Romero. El capitán nunca se presentó y la corte lo condenó en ausencia a pagar diez millones de dólares.

Desde entonces Saravia se encuentra prófugo pero da la impresión que la Justicia estadounidense no lo busca demasiado. En una entrevista con el Miami Herald desde la clandestinidad en el 2006, Saravia se negó a hablar del caso, salvo para decir que él no había sido el francotirador. Ofreció negociar su testimonio con las autoridades de su país y amenazó: “Si yo hablo, El Salvador tiembla”. No dejó más precisiones.

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“D’Aubisson era el principal nexo entre la dictadura salvadoreña y los represores argentinos”, dice al teléfono desde Maine el politólogo de Colby College, Ariel Armony, autor de Argentina, Estados Unidos y Cruzada Anticomunista en América Central 1977-1984 (UNQ, 1999), el libro de referencia sobre el tema.

“Los salvadoreños admiraban a los argentinos. No necesitaban que les enseñen a ser violentos, porque su historia está plagada de violencia. Lo que aprendían era cómo usar esa violencia de manera más efectiva. En Guatemala tiraban campesinos al mar desde aviones y helicópteros, algo nunca visto hasta la llegada de los argentinos.”

El propio D’Aubisson reconoció haber sido instruido por militares argentinos en El Salvador en una entrevista de 1983 con Laurie Becklund del Los Angeles Times: “Ellos (los argentinos) estuvieron acá un corto tiempo pero ese tiempo fue muy útil.
Transmitieron sus experiencias e informaron a nuestra gente para sugerirles que actúen de esta forma o de esta otra forma usando este sistema, cómo conseguir información y cómo analizarla”.

Según el testimonio secreto del represor Leandro “Lenny” Sánchez Riesse, ante un subcomité del Congreso de Estados Unidos, a partir de 1979 desembarcó en Centroamérica un “Grupo de Tareas Exterior (GTE)” del Batallón 601, la estructura de inteligencia del Ejército, al mando del coronel José Osvaldo “Balita” Riviero. Armony obtuvo una transcripción de ese testimonio a través de la ley de información pública. Otras investigaciones académicas y periodísticas aportaron más nombres y más pruebas de la presencia de represores argentinos en la región.

“Cuando ocurrió el asesinato de Romero el GTE se encontraba en su apogeo, ya que recién meses después, en 1981, en las últimas semanas del gobierno de James Carter, el gobierno estadounidense aprobó la primera operación encubierta de la CIA contra los sandinistas. Hasta entonces el trabajo sucio lo hacían los argentinos”, dice Armony.

Los cables desclasificados en 1993 indican que para la CIA los militares argentinos eran útiles, pero también difíciles de manejar. “Están dispuestos a todo. Sólo hace falta que les digamos lo que tienen que hacer”, dice uno. “En un buen día son parcos y malhumorados, en un mal día actúan por cuenta propia en contra de la política de nuestro gobierno”, dice otro.

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El año pasado la ex guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional ganó por primera vez las elecciones presidenciales en El Salvador. En el discurso del día del triunfo, el flamante presidente Mauricio Funes proclamó que seguiría el ideario de monseñor Romero. En el día de la asunción, horas antes de la ceremonia, Funes visitó la tumba del arzobispo en la catedral de San Salvador. La semana pasada repitió la visita con Lula.

Por eso, cuentan en El Salvador, el aniversario treinta de la muerte de Romero será como ningún otro, con importantes actos y ceremonias oficiales. Dicen que un gigantesco mural del arzobispo está siendo pintado en la entrada del aeropuerto internacional para recibir con su imagen a los visitantes que llegan al país.

En noviembre del año pasado la embajadora ante la OEA del gobierno de Funes anunció la reapertura de la causa por el asesinato de Romero en respuesta al pedido de la CIDH de 1986.

Mientras tanto, en la Argentina, la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa no ha recibido aún pedido alguno de información sobre el supuesto asesino Emilio Antonio Mendoza, dijo la directora de la secretaría, Ileana Arduino. La funcionaria aclaró que sí ha recibido otros pedidos de otros gobiernos sobre otros represores.

El tal Mendoza no figura con ese nombre en los archivos de la Conadep, ni en los del CELS, ni en los del Cemida, constató el periodista salvadoreño Valencia en el 2006. Este cronista pudo comprobar que tampoco hay datos sobre “Mendoza” en las distintas dependencias del gobierno que se ocupan del tema, ni en los listados de personal civil de Inteligencia del Batallón 601, recientemente desclasificados por decreto del gobierno de Cristina Kirchner, ni en la base de datos que publicó la revista Veintitrés con el personal que actuó en el 601 durante la dictadura. Allí figura un José Emilio Mendoza con categoría de “dactilógrafo”, pero este diario pudo averiguar que durante la dictadura estuvo destinado en Formosa.

No es fácil investigar la actividad de espías en el exterior en ningún país. El decreto firmado por Cristina Kirchner excluye actividades en el extranjero y la guerra de las Malvinas. Además, la colaboración desde Centroamérica ha sido exigua o nula. “Nosotros le escribimos muchas veces al gobierno sandinista preguntando por la actuación de militares argentinos en la época de la dictadura pero los nicaragüenses nunca nos dieron información y a veces ni siquiera nos contestaron”, precisa una fuente del gobierno.

Este mes se cumplen treinta años del asesinato de monseñor Romero, icono universal de la defensa de los derechos , y su asesino anda suelto. En este momento podría estar tomando una piña colada en Miami. O comiendo una pupusa de chicharrón en San Salvador. O, por qué no, caminando tranquilo por las callecitas de Buenos Aires.

Publicado en Página/12 el 7 de marzo de 2010

Ruido - Por Santiago O’Donnell


Cuando hay ruido un tema plomazo se pone interesante. Por ejemplo, hay ruido con las elecciones de la OEA, La OEA es la Organización de Estados Americanos, un organismo multilateral que agrupa a todos los países de las Américas, una especie de Naciones Unidas continental, pero sin el poder de fuego. Y hay ruido, No sólo por la fundación en Cancún (foto) esta semana de una institución paralela que excluye a Estados Unidos y Canadá, la por ahora llamada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, o CELC. Hay ruido porque los norteamericanos están inquietos. Bah, los norteamericanos. Para ser más precisos, los que están inquietos son los halcones especializados en la región que revolotean las oficinas pertinentes del Departamento de Estado. El tema es que esos eternos ex funcionarios de administraciones republicanas ya no están en el gobierno, pero parecen dictar las políticas hacia la región desde que impusieron la idea de avalar el golpe de Honduras. Entonces el ruido se escucha en todo el continente.+/- Ver mas...

Artículo del dinosaurio Roger Noriega en El Mercurio de Chile en contra de la reelección del secretario general de la OEA, el chileno Miguel Angel Insulza. Dice que Insulza incumplió su compromiso con Estados Unidos al levantar la suspensión de Cuba y permitir el deterioro de las democracias latinoamericanas. Informe negativo para la continuidad de Insulza del veterano Dick Lugar en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Críticas por la rápida expulsión de Honduras de la OEA después del golpe. Quejas porque Estados Unidos financia la mitad del presupuesto de la OEA y aun así no consigue imponer su voluntad. Dictamen negativo del mismo cuerpo parlamentario.

Las elecciones son el 24 de marzo y Estados Unidos ya le anticipó al socialista Insulza que no apoyará su continuidad en el cargo por otros cinco años. A esto hay que sumarle que los demás países de la región tampoco parecen muy conformes con el rumbo de la institución, y por eso acaban de fundar otra en Cancún, supuestamente para reemplazarla. Y sin embargo, a menos de un mes de las elecciones, Insulza es el único candidato.

Cerca de él cuentan que ya se ha asegurado el apoyo de todos los países miembro con la excepción de Estados Unidos. Esa lista va desde aliados otrora incondicionales de Washington, como Canadá y gobiernos de derecha como Colombia, México y Perú, hasta el bloque bolivariano. En el caso de Venezuela la fuente aclara “hasta ahora”, porque Caracas acaba de retirar a su representante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, un organismo autárquico que funciona bajo la esfera de la OEA, y Chávez acaba de decir en Cancún que la OEA no sirve para nada. Pero hasta ahora Insulza cuenta con su apoyo. Balanceando el rechazo de Washington con el ninguneo bolivariano, sin rivales a la vista, con mucho lobby, mucho café en despachos presidenciales, Insulza parece encaminarse a una reelección segura. Por eso es llamativo el nivel de ruido.

Que haya ruido en las elecciones de la OEA es noticia porque antes no había. Salvo en la anterior, la del 2005, cuando Insulza ganó por primera vez en la historia del organismo sin el apoyo de Estados Unidos. Primero derrotó al salvadoreño Francisco Flores, el candidato de Washington, y luego al mexicano Ernesto Derbez, el candidato “consensuado” con Washington, en sucesivas rondas de votaciones.

Antes no había ruido porque la OEA era un sello de goma de Washington que se activaba cada vez que Estados Unidos necesitaba legitimar una decisión importante en la región, ya sea invadir un país o boicotear a Cuba. Entre una y otra decisión la OEA funcionaba como una burocracia gris, con señores feudales a cargo de distintos proyectos, o sea, presupuestos que poco tenían que ver entre sí. Antes del 2005, en la secretaría política de la OEA, la oficina encargada de trazar las políticas del organismo, funcionaba un programa de dos millones de dólares para la inseminación artificial de ballenas.

Las elecciones para conducir la OEA sólo interesaban al cerrado círculo diplomático, ya que el cargo de secretario general sólo servía para recibir instrucciones de Foggy Bottom y para entrar a formar parte del circuito de cócteles de Connecti
cut Avenue.
En los últimos años la OEA ha tenido una presencia importante, con aciertos y errores, éxitos y fracasos, en los principales conflictos de la región: el intento de golpe en Bolivia, el bombardeo colombiano en Ecuador, la tensión entre Bogotá y Caracas y, por supuesto, el golpe en Honduras.

“El grupo Río tuvo una actuación muy destacada en el conflicto entre Ecuador y Venezuela, y todas sus resoluciones se fundamentaron en instrumentos legales de la OEA”, declaró hace poco Insulza en la CNN.

Precisamente el Grupo Río, reunido en Cancún, aprobó esta semana una resolución para dejar de ser un grupo itinerante de presidentes y convertirse en una institución con edificios, funcionarios y mecanismos de resolución. Así nació el CELC: para ser como la OEA, pero sin Estados Unidos y Canadá.

El funcionario encargado de la región del gobierno de Obama, Arturo Valenzuela, guarda silencio sobre la elección en la OEA, al menos en público, Pero le dedicó una ironía a la fundación del CELC. Dijo que le parece muy bien, que Estados Unidos no se opone, pero que las agendas presidenciales son limitadas. En otras palabras, la reciente proliferación de organismos multilaterales en la región –Grupo Río, Unasur, Mercosur, Caricom, CAN– no se ha traducido en un mayor grado de institucionalidad de los mecanismos regionales, ya que esos organismos básicamente siguen funcionando a través de reuniones cara a cara entre los presidentes.

Una cosa en fundar el CELC y otra cosa es reemplazar a la OEA. Hasta ahora ningún país ha manifestado la intención de retirarse del organismo con sede en Washington ni tampoco explicado de dónde va a salir el presupuesto del Celc. La OEA cuesta unos 160 millones de dólares por año. Tampoco hay unanimidad en la idea de reemplazar a la OEA. Algunos países como Perú y Costa Rica han hecho saber que prefieren que el Celc funcione como organismo paralelo.

Tampoco es seguro que los países del Celc puedan ponerse de acuerdo en los alcances del nuevo organismo. Lo que algunos interpretan como legítima intervención para suprimir actitudes golpistas, otros lo ven como injerencia indebida en los asuntos internos de un país. En la reunión fundacional, los presidentes de Colombia y Venezuela se cruzaron feo: “sea varón”, “vete al carajo”. Con ese clima es difícil trabajar.

Mientras tanto, por las dudas, está la OEA. Con sus aciertos y errores, fortalezas y debilidades, con la incómoda presencia de Estados Unidos, con su Carta Democrática que tanto cuesta imponer, con sus limitaciones.

Al principio de su mandato Insulza propuso una reforma para que representantes del Poder Legislativo y del Poder Judicial tuvieran acceso al plenario de embajadores, la instancia decisoria de la OEA. La idea sería que hoy en día, en algunos países, es el Poder Ejecutivo el que amenaza la continuidad democrática. Digamos Uribe en Colombia, por mencionar un ejemplo simpático. Abrir las puertas de la OEA a los Congresos y a las Cortes Supremas podría servir para aliviar tensiones y evitar finales indeseados, imaginó Insulza.

“Pero los mismos países que se quejan de que la OEA está dibujada son los que votaron en contra de la reforma con el argumento de que la OEA debe seguir siendo un organismo intergubernamental, entendiendo al gobierno como Po
der Ejecutivo”, dijo la fuente.
Esta semana Cristina Kirchner habló de la desilusión que resultó Obama para los países latinoamericanos y del quiebre que se produjo con el golpe de Honduras. Se podrá cuestionar la conveniencia de hacer esas declaraciones, pero no es fácil refutar su contenido. Quien más, quien menos, no pocos líderes de la región piensan lo que opinó la presidenta argentina. Para evitar que el malestar se profundice hay que apelar a los mecanismos de mediación.

Por eso está bueno que haya ruido en la OEA: porque es lo que hay,

Publicado en Página/12 el 28 de febrero de 2010

Fe de erratas y mucha opinión sobre Que se vayan todos (última entrada)

Muy bueno lo suyo,
Nota genial
Muchas gracias
Raul Nuñez+/- Ver mas...


RTA:mil gracias raul,
abz, s





Hola Santiago
Lei esta mañana tu columna. Sigues buscando cómo suavizar la enorme defraudación de Obama, a mi juicio. Aca te copio 2 cosas que lei hoy ayer. El Tea Party puede ser una furia estimulada con malas mañas por la derecha recalcitrante o forma parte de la confluencia de todas las decepciones con los politicos, estilo Obama, incluido. ¿Donde has visto que O. haya movido un solo dedo con medidas reales para recortar las escandalosas ganancias que los ejecutivos financieros obtuvieron en medio del rescate estatal (con plata pública) del año pasado? Hablo de eso en un discurso, y ahi se quedo, fue vaselina, para mandar mas gente a afganistan, u otras de sus monadas. ¿Lo del desarrollo de la energía limpia? Ese es un proyecto del nuevo complejo militar industrial, lo apoyo abiertamente hace unos dias bill, gates. Es el negocio de la supremasía militar industrial y tecnológica impuesta al mundo no desarrollado al que se el impedirá llegar a esas tecnologías, que se el cobraran royalties, para cumplir con las cuotas draconianas impuestas por la nueva derecha, que mañana será verde, si se da el caso. Aca te copio los 2 artículos, nada dicen de bueno de O, pero están ahi.

Yo he dejado de leer un poco las noticias porque repiten el mismo mensaje de caos inminente, nos situan en la misma impotencia, y manipulan con la misma impunidad siempre, siempre, siempre difundiendo el estado de inminente realidad (o sea el ajuste - de cuentas. que los poderosos piensan hacer en una -también inminente- cazería, con los otros, los débiles, los pobres, los de afuera del extra radio. Tal como se va escribiendo con mucha improvisación y nada de imaginación en las usinas de la yuppicracia: (ahi tendrían que investigar más los periodistas: quienes son "los mercados"¿¿?? ¿¿Como se puede seguir sus huellas, aunque se escondan en el anonimato?? Sus movidas, sus intersecciones, los sueldos que pagan, quienes movieron la serruchada de piso a Grecia, como seguir la huella para encontrar el comando táctico donde coordinan. ¿Còmo no se puede desenmascarar a los que agitan el caos y los derrumbes (aunque, Obama los nombro,por lo menos en parte, pero no los sancionó, ni con medio centavo). Si, todos lo sabemos, en Colombia y Mexico todas las instituciones acabaron atravesadas y chupadas por el narcotráfico, y si viene de alli, eso parece un escándalo. Si el narcotráafico pudo tanto con los estados, los partídos políticos, los jueces, es porque es un poder económico corruptor muy fuerte. Pero aun con esa fuerza, el narcotráfico, son niñitos de pecho al lado del poder que mueven las corporaciones ligadas a las finanzas, a la especulación, al chantaje institucional, a la corrupción generalizada, a la compra de los medios de difusión. ¿Como no iba a estar asi todo esto, si este poder, infinitamente más poderoso, más inescrupuloso (y sanguinario) que los narcotraficantes, campean con total impunidad delante de las cámaras y nadie muestra la similitud con los métodos de la mafia y nadie los señala, con nombre y apellidos, y fechas y datos, y un seguimiento pormenorizado de sus movimientos?

Bueno saludos

Aca te copio los 2 artículos, de ayer y de hoy:
John Yoo y Jay Bybee, los abogados del Departamento de Justicia que durante el mandato de George Bush autorizaron y justificaron el uso de la tortura, han sido exonerados por el actual equipo de Barack Obama que sólo les ha responsabilizado de tener "escaso criterio", sin imputarles una falta profesional grave.
Hace unos meses, la Oficina de Responsabilidad Profesional del Departamento de Justicia determinó que Yoo y Bybee habían incurrido en una falta de ética profesional y pidió que se estudiasen acciones penales contra los interrogadores de la CIA que usaron "técnicas" como la asfixia simulada de sospechosos de Al Qaeda. También criticó al entonces secretario de Justicia, John Ashcroft, y al director de la División Criminal, Michael Chertoff, por no haber analizado esas pautas ni reconocido sus profundos fallos.
Pero ante la controversia generada por los memorandos, el más alto abogado del Departamento de Justicia, David Margolis, revisó el asunto y concluyó que los abogados dieron un asesoramiento legal equivocado, sin más.
Según Margolis, Yoo y Bybee "mostraron escaso criterio al confiar demasiado en la certeza de sus conclusiones y desestimaron argumentos compensatorios".
La decisión pone punto final a una de las investigaciones más largas sobre la "guerra contra el terror" emprendida por Bush.
Indignación demócrata
El dictamen ha indignado al ala progresista del Partido Demócrata. El presidente de la Comisión Judicial del Senado, Patrick Leahy, dijo estar "profundamente ofendido" por los informes legales que autorizaron la tortura y anunció que citará a los dos abogados la semana que viene.
Los republicanos sostienen que los memorandos dieron a la CIA la autoridad necesaria para garantizar la seguridad de Estados Unidos durante los meses de pánico que siguieron a los ataques terroristas del 11-S.
Bybee, quien ahora es juez de un tribunal de apelaciones en Las Vegas, ha expresado ciertos remordimientos. Yoo, profesor de Derecho en la Universidad de Berkeley, en California, ninguno. Acaba de publicar un libro sobre su experiencia en la Administración de Bush, titulado Crisis y Mando.


El caos como cosa cotidiana - Por Immanuel Wallerstein *

Uno sabe que está viviendo una situación caótica cuando: 1) los principales medios se sorprenden constantemente por lo que ocurre; 2) las predicciones de corto plazo de los variados expertos van, de un modo radical, en diferentes direcciones y son expresadas con muchas reservas; 3) el establishment se atreve a decir cosas o utiliza palabras que antes eran tabú; 4) la gente ordinaria está asustada o enojada pero muy insegura de qué hacer. Esta es una buena descripción de los pasados dos años por todo el mundo, o al menos en la mayor parte del planeta.
Consideren las recientes enormes “sorpresas” –la elección de un senador republicano en Massachusetts; el colapso financiero en Dubai; la casi bancarrota de varios de los grandes estados dentro de Estados Unidos y de cuatro o cinco de los estados miembros de la Unión Europea; las severas fluctuaciones cambiarias en el mundo.
Estas “sorpresas” son comentadas a diario en la prensa internacional y por los principales líderes. No concuerdan en todo acerca de lo que ocurre, y menos aún acerca de lo que debería hacerse para mejorar la situación. Por ejemplo, he visto tan sólo dos declaraciones inteligentes acerca de los resultados electorales en Estados Unidos.
Una fue del mismo Barack Obama: “La misma cosa que propulsó a Scott Brown (republicano) al cargo, me propulsó a mí a la presidencia. La gente está enojada, y está frustrada”. Y la segunda aseveración fue de Charles M. Blow, editorialista afroestadounidense en el New York Times. Tituló su artículo “La ley de la calle”. En éste, dice: “Demos la bienvenida a la plebe: un electorado enojado, herido, enfurecido por la recesión, que marcha a la deriva por todo el espectro político, que continúa ansiando el cambio, alimentando su sed de sangre”. Primero eligieron a Obama; ahora lo rechazan. ¿Por qué? “La plebe es veleidosa.”
¿Qué estamos viendo en California, en Grecia, en la mayoría de los gobiernos del mundo? Las entradas del gobierno disminuyeron, primordialmente porque hay menos ingresos por impuestos, lo que a su vez está causado por el hecho de que en todas partes la gente consume menos por temor a que se les agote el dinero. Al mismo tiempo, precisamente porque el desempleo en el mundo es considerablemente mayor, suben las demandas de que haya gastos de los estados.
Así que los estados tienen menos dinero para cumplir demandas mayores. ¿Qué pueden hacer entonces? Pueden aumentar los impuestos. Pero los contribuyentes están poco propensos a aceptar que suban sus impuestos. Y los estados tienen miedo de que se vayan las empresas. Bueno, entonces, pueden cortar gastos –gastos actuales o futuros, como las pensiones–. Y después enfrentan el desasosiego popular, si no la revuelta popular.
Entretanto, el “mercado” reacciona. ¿Pero qué es este mercado que reacciona, por ejemplo, cambiando sus preferencias de divisa? Son las grandes corporaciones o las estructuras financieras, como los fondos de cobertura, las que manipulan el sistema financiero mundial a fin de obtener ganancias de muy corto plazo pero que sean significativas.
Como resultado, los gobiernos enfrentan opciones imposibles, y los individuos enfrentan opciones aún más imposibles. No pueden predecir lo que es probable que pase. Pueden ponerse todavía más frenéticos. Se desfogan siendo proteccionistas o xenófobos o demagogos. Pero, por supuesto, eso resuelve poco.
En este punto entra el más grande de los expertos mundiales, Thomas Friedman, para escribir una columna titulada “Nunca he escuchado eso antes”. ¿Qué es lo que nunca ha escuchado antes? Escuchó a gente que no es estadounidense hablar en Davos acerca de la “inestabilidad política” en Estados Unidos. El dice que según su experiencia anterior una frase así se usaba únicamente respecto de países como Rusia, Irán u Honduras. Imaginen eso. En realidad, la gente piensa que Estados Unidos es políticamente impredecible. Y Thomas Friedman nunca había oído eso antes.
Hay gente que ha estado escribiendo esto, explicando esto, por 40 años por lo menos, pero Thomas Friedman nunca ha escuchado eso antes. Esto es porque ha estado viviendo en un capullo autoconstruido, el del establishment político en Estados Unidos, y sus acólitos en otras partes. Las cosas deben andar realmente mal para que ellos reconozcan esta realidad básica. Estados Unidos está políticamente inestable –y es muy posible que se vuelva más inestable todavía, no menos, en los próximos 10 años–.
¿Es Europa más estable? Sólo un poco. ¿Es América latina más estable? Sólo un poco. ¿Es China más estable? Tal vez un poco, pero no hay garantía. Cuando un gigante se bambolea, muchas cosas pueden caer con él. Así que así es el caos cotidiano –una situación que no es predecible en el corto plazo, y mucho menos a mediano plazo–. Es entonces una situación en la que las fluctuaciones económicas, políticas y culturales son grandes y rápidas. Y eso provoca temor en casi toda la gente.

* De La Jornada de México. Especial para Página/12.
Traducción: Ramón Vera Herrera.

Mensaje de: tito de la vega


RTA:hola tito,

puedo estar equivocado,, pero tengo entendido que las regulaciones al mercado
financiero que impuso obama (tarde) el mes pasado son las mas estrictas desde la
gran depresion. por lo demas te doy la derecha ( o izquierda): tenes razon.
saludos,s






Santiago,

Muy buena tu columna en el Pagina de hoy pero cuidado con la historia: Hoover precedio a Franklin D. Roosevelt y fue el responsable de llevar a USA a la depresion. Truman y luego Eisenhower siguieron a FDR.

Por supuesto nada de eso cambia la medula de tu nota que es, como siempre, excelente.

Eduardo Cattani


RTA:hola maestro,

mil gracias tiene razon, eswcribi ese parrafo demasiado rapido y dememoria y puse mal la secuencia, confudiendo ahovver con truman.
disculpe el error y gracias por la aclaracion.







Hola Santiago, te reenvío este correo que no sé por qué me llegó a mí, dado que generalmente tu publicas tu e-mail en el diario.

Un abrazo

Gerardo Fernández
www.tierandoalmedio.blogspot
www.lablogueraradial.blogspot.com






Hola Gerardo

Sé que no tiene nada que ver con el tema de tu blog, pero sí con la actividad periodística, por eso pensé que te podía interesar.
Aquí te envío el link a una nota aparecida hoy en Página12:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-140722-2010-02-21.html

La nota se titula "Que se vayan todos", por Santiago O'Donnell

Esta nota tiene, desgraciadamente, un grueso error (cito textualmente):

"Tea Party. No gasten más. En el imaginario popular estadounidense son los demócratas los que gastan y los republicanos los que ahorran. Pero no es tan así. Al principio sí, pero ya no. Primero vino el “New Deal” del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar. Más tarde Lyndon Johnson y todo el empuje al movimiento de derechos civiles y sociales de los negros. Después Nixon para decir basta."

La verdad es que después de Franklin D. Roosevelt no vino Herbert Hoover. Fue exactamente al revés: Roosevelt vino después de Hoover.
Luego de Roosevelt vino Truman (su vice, el que tiró las bombas en Hiroshima y Nagasaki) y luego Eisenhower.
Es una lástima porque la nota es muy buena. Lástima este error.
Me da la sensación de que el periodista le hubiera preguntado a "alguien que sabe", y este o no sabía tanto o el periodista entendió a revés.
Y no chequeó!! Y eso se hace fácilmente por internet.
Te mando un pedazo de la lista de presidentes norteamericanos:


26) Theodore Roosevelt: 1901-1909
27) William H. Taft: 1909-1913
28) Woodrow Wilson: 1913-1921
29) Warren G. Harding: 1921-1923
30) Calvin Coolidge: 1923-1929
31) Herbert Hoover: 1929-1933
32) Franklin Roosevelt: 1933-1945
33) Harry S. Truman: 1945-1953
34) Dwight Eisenhower: 1953-1961
35) John F.Kennedy: 1961-1963
36) Lyndon Johnson: 1963-1969
37) Richard Nixon: 1969-1974

te comento que Pagina12 y El Argentino son los únicos diarios que leo, a los otros no los soporto.
Por eso me molesta más este error.

saludos,
Julio Jacobo






Sr. Santiago O'Donell

Antes de escribir sobre EEUU (o cualquier otro tema), siempre es conveniente documentarse.

Es que en su artículo "Que se vayan todos" (Página 12, 21/02/10) leo –asombrado– que: "Primero vino el 'New Deal' del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar."

Fue exactamente al revés: Herbert Clark Hoover fue presidente de EEUU de 1929 a 1933. Ese año fue sucedido por Franklin D. Roosevelt, que retuvo la presidencia hasta su muerte en 1945.

¡'Garrá lo libro, que no muerden!!!

Atte.

Roberto Ramírez


RTA:hola roberto,

tenes razon lo escribi de memoria y lo puse al reves. pero algun libro agarré
sino no podria contar la historia.

saludos s







Santi, siempre es un placer leer tus columnas y ojo que es una opinión objetiva. Lo importante es que además la escribe un amigo, abrzo, mery


RTA:gracias mery beso grande







Tu nota da una idea de la neurosis política, de la xenofobia y del fracaso de un lugar, fraccionado en pequeños estados que promueven; no una república, si, lo que se conoce como Unión de Estados. Esto tiene un posible significado: aquella confrontación entre el Norte y el sur, para abolir privilegios de la clase dominante y liberarse de la esclavitud, y entrados en la contradicción de esa historia de uniones; está que, el norte ganó la batalla, pero el Sur, sigue dominando la barbarie de la negociación, incluida la constitución estadounidense, birlada en una compleja individualidad de favores, a partir de los sucios negocios de guerra, donde las ganancias, se reparten entre los mandatarios de distintos rangos, excluyendo los díscolos, blancos o negros que se opongan a este juego por demás infantil. Hay persecuciones ideológicas, es inevitable que las halla, tanto dentro como por fuera de la política de estado, promovida desde el epicentro de ese estilo, de lo que estas castas llaman el "sistema". Cuando negros y blancos conviven de manera pacifica, pero en eterno vigilarse, uno y el otro, no seden, desde el lugar que ocupen en esta sociedad porque tiende que el sistema haga del blanco un esclavo y del negro un servidor de esa esclavitud. La economía estadounidense desde su creación, vive enquistada en la paranoia del uso de la fuerza bélica y no hay manera que tuerzan el rumbo ni con trabajo, ni al pagar de impuestos, solo les queda la agresión hacia si mismos o exportar esa agresión. al violar cualquier nación del mundo, desde el engaño, desde la mentira, y por todo y ante todo, usurpando y matando, sin importarles el costo de la vida propia y ajena. La decadencia de su American lifestyle está en promoción y a entrado a dañar la clase media llena de privilegios. En esta historia de cambios en el privilegio de la clase media, va a dar mucho que hablar. Si no detienen su parte bélica, la naturaleza del hombre en el mundo civilizado, sabe cuando decir, basta . Esta mi opinión con todo respeto ante tu buena conclusión en esta nota.
Saludos cordiales


RTA:muy bueno, muchas gracias.
s.






Estimado Santiago,



No es que “Primero vino el “New Deal” del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar.” Si no al revés, primero vino Hoover, 31 presidente de los EEUU y después vino Roosevelt, 32 presidente de los EEUU.
Otra cosa: “Después llegó Obama con su discurso de demócrata fiscalmente responsable, (…) y cada mes anuncia un nuevo paquetazo. Primero los rescates para salir de la crisis, después la reforma de salud, ahora quiere reconvertir la economía a energía limpia y ayudar a las Pymes.” Pero no sólo se rodeó de los responsables de la crisis y les dio ‘canilla libre’ para todos los dólares que pidieran sino el aumento del presupuesto militar a niveles superlativos, es decir, jamás vistos, la intensificación de la guerra en Afganistán, la ampliación de la guerra a Paquistán y Yemen, la promesa incumplida de cerrar Guantánamo y las cárceles secretas donde se sigue torturando.
Entonces no es únicamente que Obama sea un negro de mierda si no que es una verdadera obra maestra del gatopardismo que un negro llegue a la presidencia para ser más blanco que los que lo precedieron, con el beneficio aleatorio de llevar al desengaño irremediable al magnífico movimiento de bases que lo llevó a la casa donde ahora vive.

Emilio Ghergo


RTA:si es cierto fue al reves y muy bueno su comentario aunque noestoy tan segurode
que obama sea ahora distinto de lo que dijo ser.
saludos su estimado Santiago,






Buena interpretación, mala la expression que entendemos los argentinos…los argentinos, no el resto de los habitants del planeta. En mi casa al decir “negro de mierda”, cuando alguien hace algo capaz de ser criticado por ser contrario a las normas de convivencia, me reporta un gran problema. ?Por qué?, porque en Venezuela hay una enorme cantidad de negros, zambos, mulatos, y, aunque parezca mentira, blancos, además, en la familia de mi esposa, el jefe, la cabeza del grupo, su papa: es negro.
?Usted cree que sería possible disculparse o aclarar su expression escrita?. No olvide que en el mundo lo leeen.



Licenciado Jorge H. Barbich Duprat


RTA:disculpe. no quise ofender a nadie sino otdo lo contrario: denunciar que en estados uidos hay mucho odio racial hacia los negros.
sinceramente, s


RTA:Entiendo perfectamente lo que quiso decir, porque soy argentine y crecí oyendo esas y otras expresiones que para nosotros eran insultos sin mayor connotación, pero, no es así en otros países de América. Por menos que eso han hechado a periodistas de cadenas mediáticas en los Estados Unidos. No me refería a mi como persona en el ejercicio de las disculpas, sino, a aquellos que podrían leerlo en este mundo sin fornteras definidas para el capital mediático, y totalmente cerradas para el ser humano. Como periodista que soy, no estoy exento a cometer errores, a herir susceptibilidades. A todos nos pasa. Mi esposa que, también es periodista, durante muchos años correponsal del diario El Universal de Caracas en Maracaibo, ha utilizado Página 12 para realizar su tesis de maestría en el area de la sociosemiótica del discurso mediático referido a tres presidentes americanos: Kirchner, Uribe y Chávez. Ella conoce nuestra debilidad por ciertos sectores nacionales a los que calificamos alegremente cuando estamos enojados o cuando nos referimos o deseamos darle caracter a ellos o a lo que decimos, pero, estoy seguro que sería lastimada por una observación como la escrita en su articulo. Le doy las gracias por su gentil respuesta. Espero que pueda entender mi preocupación, como coterráneo, como periodista, como comunicador y como ser humano.

Licenciado Jorge H. Barbich Duprat


RTA:Licenciado,

gracias por su respuesta. pero siento que sigue sin entender lo que escribien mi articulo- habla de "errores" dicen que en eeuu echan periodistas por "menos que esos" y dice que "califico alegremente". para que se quede tranquilo conzco el mercado periodistico de ee.uu: trabaje cinco años en el los angeles times y cuatro en el washinton post" La frase "negro de mierda", así, encomillada, estaba claramente atribuida al pensamiento racista que subyace detras del movimiento tea party y a modo de denuncia y no por estar de acuerdo, y asi lo entendieron todos los lectores que me escribieron al mail salvo usted. pero entiendo lo que usted dice: la palabra "nigger" de uso común entre los afroamericanos, es prohibitiva en bovca de un blanco o latino. por eso le pedi disculpas si lo oendi. Pero no me malinterprete. no es lo mismo mostrar lo que piensa un racista dentro de un articulo que denuncia racismo, a que se me hay escapado una frase desafortunada por falta de sensibilidad-
saludos s


RTA:Entendí, amigo, entendí. Desde el primer día que oí en mi Beccar natal "negro de mierda". Disfrutaba las historias de los argentinos que trabajaban en Sud África o la de algunos jugadores de rugby cuando iba al Casi a ver presentaciones de Los Pumas...entendí, amigo.

Jorge H. Barbich Duprat

Que se vayan todos - Por Santiago O’Donnell


Tea Party. Que se vayan todos. Es la manera más fácil de entender este movimiento nuevo que barre las praderas de Estados Unidos, el Tea Party Movement. Hay crisis, la gente está enojada. Un diario todavía poderoso, el New York Times, tiene la ocurrencia de reproducir una encuesta. Uno de cada cuatro norteamericanos tiene una opinión favorable del movimiento Tea Party. Uno de cada tres opina bien de los demócratas y uno de cada dos, de los republicanos. Buena idea la del Times. Impacto inmediato. Ahora que la jauría de la cadena Fox los corre por derecha, los diarios tradicionales tienen que estar atentos a las movidas populistas.+/- Ver mas...

Pero en términos de capital político, el movimiento Tea Party no representa nada. La frase “tea party” en Estados Unidos es sinónimo de “rebelión fiscal”, pero nadie ha dejado de pagar sus impuestos. Los adherentes al movimiento dicen que están cansados de pagar y que quieren pagar menos, pero no dicen que no van a pagar más. No tienen líderes orgánicos, no tienen programa, no tienen estructura, ni siquiera salen a cacerolear. Desnudan la debilidad de los partidos políticos pero no se ofre
cen como alternativa.
Su actividad se limita a expresiones en foros de Internet y protestas públicas que se hacen en los feriados patrios (ver foto) y el día de cierre para las declaraciones de impuestos en los distintos estados. Su filosofía es algo inconsistente: quieren bajar la deuda pública pagando menos. Lo que se ignora no puede hacer mal: en otra encuesta, el 80 por ciento de los adherentes al movimiento dijeron no saber que el paquete de estímulo de Obama les había bajado los impuestos al 90 por ciento de los estadounidenses. Esas noticias no salen mucho en la Fox, la cadena que promueve descaradamente cada convocatoria de su movimiento.

Tienen, sí, referentes que se valen de la frase y del movimiento para hacer campaña en contra del gobierno. Hablan sencillo, critican a la burocracia de Washington y se quejan todo el tiempo de lo que gasta Obama. Como el melli D’Angeli, acusan al gobierno de ser un enchastre. La más importante es Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia en la última elección. Esa que contestó, cuando le preguntaron por los desafíos de la política exterior: “Tenemos a Rusia... ahí cerca...”, y no pudo agregar nada más.

Tea Party. Suena bien. La frase se refiere al acto fundacional de los Estados Unidos, el equivalente al Cabildo del 25 de Mayo. En 1773, los patriotas de Boston, cansados de pagar impuestos, se suben a un barco y vacían al mar un cargamento de té. Y Boston fue una fiesta, y vino la Guerra de la Independencia, y los padres fundadores plantaron bandera y escribieron la Constitución y Yankee doodle dandy. ¡Viva la patria!

Tea Party para poner al negro ése en su lugar. No es casualidad que el perfil del adherente medio sea blanco, pobre, poco educado, libertario o conservador. Las crisis económicas sacan a relucir el costado xenófobo y racista de las sociedades. Encima Estados Unidos viene de elegir a su primer presidente negro.

Si uno está cansado de verlo sonriendo por televisión, si le molestan los diseños africanos de la primera dama, si está harto de todas esas películas que salieron ahora con un negro haciendo de héroe, si está convencido de que los negros son todos chorros y por eso llenan las cárceles, y si encima lo echaron de su trabajo por la crisis pero imagina que fue por no pertenecer a una minoría protegida, entonces no puede decir “saquemos a patadas de la Casa Blanca a ese negro de mierda.” Lo podrían acusar de racista. Entonces dice “Tea Party” y se entiende igual.

Los negros no estuvieron en el Tea Party de Boston porque estaban en el sur cosechando tabaco y algodón para sus amos. Y nadie le hizo un Tea Party a Bush por llevar el déficit a cifras astronómicas ni por darles un megarrescate a los banqueros de Wall Street. En la Tea Party versión 2010, los negros vendrían a ser los sacos de té que el movimiento quiere tirar por la borda. Porque no es sólo Obama. Obama es la consecuencia de 20 años de Acción Afirmativa que el padre del populismo norteamericano, Ronald Reagan, tuvo a bien abolir en los ’80: las cuotas para las minorías en los empleos, el traslado forzoso de chicos negros pobres a las escuelas de blancos ricos, los fiscales federales enviados a Alabama para dificultar los linchamientos de los seguidores de Martin Luther King, los programas para obligar a los blancos a compartir con los negros el asiento del colectivo. Todo ese gasto en programas estatales para igualar las cosas, y ahora hay un negro en la Casa Blanca que sigue gastando los impuestos que todos tienen que pagar. Y encima rescata a los banqueros y a los dueños de las automotrices y ahora pide otro dineral para reformar el sistema de salud.

Tea Party. Kill the bill. La derecha no tiene muy buenas razones para oponerse a una legislación que bajaría la cuota de las prepagas y extendería la cobertura a más de veinte millones de personas que hoy no la tienen. Salvo que no es momento para grandes gastos porque hay crisis y la gente no quiere pagar más impuestos. Entonces se valen del movimiento para eludir el debate de ideas y gritan “Kill the Bill”, maten la ley de Obama, en los sitios web y las protestas del movimiento. Los legisladores demócratas se asustan. Se vienen las elecciones y no quieren ser víctimas del Tea Party. Bill sigue vivo, esperando el voto del Senado, demócratas y republicanos saben que es la gran batalla política del gobierno de Obama y que muy bien podría definir las próximas presidenciales. Por ahora los demócratas tendrían número si consiguieran ponerse de acuerdo, pero despues de las legislativas del 2011 el porotaje podría cambiar.

Tea Party. No gasten más. En el imaginario popular estadounidense son los demócratas los que gastan y los republicanos los que ahorran. Pero no es tan así. Al principio sí, pero ya no. Primero vino el “New Deal” del demócrata Franklin Roosevelt y sus recetas keynesianas para salir de la Gran Depresión. Después llegó Hoover, el fiscalista republicano, para llenar de agujeros al Estado de bienestar. Más tarde Lyndon Johnson y todo el empuje al movimiento de derechos civiles y sociales de los negros. Después Nixon para decir basta.

Todo cambió con la llegada los populistas de derecha y los demócratas autoproclamados “fiscalmente responsables”. Ahí se dio vuelta la tortilla. Primero vino la “Reagan Revolution” de los republicanos, que disparó el déficit con recortes de impuestos para las empresas y mucho gasto militar. Después llegó el ajuste del demócrata Clinton, que llegó al déficit cero desmembrando el programa espacial, encogiendo al Departamento de Estado y congelando la planta de empleados públicos. Después, con la “cultural revolution” de George W. Bush, volvió el déficit record con descuentos impositivos para los ricos, “vouchers” para escuelas, escudo antimisiles y guerra global.

Después llegó Obama con su discurso de demócrata fiscalmente responsable, pero también de Gran Transformador. Dice que va a terminar con el déficit en cinco o diez años, pero no dice cómo lo va a hacer y cada mes anuncia un nuevo paquetazo. Primero los rescates para salir de la crisis, después la reforma de salud, ahora quiere reconvertir la economía a energía limpia y ayudar a las Pymes. Todos objetivos atendibles, pero caros. Y la gente está asustada. Y algunos no le perdonan que sea negro. Y no le creen que va a cuidar el mango y que no va a subir los impuestos. Ya no les creen ni a los demócratas ni a los republicanos.

Entonces se juntan y gritan ¡Basta! ¡Tea Party! ¡Viva la patria! ¡Kill the bill! Como expresión política no quiere decir mucho, pero sirve para el desahogo. Y para apretar al Congreso para que no siga gastando. No porque piensen que el gasto estatal originó la crisis, sino porque piensan que no es la solución.

Sobre todo gritan ¡Tea Party! para complicarle la vida al negro Obama, que necesita dólares y leyes para hacer política. Que no haga nada, le gritan, que se vaya, que se vayan todos. Tea Party hasta que lleguen tiempos mejores.

Publicado en Página/12 el 21 de febrero de 2010

Dos cartas sobre Tenemos que hablar (última entrada)

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Guauu!! No puedo creer que por primera vez estemos de acuerdo....Muy
buena tu nota.
Gabriela Neuberger

RTA:aaay! esos elogios disfrazados de criticas ( o viceversa) me dan miedo!
gracias por escribir.






Hola Santiago
Ya a esta altura, en que de la palabra al hecho hay tanto trecho, me parece que vas cediendo, pero sos de los más tardios en reflejar ese inicio de desencantamiento que por otro lado para la mayoría ocurrió hace ya mucho. Cuando Obama traicionó una y otra vez con el asunto de la guerra, para empezar. Y ahora más asquerosa esa política intentando comprar a los talibanes, ex leprosos. Como con Saddam, o con Noriega, pero al revés. El mundo de la libertad de sobornar merodea, como siempre. Y ahora frente al tan mentado discurso se te olvida anotar (lo único concreto que hizo) que congeló todos los gastos públicos, excepto seguridad y militar. Miles y miles de aviones Predetor construyéndose para un mundo de paz. Además, si bien es cierto de que habló del impuesto a los banqueros, nada de eso se efectivizó, no se dio ningún paso concreto en eso, creo, no es asi? Acaso cumplió con alguna propuesta que tocara a los poderosos? Si acaso no fuera este otro verso, estaría un poco más de acuerdo con vos, lo miraria con un poco más de simpatía.
Saludos

Tito de la Vega


RTA:tito, yo lo vengo criticando desde la campaña. sino fijate "chicago" entre muchas otras columnas, lo que pasa es cierto tambien elogio lo bueno, aunque me parece que mucho gasto no está congelando mas alla de lo que dice, todas las semanas anuncia un paquete nuevo por fuera del freeze. de acuerdo con lo del talibam, la simpatia que me produce tiene que ver con los enemigos que enfrenta y la cultura dentro de la que se mueve, me parece que acá todo eso se subestima bastante.
saludos, y gracias por escribir

Tenemos que hablar - Por Santiago O’Donnell


Tenemos que hablar del discurso de Obama. El martes a la noche, en una sesión bicameral del Congreso, Obama pronunció el discurso que allá en Estados Unidos llaman del “Estado de la Unión”. Vendría a ser el equivalente a los discursos que el presidente o la presidenta dan acá todos los años para inaugurar las sesiones legislativas.

Obama había arrancado su mandato en la cima de la popularidad, pero tras un año por debajo de las expectativas, por decirlo suavemente, sus índices de aprobación están en caída libre y ya se acercan a los cuarenta puntos, un piso impensable doce meses atrás. Por eso estuvo bueno que reconociera que se equivocó.+/- Ver mas...

Dijo que su principal error fue haber perdido el contacto con la gente. Eso está claro. Por más que se haya pasado meses enteros recorriendo el país con sus foros ciudadanos sobre la reforma sanitaria, es evidente que perdió el contacto con la gente. Lo dicen todos los sondeos de opinión: él quería una cosa pero la gente pedía otra y por eso fue perdiendo popularidad.

El quería, claro, reformar el sistema de salud. Por eso se la pasó viajando y hablando del tema. Para darle cobertura al menos a buena parte de los 42 millones de estadounidenses que no la tienen y para mejorar la cobertura que reciben los demás. Esa había sido la principal promesa de su campaña.

Bah, ha sido la principal promesa de campaña de todos los candidatos y precandidatos demócratas del último siglo, pero ninguno de ellos había podido cumplirla. Obama quería romper esa racha y entrar en la historia por la puerta grande.

Una apuesta ambiciosa, una batalla durísima. Nada menos que los nenes de la industria del seguro y la industria farmacéutica, más la burocracia estatal, la industria del juicio, la corporación médica y los dueños de los hospitales privados.

Pensó que había que golpear de entrada, en plena luna de miel, con viento de cola y mayorías amplias en las dos cámaras del Capitolio. Y decidió que a la reforma la vendería él, por lejos el personaje más popular de su gobierno, que la reforma sería él.

Y se equivocó porque la gente no quería hacer historia, quería llegar a fin de mes. Quería que se dejara de joder con los grandes temas internacionales como las guerras y el medio ambiente, con el show off de dirigir personalmente la operación de rescate del capitán secuestrado por piratas somalíes en la otra punta del mundo.

Que se deje de joder. Todo el día discutiendo con la oposición republicana y los lobbies de los gigantes del sistema de salud, como si fuera la madre de todas las batallas. Mientras tanto ellos tenían que soportar la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

Querían que bajara el desempleo pero el desempleo no bajó, querían que cambiara la economía pero la economía no cambió.

Porque Obama estaba en otra cosa y porque no quiso abrir otro frente con los nenes de Wall Street. Entonces les dio un megarrescate y los dejó tranquilos y ellos hicieron lo que saben hacer cuando los dejan tranquilos: record de ganancias en la Bolsa, bonificaciones estratosféricas, cero regulación, cero reforma, cero derrame hacia la economía real. Derivativos, banca off shore, bonos basura, carteras tóxicas, paraísos fiscales. Más de lo mismo pero con algunos agravantes. Más de lo mismo pero en medio de una terrible crisis que ellos mismos generaron. Más de lo mismo pero con fondos públicos. Fumando la guita del megarrescate.

El martes Obama reconoció que el megarrescate había sido “tan popular como un tratamiento de conducto en una muela”. Horas antes había sacudido el ambiente al imponer las regulaciones más estrictas que había conocido Wall Street desde los tiempos de Roosevelt. Algo es algo.

Ahora dice que va a ocuparse de la gente y de sus problemas. Dice que la reforma de salud tiene que salir, pero ya no es la prioridad. Admite que el mundo sigue existiendo, pero sólo le dedicó nueve minutos en un discurso de hora y media.

En cambio de economía habló largo y tendido. Propuso una reducción de impuestos para los dueños de las pymes y un paquete para reconvertir empresas al uso de energía no contaminante. Hasta tren bala propuso. Claro, para un país de primer mundo. Y prometió mucha obra pública. A financiarse con los millones que les prestaron a los bancos. Que devuelvan la guita, desafió Obama, ya que tan bien les fue el año pasado, a juzgar por las grandes bonificaciones que se repartieron.

Porque aunque lo acusen de populista, la pulseada con Wall Street, con los lobbies y con la burocracia de Washington recién empieza, dijo el presidente. “Acabo de terminar el discurso del Estado de la Unión y quería mandarles unas líneas para que sepan que no me daré por vencido”, escribió en el Facebook.

O sea, se nota un cambio, al menos en la retórica. Se nota la intención de hacer, o al menos decir, lo que le pide la gente. Cuando le pegó a Wall Street el martes, aplaudieron hasta los legisladores republicanos, que no son ningunos tontos.

Y porque no son tontos hicieron todo lo posible para frenarle la reforma de salud a Obama, para forzarlo a perder el tiempo peleando contra ellos mientras se estira el desenlace y se desgasta la imagen presidencial porque la gente prefiere que ponga sus energías en otro lugar.

La reforma ya tiene media sanción, pero hace dos semanas los republicanos ganaron una elección en Massachusetts por la banca de Teddy Kennedy que les quitó a los demócratas la “supermayoría” en el Senado. El ganador, Scott Brown, había nacionalizado la campaña, pero Obama podría haberse hecho el distraído. Sin embargo, el presidente reconoció el martes que el derrotado había sido él, y que la derrota había sido “merecida”.

Porque la gente allá en Estados Unidos no quería que los políticos se pelearan todo el tiempo. Quería que se pusieran de acuerdo en alguna cosa y que hicieran algo, y si sirve para mejorar la economía y combatir el desempleo, tanto mejor.

El martes Obama habló de la herencia recibida y del obstruccionismo sistemático de la oposición. Pero en vez de echarles la culpa a los demás se hizo cargo –perdí el contacto, merecí perder– y llamó al diálogo, o más bien al cogobierno: “A los líderes republicanos que van a insistir en que 60 votos en el Senado son necesarios para hacer cualquier cosa en esta ciudad –una supermayoría– entonces la responsabilidad de gobernar ahora es de ustedes también. Decirle no a todo podrá ser buena política en el corto plazo, pero no es liderar”.

A veces es bastante obvio lo que pide la gente, pero los presidentes, sumidos en sus entornos, no siempre lo entienden. El martes Obama dio señales de entender.

“No es que yo crea que la prioridad de los estadounidenses sea asegurarse sus empleos –arrancó diciendo–. La prioridad de los estadounidenses es asegurarse sus empleos.” Era el reconocimiento que todos los estadounidenses querían escuchar.

No es que Obama se merezca el aplauso por reconocer sus errores y decir que va a pegar un golpe de timón. Es lo menos que puede esperarse de un presidente después de un año entre malo y desastroso. Aun así, del dicho al hecho hay todo un trecho y, más que palabras, lo que exigen los estadounidenses son acciones concretas que arrojen resultados palpables.

Tampoco hace falta coincidir con las prioridades de la opinión pública norteamericana. A uno le gustaría que Obama se ocupara un poco más de las chanchadas que dejó Bush por el mundo, pero se puede entender que allá las urgencias sean otras.

Por eso tenemos que hablar del discurso. Porque cuando a un presidente las mediciones le dan mal, no un día o una semana porque tomó una medida necesaria pero impopular, sino varios meses de deterioro progresivo, entonces es que algo no funciona.

Cuando eso pasa está bueno que la persona aludida por lo menos reconozca que algo se está haciendo mal, que se comprometa a escuchar más a la gente y que se dé cuenta de que algunas cosas tienen que cambiar.

Publicado en Página/12 el 31 de enero de 2010

Puñales - Por Santiago O’Donnell


Es verdad, Chile dio al mundo un ejemplo de transparencia y convivencia política en las elecciones del domingo pasado. Pero cuando se apagaron las cámaras empezó un festival de puñaladas en la espalda entre los líderes de la Concertación. No bien Eduardo Frei había terminado de admitir su derrota, el ex presidente Ricardo Lagos dio inicio a las hostilidades al tomar el micrófono para decir que el pueblo chileno había hablado y había que dar paso a la nueva generación. El discurso no le cayó nada bien a Frei y al eterno presidente del partido socialista, Camilo Escalona, ni a la presidenta Michelle Bachelet, que fue la principal sostenedora de Escalona contra los embates del ex socialista Marco Enríquez-Ominami durante la campaña presidencial. Lagos es el referente del PPD, uno de los partidos chicos de la Concertación, junto con el Partido Radical. Y en las filas del PPD se alistan dos de las principales figuras de la “nueva generación”, la jefa de la campaña Carolina Tohá y el senador Ricardo Lagos Weber, hijo del ex presidente.+/- Ver mas...

Esa noche se sumó a la refriega el presidente del partido demócrata cristiano, Juan Carlos Latorre, el partido de Frei, que culpó por la derrota a su principal socio en la Concertación, el Partido Socialista. Latorre dijo que las candidaturas de los ex socialistas Jorge Arrate por el Partido Comunista y Marco Enríquez-Ominami como independiente, habían dividido el voto de la Concertación en favor del ahora presidente electo Sebastián Piñera, el candidato de la derecha unificada. Como que los socialistas no habían podido contener a sus propios cuadros y disciplinarlos detrás del candidato consensuado por todos los partidos de la Concertación.

La evaluación de Latorre estaba cargada de cinismo. Es cierto, el Partido Socialista no había podido contener a Arrate y a Enríquez-Ominami, justamente por no permitirles presentarse en una elección primaria contra Frei, el candidato demócrata cristiano, para dirimir la candidatura de la Concertación. Y no los dejaron presentarse precisamente para evitar una fractura en la Democracia Cristiana, que venía muy golpeada después de perder dos internas consecutivas contra candidatos socialistas. Si ganaban la interna otra vez los socialistas, el miedo era que la mitad de la Democracia Cristiana se mudara a la coalición de la derecha.

Después saltó a la refriega José Antonio Gómez, ex presidente del Partido Radical, el otro partido chico de la Concertación. Gómez dijo que la culpa la tenían los jefes de la Democracia Cristiana, el socialismo y el PPD porque aceptaron que el candidato se elija a dedo. Los radicales, en cambio, se habían opuesto y habían conseguido una “preprimaria” en la que su candidato había sido fácilmente derrotado. La “autocrítica” de Gómez era no haber luchado lo suficiente por sus ideas. Cuando renunció a la presidencia de su partido en plena campaña de ballottage, con la esperanza de que los demás presidentes lo imitaran para dar paso a la tan reclamada “renovación”, sólo lo siguió Pepe Auth, presidente del PPD. En cambio, los dinosaurios Escalona y Latorre, los de los partidos grandes, los que realmente importaban, se atornillaron a sus sillones y siguieron ahí, como un lastre, durante toda la campaña. Hasta el día de ayer, cuando finalmente renunciaron (a Latorre la DC le rechazó la dimisión)..

A las críticas de Gómez se sumaron las del presidente interino que lo había reemplazado, Fernando Meza, quien le apuntó los cañones directamente a la presidenta Bachelet y su ministro de Economía Andrés Velazco, las figuras políticas con el más alto índice de aprobación de Chile. Según Meza, Bachelet tardó demasiado en alinearse detrás de Frei y Velasco tendría que haberles aumentado el sueldo a los maestros en vez de ahorrar tanto y dejarle a Piñera el aumento servido en bandeja.

Acto seguido el diputado Meza tuvo la delicadeza de pactar un acuerdo parlamentario con la derecha a espaldas de los popes de la Concertación, ganándose el mote de “traidor” de toda la Concertación. El escándalo obligó a Meza a renunciar a su cargo partidario y abortó el acuerdo para rotar la presidencia de la Cámara Baja entre los radicales y los partidos de la coalición de la derecha.

Todos esos reproches y pases de facturas demuestran la dificultad para absorber una derrota que a todas luces fue autoinflingida. Los chilenos estaban más que conformes con las políticas públicas de los gobiernos de la Concertación, con el manejo de la economía. Perdieron porque los cuatro presidentes de los partidos, cuatro iluminados, decidieron elegir el candidato de la Concertación en vez de dejar esa elección en manos de la gente, por temor a que la gente se equivocara. Y se equivocaron ellos porque eligieron un candidato “fome”, como dicen los chilenos, para colmo una figurita repetida. A los chilenos no les gustó el candidato y tampoco la forma en que lo eligieron, y no lo votaron. Encima los excluidos se presentaron por afuera y sus críticas a la Concertación fueron capitalizadas por la derecha en la segunda vuelta. Es cierto lo que dice Atilio Boron que al parecerse tanto Frei a Piñera fue más fácil para los votantes pegar el salto, pero no fue la ideología el causal de la derrota. Es más, los votantes de izquierda, los que más podrían disentir con el perfil socialdemócrata de Frei, fueron sus votantes más fieles. Los que se fueron, liberales, independientes, centristas, lo que sea, se fueron no por ideología sino por desacuerdos con una cultura política que consideran anquilosada y anticuada.

Piñera no tuvo que hacer demasiado, más allá de despegarse del legado de Pinochet, unificar a la tropa detrás de su candidatura, repetir la palabra “cambio” cada vez que abría la boca y hacer la plancha mientras la Concertación se enredaba en sus propias telarañas. Piñera no era un candidato invencible ni mucho menos. Ya había perdido en la elección anterior contra Bachelet por un margen importante. Y encima viene a representar al neoliberalismo en plena crisis del neoliberalismo ante un electorado que venía votando centroizquierda desde que le devolvieron el voto. Su encanto radica en que es el más argentino de los candidatos chilenos. En una sociedad ordenada y estructurada por demás, Piñera es el vivo, el piola, el tipo que se hace millonario con un negocio que no se le ocurrió a nadie, que juega siempre al límite de lo legal, que se come multas por usar información privilegiada en la compraventa de acciones. Un tipo que toda la vida se dedicó a la especulación, tanto política como financiera, y que se vende como emprendedor. Un díscolo, un rebelde entre los políticos de la derecha, que se da el lujo de diferenciarse en temas progre como el matrimonio gay porque es dueño de medio país y tiene plata para armar equipos de campaña y controla medios de comunicación y es el dueño de Colo Colo. Un tipo con algunas cualidades que muchos chilenos admiran, pero al que nadie considera un estadista o una autoridad moral. No lo votaron por sus ideas. Ya intentó meter mano en Codelco, la minera estatal, con una modesta inyección de capital privado, pero se chocó contra una pared. Ya tuvo que prometer que no va a tocar la red social que armó la Concertación. Ya tuvo que reconocer que Bachelet hizo una gestión “excelente” y que él no se va a apartar mucho de esa línea.

Entonces es más difícil digerir la derrota y por eso los puñales están a la orden del día. Todo muy lindo con el traspaso ejemplar. Pero la derrota de la Concertación, cuando tenía todo para ganar, dejó otro mensaje para el mundo y sobre todo para sus vecinos.

Porque el problema no estuvo en la ideología, ni en la economía, ni en la gestión.

Parafraseando a Bill Clinton: es la participación, estúpido.

Publicado en Página/12 el 24 de enero de 2010

Sobre las eleciones en Chile (ver última entrada)

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Si bien Carolina Tohá es una de las figuras más promisorias de la Concertación, el consenso en Chile es que ha sido Andrés Velasco el Ministro más exitoso del gobierno de la Pdta. Bachelet

Sólo eso
Saludos Caterina Colombo


RTA:Es cierto gracias!!


RTA:De nada! Como chilena agradezco que seas el único de tu diario que te tomes la molestia de informarte antes de escribir los artículos.
Saludos






Por favor DEJEN DE CITAR A NAVIA?.... Quién es Navia? No reepresenta a nadie y
sus análisis perdieron valor... los chilenos somos gente inteligente... por
favor no le den mas cabida a un tipo como ese...

Gracias!

El pueblo no es moneda - Por Santiago O’Donnell Desde Santiago


A pocas horas del voto, la única certeza es que será una elección histórica.

Si gana la Alianza entre los partidos de derecha y centroderecha, la elección será histórica por quién ganó. Será la primera vez que esa fuerza gane una presidencial tras cuatro intentos fallidos desde el fin de la dictadura en 1990. Su triunfo completaría la transición democrática al cumplirse con el principio de alternancia en el poder.

Si gana la Concertación de centroizquierda, será una elección histórica por cómo se ganó. Su candidato Eduardo Frei había perdido por catorce puntos en la primera vuelta el mes pasado, pero desde entonces viene en remontada y en los últimos días se ha puesto casi a la par del aliancista Sebastián Piñera. Entre los seguidores de Frei ya se habla de Maracanazo.+/- Ver mas...

Será histórica por donde se la mire y sin embargo lo que llama la atención es la tranquilidad en las calles, en la gente, como si fuera un fin de semana más. Nadie se manifiesta, nadie se moviliza, ni hablar de cortar una calle. La crisis de Haití domina los noticieros y las tapas de los diarios.

Piñera desayunó con un grupo de jubilados en una comuna, después jugó un fulbito con sus colaboradores y después visitó un parque. Aunque la veda prohíbe pedir el voto, no dice nada sobre mostrarse ante el periodismo y tratar de parecer simpático y así juntar un último puñado de votos.

Frei, como es su costumbre, no se mostró en publico el día antes de las elecciones.

En los comandos de las dos campañas reinaba el optimismo, pero nadie se animaba a festejar por adelantado. Había nervios, expectativas, entusiasmo, ganas de opinar, ganas de debatir, pero nadie hablaba con pasión de su candidato.

El comando Piñera está en una casa con jardín de la calle Apoquindo, en el distrito financiero, a cuarenta metros del rascacielos donde están basadas las empresas del candidato. El comando Piñera se parece a una empresa de computación, decenas de jóvenes enchufados a sus computadoras, que cada tanto se convocan a reuniones y cierran las puertas, cada cual haciendo su trabajo: prensa, fiscales de mesa, voluntarios, atención a los votantes, grupo juvenil. Todo muy serio, muy rápido, muy profesional, pero a la vez informal. Muy moderno. Al candidato todos le dicen “Sebastián”.

Meilín León, 28, del departamento de prensa, dice que están trabajando muy bien, que van adelante por tres o cuatro puntos, que hay que acabar con el “cuoteo” de la Concertación (el reparto de cargos para mantener el equilibrio entre los partidos de la alianza gobernante), que Sebastián va a convocar a los más capacitados porque sabe armar equipos, que Sebastián es muy simpático pero también muy exigente, hasta obsesivo con el trabajo. Dijo que la Concertación hizo muy bien en crear una red social para los pobres y que Piñera va a ampliar esa red para que alcance a la clase media.

Leonardo Montenegro, 42, coordinador de voluntarios, dijo que Piñera siempre pasa por el comando para compartir un sandwich y dar aliento, que no faltó ni en Navidad ni en las fiestas patrias. “Se viene un cambio”, se entusiasma. “La Concertación no se la ha jugado con la educación, no se la ha jugado con la salud. Sebastián va a solucionar esos problemas.”

En estos días Piñera ha estado muy preocupado con la organización de los fiscales de mesa, a quienes considera fundamentales porque la elección va a ser muy peleada.

“Somos las estrellas del comando, nos da mucha atención”, cuenta Mirko Makari, 19, uno de los coordinadores de los fiscales de mesa. Nos dice “que va a estar muy difícil, que hay que tener mucho cuidado. Que nos preparemos para el lunes porque puede haber recuento”. Cuando se le pregunta si no le preocupa el repunte de Frei en las encuestas a partir de las declaraciones de Piñera sobre el pinochetismo, Makari contesta levemente irritado: “¿Por qué no hablan de los derechos humanos en Cuba?”.

El comando de la calle Apoquindo también alberga militantes del partido derechista UDI, aliado de Piñera, como Gerardo Ureta, 27, abogado, coordinador de equipos juvenil. “Los derechos humanos están mucho peor ahora que en los tiempos de la dictadura”, asegura muy convencido. “Hay casos peores de pobreza, de inseguridad, pero nadie defiende esos derechos humanos.”

El comando Frei está en una casa pintada de azul en la calle Bilbao, distrito de Providencia, cerca del centro de la ciudad. Ayer había menos gente que en el de Piñera, ya que los coordinadores de mesa trabajan en otro lado y parte de las operaciones ya se habían trasladado al hotel Plaza San Fransisco, donde el candidato esperará los resultados hoy.

El comando de Bilbao parece un local partidario. Aunque debieron remover los carteles y las fotos del candidato por la veda partidaria, en los muebles gastados, en las paredes recién peladas se respira cierta mística. Todos llaman al candidato “Don Eduardo”.

“En los últimos días el entusiasmo se siente”, dice Flor Cerro, 35, jefa administrativa de la casa de campaña. “Se han sumado hartos voluntarios. Después de la segunda vuelta las fuerzas se unieron, cambiaron algunas caras y todo empezó a funcionar mejor.” Como todos en el comando, Cerro habla maravillas de la nueva jefa de campaña Carolina Tohá y los nuevos voceros Claudio Orrego y Ricardo Lagos. “Caro está muy enfocada, es muy rápida y hace que todos marchen a su ritmo”, dice Cerro. De Frei destaca su seriedad y responsabilidad. “En los últimos días la gente se dio cuenta de que a don Eduardo las palabras le salen de adentro, le salen del alma, no está guionado como el otro candidato.”

Ayer daba las órdenes en el comando un hombre íntimamente ligado a Frei, Camilo Muñoz, 54, mayordomo del candidato desde hace 16 años. Cuando Frei anda en campaña, el mayordomo se traslada al comando. “Acá soy un asesor, hago un poco de todo, manejo cosas, entrego propaganda”, dice. No quiere contar intimidades de Frei. “Por eso soy su mayordomo: porque no cuento cosas. De don Eduardo sólo puedo decir que un buen jefe hace un buen ayudante”, agrega sonriente. Al rato confiesa una debilidad de su jefe: “Le encantan los dulces. Su postre preferido es el suspiro limeño”.

¿Y cuáles son las palabras más memorables que recuerda de su jefe? Piensa un largo rato y al final contesta: “Fue cuando me dijo, hace once años, ‘Tú estarás a mis órdenes mientras tú quieras’. Pasaron los años y aquí me ves”.

Esta noche se sabrá si el electorado le es igualmente fiel a Frei y al proyecto que representa, que en 20 años acumula logros y también algunos fracasos y tareas postergadas, y que esta elección sorprende en medio de una crisis, en medio de una transición.

“Don Eduardo se preocupa por el pueblo”, dice su mayordomo. “Piñera puede que sea bueno para los negocios, pero el pueblo no es moneda.”

Publicado en Página/12 el 17 de enero de 2010

Verdugo minucioso - sobre Yemen, shit (última entrada)

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Sr. Santiago O´Donnell
Su artículo "Yemen, shit" no sólo operó como un verdugo minucioso sobre mi ya fuerte desaliento con respecto a la supervivencia del planeta sino que me produjo simultáneamente el culposo placer de una película que convierte la desesperación en un deslumbrante objeto narrativo.
Siempre lo leo en Página pero es la primera vez que cometo cholulaje.
Que podamos seguir valorando la lucidez, el placer, la empatía y el coraje (o el deseo de todo eso)
JUDITH SZAPIRO


RTA:hola judith mil gracias por el mensaje tan lindo y tan bien escrito.
saludos, s.





Sr Santiago O'Donnell: (Irlandes?)

Permitame que lo felicite desde el Pais de Gales, por su inteligente nota en Pagina 12 titulada: Yemen-shit.

EUGENIO RENE GRIFFITHS (actor, escritor y musico)


RTA:muchas gracias!

Yemen, shit - Por Santiago O'Donnell



Sería un error pensar que el mundo cambió porque un joven millonario nigeriano educado en Londres quiso detonar un explosivo plástico en un avión cargado de pasajeros que aterrizaba en Detroit el día de Navidad, pero falló porque se hizo pis encima y mojó el dispositivo.

La Guerra contra el Terrorismo declarada por George W. Bush y continuada por Barack Obama está cerca de cumplir diez años. No es una guerra que se lleva a cabo solamente en Irak, Afganistán o en los aeropuertos estadounidenses, y que ahora se extiende a un pequeño y empobrecido país árabe llamado Yemen. Es una guerra que se pelea en cada país donde existe un gobierno o una insurgencia islamista. En Somalia, en Palestina, en Indonesia, en Pakistán, en Líbano, en Argelia, en Chechenia. Y también en las potencias occidentales, cuyos habitantes son blancos cada vez más frecuentes de atentados, ya sea en territorio propio como en las embajadas, discotecas y hoteles de lujo de sus antiguos enclaves coloniales.+/- Ver mas...

Más allá del valor estratégico de cada escenario y de los intereses económicos que siempre pesan, se trata de una guerra de raíz cultural, un choque de civilizaciones, diría Huntington, que se expande por todo el mundo. Esto es, con la notable excepción de América latina, al menos desde el ataque a la AMIA a esta parte, atentado cuyo móvil está aún muy lejos de esclarecerse.

Fracasadas las grandes iniciativas globales que se intentaron el año pasado, desde el acuerdo comercial en Doha hasta el tratado medioambiental en Copenhague, pasando por un acuerdo de paz en Medio Oriente que murió antes de nacer, el 2010 comienza con Estados Unidos otra vez en pie de guerra. Toda la semana se habló de reuniones, discursos, traslados, visitas, estrategias e iniciativas vinculadas a la amenaza terrorista proveniente de Yemen, país donde habría conseguido los explosivos el incontinente nigeriano.

Yemen es la única república de la Península Arábiga y el país más pobre de la región. En el 2007 el nivel de desempleo alcanzaba el 40 por ciento. Es un país que cuenta con un gobierno central débil, con fama de corrupto, apoyado por Estados Unidos, cuyo dominio no se extiende mucho más allá de la capital, rodeado por organizaciones tribales que en conjunto ejercen el control territorial sobre gran parte del país. En su interior cuenta con zonas montañosas donde los insurgentes pueden esconderse, y figura bien arriba en el ranking mundial de atentados terroristas sufridos en los últimos años.

Muchos de sus jefes tribales son musulmanes conservadores que tienen influencia sobre el liderazgo de las fuerzas armadas yemenitas, y que ven con desconfianza cualquier acercamiento de su gobierno con Washington. Con esos líderes religiosos musulmanes y a través del ejército yemenita musulmán, los espías de Occidente deben negociar permisos de captura para perseguir a los jefes musulmanes de Al Qaida en las montañas.

Todos los días los yemenitas ven pasar por el estrecho de Aden los buques cargados de petróleo de sus vecinos ricos gobernados por monarquías que nunca ofenden el espíritu democrático y republicano de los sucesivos habitantes de la Casa Blanca.

Hasta que un día un nigeriano se hace pis encima y apaga una mecha pero enciende otra. En medio de todo el circo mediático, militares, espías, abogados, armas y decenas de millones de dólares provenientes de Estados Unidos y su aliado incondicional, Reino Unido, desembarcaron esta semana en Saná, la capital yemenita. El súbito interés no conmovió al gobierno yemenita, sino que lo puso a la defensiva.

El canciller de ese país se apuró en decir que no quiere tropas de combate extranjeras. “Estoy seguro de que las experiencias de Occidente en Irak, Afganistán y Pakistán serán muy útiles para aprender que la intervención directa complica las cosas”, se permitió aconsejar Abu Bakr al Qirb, dirigiéndose a todo un hemisferio, atento a la dimensión global de lo que se juega en su pequeño país.

El diplomático árabe pareció entender mejor que nadie que las principales víctimas de la Guerra contra el Terrorismo son los países gobernados por musulmanes moderados, que deben elevar sus niveles de represión interna para satisfacer las expectativas de los cruzados. Esa represión les quita legitimidad, por lo que se vuelven aún más dependientes del apoyo de Occidente para mantenerse en el poder. Lo cual a su vez genera más apoyo para la insurgencia.

En Irak. En Afganistán. En Pakistán. En Jordania, Cisjordania, Egipto, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos. En el cuerno de Africa. Una guerra que a medida que se expande dificulta cualquier acuerdo con Siria, Irán y la Autoridad Palestina, tensa la cuerda en Cachemira y moviliza el fervor islamista en el Borneo y el Magreb, propagando a lo ancho del planeta la violencia que surge de la dialéctica terrorista-contraterrorista.

Mientras tanto Estados Unidos y Europa se aíslan y se encierran, presas de una xenofobia obsesiva y paranoide que arrasa con los derechos y libertades que dieron vida a los textos fundacionales de saus democracias liberales. Así generan contradicciones difíciles de explicar, que a su vez alimentan más actos de terrorismo contra un orden que desde muchos rincones del mundo aparece cada vez más como hipócrita, sanguinario y explotador.

¿Y dónde está Bin Laden? Resulta casi imposible creer que este multimillonario líder de la red terrorista más sofisticada y global de la historia no tenga acceso a un teléfono celular para sacarse una foto, subirla a Internet y hacer temblar al mundo. Desde hace ya largos años que sólo aparece en audios cuya veracidad certifican supuestos expertos de la CIA, los primeros interesados en mantener viva la amenaza, ya que sus trabajos dependen de ella. Y todos los meses aparece muerto un “número dos” de Al Qaida en tal o cual país, alguien que antes nadie conocía, cuya muerte vendría a representar un gran triunfo para las fuerzas del bien. Hay demasiada inteligencia, contrainteligencia y recontrainteligencia dando vueltas como para poder saber lo que está pasando. Salvo que estamos en guerra, que la guerra se extiende y que algún día puede llegar (o volver) acá.

¿Así que ahora el eje del mal pasa por Yemen? ¿Así que bla bla bla, bla bla bla, y todos a Yemen porque se acaba el mundo? Ufa, esa película ya la vi. Cambia el paisaje, cambian los villanos, pero el guión se repite como un disco rayado:

Saigon, shit. Charlie don’t surf. Apocalypse now. The horror, the horror...


Publicado en Página/12 el 10 de enero de 2010

domingo, 3 de enero de 2010

Australia

Estimado Sr O'Donnell,
Soy una Argentina,que desde Australia, sigue con interes las noticias de Pagina12. Gracias por su articulo acerca del tristemente concocido Sr Valenzuela.
Felices Fiestas y un Ano 2010 de mucho exito.

Cordialmente
Carmen Sparks +/- Ver mas...







Estimado amigo:

Saludos desde el norte!
Le escribo nuevamente para felicitarlo por su excelente articulo "Valenzuela Clasico
y Moderno."
Como siempre, fiel a su estilo, claro y directo.
Ojala mucha gente (aqui y alla) fuera conciente de la hipocresia (o el doble
standard) de ese
siniestro personaje.
Aunque hay varios articulos en pagina 12 sobre Valenzuela, el suyo es una buena
leccion de
etica para que las nuevas generaciones sean concientes de un modelo PARA NO seguir.

Reciba un afectuoso abrazo,

Eduardo

Dr. Eduardo Cabrera, Chair
Associate Professor of Spanish
Millikin University
Department of Modern Languages
Shilling Hall, Room 411
1184 West Main St.





Estimado Santiago O’Donnell:
Me dirijo a Ud. por medio del presente, a fin de transmitirle mi agrado por el artículo cuyo título transcribo en el Asunto. Me pareció muy interesante, informativo, clarificador. Respecto de las declaraciones de la persona del Asunto, reproducida en todos los medios de información, me permite desarrollar una opinion mas formada respecto de aceptar o rechazar esos dichos. Debo decirle que desconocía los aspectos vertidos en vuestro artículo.
Aprovecho la oportunidad para saludarlo muy cordialmente.
Diego G. Pedrozo

Valenzuela clásico y moderno - Por Santiago O’Donnell


Costó reconocerlo, pero el Arturo Valenzuela que pasó por la Argentina con tanto ruido esta semana es el mismo Valenzuela que se lee en la Universidad de Buenos Aires. Generaciones enteras de estudiantes a lo ancho de América latina, al llegar a la bolilla “Chile” en sus cursos de política comparativa, se han topado con los clásicos textos del ahora encargado para la región del gobierno de Obama. Para Valenzuela, su gira inaugural por los países del Cono Sur marca un regreso a sus orígenes. Aunque se haya salteado su país, Chile, el objeto de estudio de gran parte de su producción intelectual, para no mezclarse con la campaña electoral.

Pero, ¿es el mismo Valenzuela?+/- Ver mas...

El tiempo pasa, el mundo cambia, la vida cambia y las ideas se acomodan. En los años ‘70 y ‘80 el joven profesor Valenzuela usaba en sus artículos herramientas marxistas y weberianas para criticar recetas y preconceptos impuestos desde el norte para analizar la problemática latinoamericana. Los autores de esas recetas, agrupados bajo la llamada teoría de la modernización, sostenían que el subdesarrollo de la región obedecía a factores culturales y sociales: la influencia de la filosofía tomista, las ideas feudales del catolicismo y las relaciones premodernas que perpetuaban las culturas indígenas.

Esas influencias producían decisiones “irracionales” que impedían el desarrollo, escribieron los modernistas de la posguerra desde universidades europeas y norteamericanas. “En la Argentina, la aristocracia terrateniente tradicional siente desprecio por el trabajo manual y la construcción de industrias, y eso continúa siendo un factor en la educación de muchos estudiantes”, escribió S. M. Lipset, uno de los padres de la teoría de la modernización.

Pero para el Valenzuela clásico, el de la universidad, el problema principal para alcanzar el desarrollo en la región no era la cultura, sino la desigualdad de los términos de intercambio entre los países centrales y la periferia. O sea, la influencia estadounidense, que a través de sus multinacionales, organismos de crédito y acciones de gobierno dictaba las condiciones de ese intercambio desigual.

En otras palabras, para cumplir sus objetivos económicos, los países centrales necesitaban que los países periféricos siguiesen siendo periféricos. Y las elites latinoamericanas, de manera muy racional, replicaban el modelo de dependencia hacia adentro de sus propios países, generando más desigualdad y tensión social. Ese era el problema y los modernistas simplemente lo ignoraban, escribía Valenzuela.

Treinta años después, una generación de jóvenes líderes provenientes del gremialismo combativo, el catolicismo de base y la izquierda revolucionaria, esos actores “irracionales” que tanto criticaban los modernistas, se han abierto camino para tomar el poder por vía de la democracia, con el mandato y la intención de implantar distintos proyectos de desarrollo, con mayor o menor grado de autonomía con respecto a la hegemonía estadounidense.

En ese contexto, Valenzuela ha vuelto a la región pero para pararse en la vereda de enfrente. Ahora da consejos en nombre de Estados Unidos con más arrogancia académica que tacto diplomático. El nuevo Valenzuela, el que pasó por Georgetown para terminar en Foggy Bottom, el que entró en contacto con la comunidad de inteligencia estadounidense al ocupar un importante cargo en el Consejo de Seguridad Nacional durante el segundo gobierno de Clinton, es un Valenzuela reloaded con ideas nuevas. O no tan nuevas, pero distintas a las de ayer.

Ahora opina que la influencia de Estados Unidos en la región es benévola. “Las democracias latinoamericanas ya no enfrentan amenazas de apoyo estadounidense a las elites que temían que cualquier movimiento reformista era un frente para la expansión soviética. Estados Unidos se ha unido a otros países del Hemisferio Occidental para crear mecanismos que impiden la viabilidad de interrumpir las democracias constitucionales”, escribió el ya por entonces ex funcionario de Clinton en un “paper” publicado en el 2004, “Democracias latinoamericanas interrumpidas”.

Ahora dice que los obstáculos para el desarrollo de la región están en sus sistemas políticos. En el mismo “paper”, Valenzuela escribió que la baja representatividad de los partidos, las peleas entre los presidentes y los Congresos y la falta de consensos para instalar un programa de gobierno han abatido el espíritu democrático que barrió la región durante la restauración de los ‘80, dando paso a democracias débiles, que en algunos casos han derivado en dictaduras, como ocurrió en Perú con Fujimori, o gobiernos “cuasiautoritarios”, como sería el caso con la Venezuela de Chávez.

En ese trabajo, como lo viene haciendo desde hace más de una década, Valenzuela argumentó a favor de la imposición de esquemas parlamentaristas en la región, supuestamente para fortalecer sus sistemas políticos y hacer más eficaces a sus Estados. En su “paper” Valenzuela no se priva de ofrecer ejemplos a seguir, aunque se traten de modelos europeos como los que tanto había criticado cuando intentaron imponerlos los modernistas: la tercera y cuarta repúblicas francesas, Europa occidental a partir de 1789, la Polonia y la República Checa del poscomunismo.

El nuevo Varenzuela dice que es la cultura presidencialista latinoamericana la que impide hacer las reformas que permitirían alcanzar un grado más alto de desarrollo. Y que esa cultura es difícil de cambiar a favor del parlamentarismo porque es heredera de “historias” y “tradiciones” muy arraigadas en la región. Uno sospecha que para el hoy funcionario estadounidense, esas mismas “historias” y “tradiciones” estarían detrás de la “inseguridad jurídica” que tanto le preocupa.

Entonces, Valenzuela, representante del sistema presidencialista por excelencia, Estados Unidos, concluye que ese esquema no se adapta bien a la cultura latina. Por eso nos aconseja adoptar la “prudencia” de Jefferson y Madison, en vez de copiar la letra de la Constitución que ellos escribieron para su país.

En la década pasada las ideas sobre el parlamentarismo latinoamericano de Valenzuela, o más bien las de su maestro, Juan Linz, generaron un intenso debate entre los politólogos de la región y hasta llegó a celebrarse en Brasil un plebiscito sobre ese sistema de gobierno que fue ampliamente derrotado.

Hoy los líderes de la región parecen seguir el camino del “desarrollo dependiente asociado” que tipificaron Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto en los ’70. Algunos sumaron mecanismos de democracia directa inspirados en la “razón populista” que propone el politólogo Ernesto Laclau.

Para el nuevo Valenzuela, estos últimos están destinados a fracasar porque la llave del desarrollo es la ciudadanía política: partidos fuertes y equilibrados, elecciones competitivas, separación de poderes, libertad de expresión. Durante su gira sudamericana el funcionario de Obama habló mucho de estos temas en público y en privado con gente “moderna” como Macri, Cobos y Cavallo.

En cambio, no se le escucharon muchas definiciones sobre la desigualdad social y la pobreza estructural que persiste en la región según pasan los siglos y cambia la orientación de los gobiernos. Para el enviado de Obama, los conceptos de ciudadanía social y ciudadanía económica parecen ser meros ideologismos.

Néstor Kirchner, Aníbal Fernández y Héctor Timerman ya se encargaron de contestarle al hoy representante de los intereses regionales de Estados Unidos. Pero el mejor crítico del nuevo Valenzuela es el Valenzuela clásico, el de la universidad, aquel abanderado del enfoque dependentista desarrollado en la Cepal de Raúl Prebisch.

Allá por 1978, en uno de sus trabajos más citados, “Modernización y Dependencia: Perspectivas Alternativas para el estudio de América Latina,” Valenzuela escribió:

“La modernización de un país o unidad regional sólo se puede entender a partir de su inserción histórica en un sistema político-económico global... En los países periféricos el desarrollo de estructuras que producen ganancias a los grupos dominantes no conduce a la ganancia colectiva ni a un desarrollo parejo.”

Lo que cambia entre el centro y la periferia no es el nivel de racionalidad, sostenía el joven Valenzuela, sino la estructura del sistema de incentivos. Ese sistema, según el lugar que se ocupa dentro de él, produce distintos comportamientos. Entonces “el cambio surge del realineamiento de las relaciones de dependencia a lo largo del tiempo”.

Esas relaciones cambiaron durante el gobierno de Bush, cuando Estados Unidos apostó todo a las guerras en Medio Oriente y descuidó la región, permitiendo la emergencia de actores postergados. Esos actores parecen haber estudiado bien al Valenzuela clásico. Por eso les cuesta tanto digerir las viejas recetas y nuevas lecciones que vino a impartir el Valenzuela moderno.

Publicado en Página/12 el 20 de diciembre de 2009