+/- Ver mas...
Translate
lunes, 29 de marzo de 2010
Tenemos que hablar - Por Santiago O’Donnell
Tenemos que hablar del discurso de Obama. El martes a la noche, en una sesión bicameral del Congreso, Obama pronunció el discurso que allá en Estados Unidos llaman del “Estado de la Unión”. Vendría a ser el equivalente a los discursos que el presidente o la presidenta dan acá todos los años para inaugurar las sesiones legislativas.
Obama había arrancado su mandato en la cima de la popularidad, pero tras un año por debajo de las expectativas, por decirlo suavemente, sus índices de aprobación están en caída libre y ya se acercan a los cuarenta puntos, un piso impensable doce meses atrás. Por eso estuvo bueno que reconociera que se equivocó.+/- Ver mas...
Dijo que su principal error fue haber perdido el contacto con la gente. Eso está claro. Por más que se haya pasado meses enteros recorriendo el país con sus foros ciudadanos sobre la reforma sanitaria, es evidente que perdió el contacto con la gente. Lo dicen todos los sondeos de opinión: él quería una cosa pero la gente pedía otra y por eso fue perdiendo popularidad.
El quería, claro, reformar el sistema de salud. Por eso se la pasó viajando y hablando del tema. Para darle cobertura al menos a buena parte de los 42 millones de estadounidenses que no la tienen y para mejorar la cobertura que reciben los demás. Esa había sido la principal promesa de su campaña.
Bah, ha sido la principal promesa de campaña de todos los candidatos y precandidatos demócratas del último siglo, pero ninguno de ellos había podido cumplirla. Obama quería romper esa racha y entrar en la historia por la puerta grande.
Una apuesta ambiciosa, una batalla durísima. Nada menos que los nenes de la industria del seguro y la industria farmacéutica, más la burocracia estatal, la industria del juicio, la corporación médica y los dueños de los hospitales privados.
Pensó que había que golpear de entrada, en plena luna de miel, con viento de cola y mayorías amplias en las dos cámaras del Capitolio. Y decidió que a la reforma la vendería él, por lejos el personaje más popular de su gobierno, que la reforma sería él.
Y se equivocó porque la gente no quería hacer historia, quería llegar a fin de mes. Quería que se dejara de joder con los grandes temas internacionales como las guerras y el medio ambiente, con el show off de dirigir personalmente la operación de rescate del capitán secuestrado por piratas somalíes en la otra punta del mundo.
Que se deje de joder. Todo el día discutiendo con la oposición republicana y los lobbies de los gigantes del sistema de salud, como si fuera la madre de todas las batallas. Mientras tanto ellos tenían que soportar la peor crisis económica desde la Gran Depresión.
Querían que bajara el desempleo pero el desempleo no bajó, querían que cambiara la economía pero la economía no cambió.
Porque Obama estaba en otra cosa y porque no quiso abrir otro frente con los nenes de Wall Street. Entonces les dio un megarrescate y los dejó tranquilos y ellos hicieron lo que saben hacer cuando los dejan tranquilos: record de ganancias en la Bolsa, bonificaciones estratosféricas, cero regulación, cero reforma, cero derrame hacia la economía real. Derivativos, banca off shore, bonos basura, carteras tóxicas, paraísos fiscales. Más de lo mismo pero con algunos agravantes. Más de lo mismo pero en medio de una terrible crisis que ellos mismos generaron. Más de lo mismo pero con fondos públicos. Fumando la guita del megarrescate.
El martes Obama reconoció que el megarrescate había sido “tan popular como un tratamiento de conducto en una muela”. Horas antes había sacudido el ambiente al imponer las regulaciones más estrictas que había conocido Wall Street desde los tiempos de Roosevelt. Algo es algo.
Ahora dice que va a ocuparse de la gente y de sus problemas. Dice que la reforma de salud tiene que salir, pero ya no es la prioridad. Admite que el mundo sigue existiendo, pero sólo le dedicó nueve minutos en un discurso de hora y media.
En cambio de economía habló largo y tendido. Propuso una reducción de impuestos para los dueños de las pymes y un paquete para reconvertir empresas al uso de energía no contaminante. Hasta tren bala propuso. Claro, para un país de primer mundo. Y prometió mucha obra pública. A financiarse con los millones que les prestaron a los bancos. Que devuelvan la guita, desafió Obama, ya que tan bien les fue el año pasado, a juzgar por las grandes bonificaciones que se repartieron.
Porque aunque lo acusen de populista, la pulseada con Wall Street, con los lobbies y con la burocracia de Washington recién empieza, dijo el presidente. “Acabo de terminar el discurso del Estado de la Unión y quería mandarles unas líneas para que sepan que no me daré por vencido”, escribió en el Facebook.
O sea, se nota un cambio, al menos en la retórica. Se nota la intención de hacer, o al menos decir, lo que le pide la gente. Cuando le pegó a Wall Street el martes, aplaudieron hasta los legisladores republicanos, que no son ningunos tontos.
Y porque no son tontos hicieron todo lo posible para frenarle la reforma de salud a Obama, para forzarlo a perder el tiempo peleando contra ellos mientras se estira el desenlace y se desgasta la imagen presidencial porque la gente prefiere que ponga sus energías en otro lugar.
La reforma ya tiene media sanción, pero hace dos semanas los republicanos ganaron una elección en Massachusetts por la banca de Teddy Kennedy que les quitó a los demócratas la “supermayoría” en el Senado. El ganador, Scott Brown, había nacionalizado la campaña, pero Obama podría haberse hecho el distraído. Sin embargo, el presidente reconoció el martes que el derrotado había sido él, y que la derrota había sido “merecida”.
Porque la gente allá en Estados Unidos no quería que los políticos se pelearan todo el tiempo. Quería que se pusieran de acuerdo en alguna cosa y que hicieran algo, y si sirve para mejorar la economía y combatir el desempleo, tanto mejor.
El martes Obama habló de la herencia recibida y del obstruccionismo sistemático de la oposición. Pero en vez de echarles la culpa a los demás se hizo cargo –perdí el contacto, merecí perder– y llamó al diálogo, o más bien al cogobierno: “A los líderes republicanos que van a insistir en que 60 votos en el Senado son necesarios para hacer cualquier cosa en esta ciudad –una supermayoría– entonces la responsabilidad de gobernar ahora es de ustedes también. Decirle no a todo podrá ser buena política en el corto plazo, pero no es liderar”.
A veces es bastante obvio lo que pide la gente, pero los presidentes, sumidos en sus entornos, no siempre lo entienden. El martes Obama dio señales de entender.
“No es que yo crea que la prioridad de los estadounidenses sea asegurarse sus empleos –arrancó diciendo–. La prioridad de los estadounidenses es asegurarse sus empleos.” Era el reconocimiento que todos los estadounidenses querían escuchar.
No es que Obama se merezca el aplauso por reconocer sus errores y decir que va a pegar un golpe de timón. Es lo menos que puede esperarse de un presidente después de un año entre malo y desastroso. Aun así, del dicho al hecho hay todo un trecho y, más que palabras, lo que exigen los estadounidenses son acciones concretas que arrojen resultados palpables.
Tampoco hace falta coincidir con las prioridades de la opinión pública norteamericana. A uno le gustaría que Obama se ocupara un poco más de las chanchadas que dejó Bush por el mundo, pero se puede entender que allá las urgencias sean otras.
Por eso tenemos que hablar del discurso. Porque cuando a un presidente las mediciones le dan mal, no un día o una semana porque tomó una medida necesaria pero impopular, sino varios meses de deterioro progresivo, entonces es que algo no funciona.
Cuando eso pasa está bueno que la persona aludida por lo menos reconozca que algo se está haciendo mal, que se comprometa a escuchar más a la gente y que se dé cuenta de que algunas cosas tienen que cambiar.
El quería, claro, reformar el sistema de salud. Por eso se la pasó viajando y hablando del tema. Para darle cobertura al menos a buena parte de los 42 millones de estadounidenses que no la tienen y para mejorar la cobertura que reciben los demás. Esa había sido la principal promesa de su campaña.
Bah, ha sido la principal promesa de campaña de todos los candidatos y precandidatos demócratas del último siglo, pero ninguno de ellos había podido cumplirla. Obama quería romper esa racha y entrar en la historia por la puerta grande.
Una apuesta ambiciosa, una batalla durísima. Nada menos que los nenes de la industria del seguro y la industria farmacéutica, más la burocracia estatal, la industria del juicio, la corporación médica y los dueños de los hospitales privados.
Pensó que había que golpear de entrada, en plena luna de miel, con viento de cola y mayorías amplias en las dos cámaras del Capitolio. Y decidió que a la reforma la vendería él, por lejos el personaje más popular de su gobierno, que la reforma sería él.
Y se equivocó porque la gente no quería hacer historia, quería llegar a fin de mes. Quería que se dejara de joder con los grandes temas internacionales como las guerras y el medio ambiente, con el show off de dirigir personalmente la operación de rescate del capitán secuestrado por piratas somalíes en la otra punta del mundo.
Que se deje de joder. Todo el día discutiendo con la oposición republicana y los lobbies de los gigantes del sistema de salud, como si fuera la madre de todas las batallas. Mientras tanto ellos tenían que soportar la peor crisis económica desde la Gran Depresión.
Querían que bajara el desempleo pero el desempleo no bajó, querían que cambiara la economía pero la economía no cambió.
Porque Obama estaba en otra cosa y porque no quiso abrir otro frente con los nenes de Wall Street. Entonces les dio un megarrescate y los dejó tranquilos y ellos hicieron lo que saben hacer cuando los dejan tranquilos: record de ganancias en la Bolsa, bonificaciones estratosféricas, cero regulación, cero reforma, cero derrame hacia la economía real. Derivativos, banca off shore, bonos basura, carteras tóxicas, paraísos fiscales. Más de lo mismo pero con algunos agravantes. Más de lo mismo pero en medio de una terrible crisis que ellos mismos generaron. Más de lo mismo pero con fondos públicos. Fumando la guita del megarrescate.
El martes Obama reconoció que el megarrescate había sido “tan popular como un tratamiento de conducto en una muela”. Horas antes había sacudido el ambiente al imponer las regulaciones más estrictas que había conocido Wall Street desde los tiempos de Roosevelt. Algo es algo.
Ahora dice que va a ocuparse de la gente y de sus problemas. Dice que la reforma de salud tiene que salir, pero ya no es la prioridad. Admite que el mundo sigue existiendo, pero sólo le dedicó nueve minutos en un discurso de hora y media.
En cambio de economía habló largo y tendido. Propuso una reducción de impuestos para los dueños de las pymes y un paquete para reconvertir empresas al uso de energía no contaminante. Hasta tren bala propuso. Claro, para un país de primer mundo. Y prometió mucha obra pública. A financiarse con los millones que les prestaron a los bancos. Que devuelvan la guita, desafió Obama, ya que tan bien les fue el año pasado, a juzgar por las grandes bonificaciones que se repartieron.
Porque aunque lo acusen de populista, la pulseada con Wall Street, con los lobbies y con la burocracia de Washington recién empieza, dijo el presidente. “Acabo de terminar el discurso del Estado de la Unión y quería mandarles unas líneas para que sepan que no me daré por vencido”, escribió en el Facebook.
O sea, se nota un cambio, al menos en la retórica. Se nota la intención de hacer, o al menos decir, lo que le pide la gente. Cuando le pegó a Wall Street el martes, aplaudieron hasta los legisladores republicanos, que no son ningunos tontos.
Y porque no son tontos hicieron todo lo posible para frenarle la reforma de salud a Obama, para forzarlo a perder el tiempo peleando contra ellos mientras se estira el desenlace y se desgasta la imagen presidencial porque la gente prefiere que ponga sus energías en otro lugar.
La reforma ya tiene media sanción, pero hace dos semanas los republicanos ganaron una elección en Massachusetts por la banca de Teddy Kennedy que les quitó a los demócratas la “supermayoría” en el Senado. El ganador, Scott Brown, había nacionalizado la campaña, pero Obama podría haberse hecho el distraído. Sin embargo, el presidente reconoció el martes que el derrotado había sido él, y que la derrota había sido “merecida”.
Porque la gente allá en Estados Unidos no quería que los políticos se pelearan todo el tiempo. Quería que se pusieran de acuerdo en alguna cosa y que hicieran algo, y si sirve para mejorar la economía y combatir el desempleo, tanto mejor.
El martes Obama habló de la herencia recibida y del obstruccionismo sistemático de la oposición. Pero en vez de echarles la culpa a los demás se hizo cargo –perdí el contacto, merecí perder– y llamó al diálogo, o más bien al cogobierno: “A los líderes republicanos que van a insistir en que 60 votos en el Senado son necesarios para hacer cualquier cosa en esta ciudad –una supermayoría– entonces la responsabilidad de gobernar ahora es de ustedes también. Decirle no a todo podrá ser buena política en el corto plazo, pero no es liderar”.
A veces es bastante obvio lo que pide la gente, pero los presidentes, sumidos en sus entornos, no siempre lo entienden. El martes Obama dio señales de entender.
“No es que yo crea que la prioridad de los estadounidenses sea asegurarse sus empleos –arrancó diciendo–. La prioridad de los estadounidenses es asegurarse sus empleos.” Era el reconocimiento que todos los estadounidenses querían escuchar.
No es que Obama se merezca el aplauso por reconocer sus errores y decir que va a pegar un golpe de timón. Es lo menos que puede esperarse de un presidente después de un año entre malo y desastroso. Aun así, del dicho al hecho hay todo un trecho y, más que palabras, lo que exigen los estadounidenses son acciones concretas que arrojen resultados palpables.
Tampoco hace falta coincidir con las prioridades de la opinión pública norteamericana. A uno le gustaría que Obama se ocupara un poco más de las chanchadas que dejó Bush por el mundo, pero se puede entender que allá las urgencias sean otras.
Por eso tenemos que hablar del discurso. Porque cuando a un presidente las mediciones le dan mal, no un día o una semana porque tomó una medida necesaria pero impopular, sino varios meses de deterioro progresivo, entonces es que algo no funciona.
Cuando eso pasa está bueno que la persona aludida por lo menos reconozca que algo se está haciendo mal, que se comprometa a escuchar más a la gente y que se dé cuenta de que algunas cosas tienen que cambiar.
Publicado en Página/12 el 31 de enero de 2010
Puñales - Por Santiago O’Donnell
Es verdad, Chile dio al mundo un ejemplo de transparencia y convivencia política en las elecciones del domingo pasado. Pero cuando se apagaron las cámaras empezó un festival de puñaladas en la espalda entre los líderes de la Concertación. No bien Eduardo Frei había terminado de admitir su derrota, el ex presidente Ricardo Lagos dio inicio a las hostilidades al tomar el micrófono para decir que el pueblo chileno había hablado y había que dar paso a la nueva generación. El discurso no le cayó nada bien a Frei y al eterno presidente del partido socialista, Camilo Escalona, ni a la presidenta Michelle Bachelet, que fue la principal sostenedora de Escalona contra los embates del ex socialista Marco Enríquez-Ominami durante la campaña presidencial. Lagos es el referente del PPD, uno de los partidos chicos de la Concertación, junto con el Partido Radical. Y en las filas del PPD se alistan dos de las principales figuras de la “nueva generación”, la jefa de la campaña Carolina Tohá y el senador Ricardo Lagos Weber, hijo del ex presidente.+/- Ver mas...
Esa noche se sumó a la refriega el presidente del partido demócrata cristiano, Juan Carlos Latorre, el partido de Frei, que culpó por la derrota a su principal socio en la Concertación, el Partido Socialista. Latorre dijo que las candidaturas de los ex socialistas Jorge Arrate por el Partido Comunista y Marco Enríquez-Ominami como independiente, habían dividido el voto de la Concertación en favor del ahora presidente electo Sebastián Piñera, el candidato de la derecha unificada. Como que los socialistas no habían podido contener a sus propios cuadros y disciplinarlos detrás del candidato consensuado por todos los partidos de la Concertación.
La evaluación de Latorre estaba cargada de cinismo. Es cierto, el Partido Socialista no había podido contener a Arrate y a Enríquez-Ominami, justamente por no permitirles presentarse en una elección primaria contra Frei, el candidato demócrata cristiano, para dirimir la candidatura de la Concertación. Y no los dejaron presentarse precisamente para evitar una fractura en la Democracia Cristiana, que venía muy golpeada después de perder dos internas consecutivas contra candidatos socialistas. Si ganaban la interna otra vez los socialistas, el miedo era que la mitad de la Democracia Cristiana se mudara a la coalición de la derecha.
Después saltó a la refriega José Antonio Gómez, ex presidente del Partido Radical, el otro partido chico de la Concertación. Gómez dijo que la culpa la tenían los jefes de la Democracia Cristiana, el socialismo y el PPD porque aceptaron que el candidato se elija a dedo. Los radicales, en cambio, se habían opuesto y habían conseguido una “preprimaria” en la que su candidato había sido fácilmente derrotado. La “autocrítica” de Gómez era no haber luchado lo suficiente por sus ideas. Cuando renunció a la presidencia de su partido en plena campaña de ballottage, con la esperanza de que los demás presidentes lo imitaran para dar paso a la tan reclamada “renovación”, sólo lo siguió Pepe Auth, presidente del PPD. En cambio, los dinosaurios Escalona y Latorre, los de los partidos grandes, los que realmente importaban, se atornillaron a sus sillones y siguieron ahí, como un lastre, durante toda la campaña. Hasta el día de ayer, cuando finalmente renunciaron (a Latorre la DC le rechazó la dimisión)..
A las críticas de Gómez se sumaron las del presidente interino que lo había reemplazado, Fernando Meza, quien le apuntó los cañones directamente a la presidenta Bachelet y su ministro de Economía Andrés Velazco, las figuras políticas con el más alto índice de aprobación de Chile. Según Meza, Bachelet tardó demasiado en alinearse detrás de Frei y Velasco tendría que haberles aumentado el sueldo a los maestros en vez de ahorrar tanto y dejarle a Piñera el aumento servido en bandeja.
Acto seguido el diputado Meza tuvo la delicadeza de pactar un acuerdo parlamentario con la derecha a espaldas de los popes de la Concertación, ganándose el mote de “traidor” de toda la Concertación. El escándalo obligó a Meza a renunciar a su cargo partidario y abortó el acuerdo para rotar la presidencia de la Cámara Baja entre los radicales y los partidos de la coalición de la derecha.
Todos esos reproches y pases de facturas demuestran la dificultad para absorber una derrota que a todas luces fue autoinflingida. Los chilenos estaban más que conformes con las políticas públicas de los gobiernos de la Concertación, con el manejo de la economía. Perdieron porque los cuatro presidentes de los partidos, cuatro iluminados, decidieron elegir el candidato de la Concertación en vez de dejar esa elección en manos de la gente, por temor a que la gente se equivocara. Y se equivocaron ellos porque eligieron un candidato “fome”, como dicen los chilenos, para colmo una figurita repetida. A los chilenos no les gustó el candidato y tampoco la forma en que lo eligieron, y no lo votaron. Encima los excluidos se presentaron por afuera y sus críticas a la Concertación fueron capitalizadas por la derecha en la segunda vuelta. Es cierto lo que dice Atilio Boron que al parecerse tanto Frei a Piñera fue más fácil para los votantes pegar el salto, pero no fue la ideología el causal de la derrota. Es más, los votantes de izquierda, los que más podrían disentir con el perfil socialdemócrata de Frei, fueron sus votantes más fieles. Los que se fueron, liberales, independientes, centristas, lo que sea, se fueron no por ideología sino por desacuerdos con una cultura política que consideran anquilosada y anticuada.
Piñera no tuvo que hacer demasiado, más allá de despegarse del legado de Pinochet, unificar a la tropa detrás de su candidatura, repetir la palabra “cambio” cada vez que abría la boca y hacer la plancha mientras la Concertación se enredaba en sus propias telarañas. Piñera no era un candidato invencible ni mucho menos. Ya había perdido en la elección anterior contra Bachelet por un margen importante. Y encima viene a representar al neoliberalismo en plena crisis del neoliberalismo ante un electorado que venía votando centroizquierda desde que le devolvieron el voto. Su encanto radica en que es el más argentino de los candidatos chilenos. En una sociedad ordenada y estructurada por demás, Piñera es el vivo, el piola, el tipo que se hace millonario con un negocio que no se le ocurrió a nadie, que juega siempre al límite de lo legal, que se come multas por usar información privilegiada en la compraventa de acciones. Un tipo que toda la vida se dedicó a la especulación, tanto política como financiera, y que se vende como emprendedor. Un díscolo, un rebelde entre los políticos de la derecha, que se da el lujo de diferenciarse en temas progre como el matrimonio gay porque es dueño de medio país y tiene plata para armar equipos de campaña y controla medios de comunicación y es el dueño de Colo Colo. Un tipo con algunas cualidades que muchos chilenos admiran, pero al que nadie considera un estadista o una autoridad moral. No lo votaron por sus ideas. Ya intentó meter mano en Codelco, la minera estatal, con una modesta inyección de capital privado, pero se chocó contra una pared. Ya tuvo que prometer que no va a tocar la red social que armó la Concertación. Ya tuvo que reconocer que Bachelet hizo una gestión “excelente” y que él no se va a apartar mucho de esa línea.
Entonces es más difícil digerir la derrota y por eso los puñales están a la orden del día. Todo muy lindo con el traspaso ejemplar. Pero la derrota de la Concertación, cuando tenía todo para ganar, dejó otro mensaje para el mundo y sobre todo para sus vecinos.
Porque el problema no estuvo en la ideología, ni en la economía, ni en la gestión.
Parafraseando a Bill Clinton: es la participación, estúpido.
La evaluación de Latorre estaba cargada de cinismo. Es cierto, el Partido Socialista no había podido contener a Arrate y a Enríquez-Ominami, justamente por no permitirles presentarse en una elección primaria contra Frei, el candidato demócrata cristiano, para dirimir la candidatura de la Concertación. Y no los dejaron presentarse precisamente para evitar una fractura en la Democracia Cristiana, que venía muy golpeada después de perder dos internas consecutivas contra candidatos socialistas. Si ganaban la interna otra vez los socialistas, el miedo era que la mitad de la Democracia Cristiana se mudara a la coalición de la derecha.
Después saltó a la refriega José Antonio Gómez, ex presidente del Partido Radical, el otro partido chico de la Concertación. Gómez dijo que la culpa la tenían los jefes de la Democracia Cristiana, el socialismo y el PPD porque aceptaron que el candidato se elija a dedo. Los radicales, en cambio, se habían opuesto y habían conseguido una “preprimaria” en la que su candidato había sido fácilmente derrotado. La “autocrítica” de Gómez era no haber luchado lo suficiente por sus ideas. Cuando renunció a la presidencia de su partido en plena campaña de ballottage, con la esperanza de que los demás presidentes lo imitaran para dar paso a la tan reclamada “renovación”, sólo lo siguió Pepe Auth, presidente del PPD. En cambio, los dinosaurios Escalona y Latorre, los de los partidos grandes, los que realmente importaban, se atornillaron a sus sillones y siguieron ahí, como un lastre, durante toda la campaña. Hasta el día de ayer, cuando finalmente renunciaron (a Latorre la DC le rechazó la dimisión)..
A las críticas de Gómez se sumaron las del presidente interino que lo había reemplazado, Fernando Meza, quien le apuntó los cañones directamente a la presidenta Bachelet y su ministro de Economía Andrés Velazco, las figuras políticas con el más alto índice de aprobación de Chile. Según Meza, Bachelet tardó demasiado en alinearse detrás de Frei y Velasco tendría que haberles aumentado el sueldo a los maestros en vez de ahorrar tanto y dejarle a Piñera el aumento servido en bandeja.
Acto seguido el diputado Meza tuvo la delicadeza de pactar un acuerdo parlamentario con la derecha a espaldas de los popes de la Concertación, ganándose el mote de “traidor” de toda la Concertación. El escándalo obligó a Meza a renunciar a su cargo partidario y abortó el acuerdo para rotar la presidencia de la Cámara Baja entre los radicales y los partidos de la coalición de la derecha.
Todos esos reproches y pases de facturas demuestran la dificultad para absorber una derrota que a todas luces fue autoinflingida. Los chilenos estaban más que conformes con las políticas públicas de los gobiernos de la Concertación, con el manejo de la economía. Perdieron porque los cuatro presidentes de los partidos, cuatro iluminados, decidieron elegir el candidato de la Concertación en vez de dejar esa elección en manos de la gente, por temor a que la gente se equivocara. Y se equivocaron ellos porque eligieron un candidato “fome”, como dicen los chilenos, para colmo una figurita repetida. A los chilenos no les gustó el candidato y tampoco la forma en que lo eligieron, y no lo votaron. Encima los excluidos se presentaron por afuera y sus críticas a la Concertación fueron capitalizadas por la derecha en la segunda vuelta. Es cierto lo que dice Atilio Boron que al parecerse tanto Frei a Piñera fue más fácil para los votantes pegar el salto, pero no fue la ideología el causal de la derrota. Es más, los votantes de izquierda, los que más podrían disentir con el perfil socialdemócrata de Frei, fueron sus votantes más fieles. Los que se fueron, liberales, independientes, centristas, lo que sea, se fueron no por ideología sino por desacuerdos con una cultura política que consideran anquilosada y anticuada.
Piñera no tuvo que hacer demasiado, más allá de despegarse del legado de Pinochet, unificar a la tropa detrás de su candidatura, repetir la palabra “cambio” cada vez que abría la boca y hacer la plancha mientras la Concertación se enredaba en sus propias telarañas. Piñera no era un candidato invencible ni mucho menos. Ya había perdido en la elección anterior contra Bachelet por un margen importante. Y encima viene a representar al neoliberalismo en plena crisis del neoliberalismo ante un electorado que venía votando centroizquierda desde que le devolvieron el voto. Su encanto radica en que es el más argentino de los candidatos chilenos. En una sociedad ordenada y estructurada por demás, Piñera es el vivo, el piola, el tipo que se hace millonario con un negocio que no se le ocurrió a nadie, que juega siempre al límite de lo legal, que se come multas por usar información privilegiada en la compraventa de acciones. Un tipo que toda la vida se dedicó a la especulación, tanto política como financiera, y que se vende como emprendedor. Un díscolo, un rebelde entre los políticos de la derecha, que se da el lujo de diferenciarse en temas progre como el matrimonio gay porque es dueño de medio país y tiene plata para armar equipos de campaña y controla medios de comunicación y es el dueño de Colo Colo. Un tipo con algunas cualidades que muchos chilenos admiran, pero al que nadie considera un estadista o una autoridad moral. No lo votaron por sus ideas. Ya intentó meter mano en Codelco, la minera estatal, con una modesta inyección de capital privado, pero se chocó contra una pared. Ya tuvo que prometer que no va a tocar la red social que armó la Concertación. Ya tuvo que reconocer que Bachelet hizo una gestión “excelente” y que él no se va a apartar mucho de esa línea.
Entonces es más difícil digerir la derrota y por eso los puñales están a la orden del día. Todo muy lindo con el traspaso ejemplar. Pero la derrota de la Concertación, cuando tenía todo para ganar, dejó otro mensaje para el mundo y sobre todo para sus vecinos.
Porque el problema no estuvo en la ideología, ni en la economía, ni en la gestión.
Parafraseando a Bill Clinton: es la participación, estúpido.
Publicado en Página/12 el 24 de enero de 2010
Sobre las eleciones en Chile (ver última entrada)
+/- Ver mas...
Si bien Carolina Tohá es una de las figuras más promisorias de la Concertación, el consenso en Chile es que ha sido Andrés Velasco el Ministro más exitoso del gobierno de la Pdta. Bachelet
Sólo eso
Saludos Caterina Colombo
RTA:Es cierto gracias!!
RTA:De nada! Como chilena agradezco que seas el único de tu diario que te tomes la molestia de informarte antes de escribir los artículos.
Saludos
Por favor DEJEN DE CITAR A NAVIA?.... Quién es Navia? No reepresenta a nadie y
sus análisis perdieron valor... los chilenos somos gente inteligente... por
favor no le den mas cabida a un tipo como ese...
Gracias!
Sólo eso
Saludos Caterina Colombo
RTA:Es cierto gracias!!
RTA:De nada! Como chilena agradezco que seas el único de tu diario que te tomes la molestia de informarte antes de escribir los artículos.
Saludos
Por favor DEJEN DE CITAR A NAVIA?.... Quién es Navia? No reepresenta a nadie y
sus análisis perdieron valor... los chilenos somos gente inteligente... por
favor no le den mas cabida a un tipo como ese...
Gracias!
El pueblo no es moneda - Por Santiago O’Donnell Desde Santiago
A pocas horas del voto, la única certeza es que será una elección histórica.
Si gana la Alianza entre los partidos de derecha y centroderecha, la elección será histórica por quién ganó. Será la primera vez que esa fuerza gane una presidencial tras cuatro intentos fallidos desde el fin de la dictadura en 1990. Su triunfo completaría la transición democrática al cumplirse con el principio de alternancia en el poder.
Si gana la Concertación de centroizquierda, será una elección histórica por cómo se ganó. Su candidato Eduardo Frei había perdido por catorce puntos en la primera vuelta el mes pasado, pero desde entonces viene en remontada y en los últimos días se ha puesto casi a la par del aliancista Sebastián Piñera. Entre los seguidores de Frei ya se habla de Maracanazo.+/- Ver mas...
Será histórica por donde se la mire y sin embargo lo que llama la atención es la tranquilidad en las calles, en la gente, como si fuera un fin de semana más. Nadie se manifiesta, nadie se moviliza, ni hablar de cortar una calle. La crisis de Haití domina los noticieros y las tapas de los diarios.
Piñera desayunó con un grupo de jubilados en una comuna, después jugó un fulbito con sus colaboradores y después visitó un parque. Aunque la veda prohíbe pedir el voto, no dice nada sobre mostrarse ante el periodismo y tratar de parecer simpático y así juntar un último puñado de votos.
Frei, como es su costumbre, no se mostró en publico el día antes de las elecciones.
En los comandos de las dos campañas reinaba el optimismo, pero nadie se animaba a festejar por adelantado. Había nervios, expectativas, entusiasmo, ganas de opinar, ganas de debatir, pero nadie hablaba con pasión de su candidato.
El comando Piñera está en una casa con jardín de la calle Apoquindo, en el distrito financiero, a cuarenta metros del rascacielos donde están basadas las empresas del candidato. El comando Piñera se parece a una empresa de computación, decenas de jóvenes enchufados a sus computadoras, que cada tanto se convocan a reuniones y cierran las puertas, cada cual haciendo su trabajo: prensa, fiscales de mesa, voluntarios, atención a los votantes, grupo juvenil. Todo muy serio, muy rápido, muy profesional, pero a la vez informal. Muy moderno. Al candidato todos le dicen “Sebastián”.
Meilín León, 28, del departamento de prensa, dice que están trabajando muy bien, que van adelante por tres o cuatro puntos, que hay que acabar con el “cuoteo” de la Concertación (el reparto de cargos para mantener el equilibrio entre los partidos de la alianza gobernante), que Sebastián va a convocar a los más capacitados porque sabe armar equipos, que Sebastián es muy simpático pero también muy exigente, hasta obsesivo con el trabajo. Dijo que la Concertación hizo muy bien en crear una red social para los pobres y que Piñera va a ampliar esa red para que alcance a la clase media.
Leonardo Montenegro, 42, coordinador de voluntarios, dijo que Piñera siempre pasa por el comando para compartir un sandwich y dar aliento, que no faltó ni en Navidad ni en las fiestas patrias. “Se viene un cambio”, se entusiasma. “La Concertación no se la ha jugado con la educación, no se la ha jugado con la salud. Sebastián va a solucionar esos problemas.”
En estos días Piñera ha estado muy preocupado con la organización de los fiscales de mesa, a quienes considera fundamentales porque la elección va a ser muy peleada.
“Somos las estrellas del comando, nos da mucha atención”, cuenta Mirko Makari, 19, uno de los coordinadores de los fiscales de mesa. Nos dice “que va a estar muy difícil, que hay que tener mucho cuidado. Que nos preparemos para el lunes porque puede haber recuento”. Cuando se le pregunta si no le preocupa el repunte de Frei en las encuestas a partir de las declaraciones de Piñera sobre el pinochetismo, Makari contesta levemente irritado: “¿Por qué no hablan de los derechos humanos en Cuba?”.
El comando de la calle Apoquindo también alberga militantes del partido derechista UDI, aliado de Piñera, como Gerardo Ureta, 27, abogado, coordinador de equipos juvenil. “Los derechos humanos están mucho peor ahora que en los tiempos de la dictadura”, asegura muy convencido. “Hay casos peores de pobreza, de inseguridad, pero nadie defiende esos derechos humanos.”
El comando Frei está en una casa pintada de azul en la calle Bilbao, distrito de Providencia, cerca del centro de la ciudad. Ayer había menos gente que en el de Piñera, ya que los coordinadores de mesa trabajan en otro lado y parte de las operaciones ya se habían trasladado al hotel Plaza San Fransisco, donde el candidato esperará los resultados hoy.
El comando de Bilbao parece un local partidario. Aunque debieron remover los carteles y las fotos del candidato por la veda partidaria, en los muebles gastados, en las paredes recién peladas se respira cierta mística. Todos llaman al candidato “Don Eduardo”.
“En los últimos días el entusiasmo se siente”, dice Flor Cerro, 35, jefa administrativa de la casa de campaña. “Se han sumado hartos voluntarios. Después de la segunda vuelta las fuerzas se unieron, cambiaron algunas caras y todo empezó a funcionar mejor.” Como todos en el comando, Cerro habla maravillas de la nueva jefa de campaña Carolina Tohá y los nuevos voceros Claudio Orrego y Ricardo Lagos. “Caro está muy enfocada, es muy rápida y hace que todos marchen a su ritmo”, dice Cerro. De Frei destaca su seriedad y responsabilidad. “En los últimos días la gente se dio cuenta de que a don Eduardo las palabras le salen de adentro, le salen del alma, no está guionado como el otro candidato.”
Ayer daba las órdenes en el comando un hombre íntimamente ligado a Frei, Camilo Muñoz, 54, mayordomo del candidato desde hace 16 años. Cuando Frei anda en campaña, el mayordomo se traslada al comando. “Acá soy un asesor, hago un poco de todo, manejo cosas, entrego propaganda”, dice. No quiere contar intimidades de Frei. “Por eso soy su mayordomo: porque no cuento cosas. De don Eduardo sólo puedo decir que un buen jefe hace un buen ayudante”, agrega sonriente. Al rato confiesa una debilidad de su jefe: “Le encantan los dulces. Su postre preferido es el suspiro limeño”.
¿Y cuáles son las palabras más memorables que recuerda de su jefe? Piensa un largo rato y al final contesta: “Fue cuando me dijo, hace once años, ‘Tú estarás a mis órdenes mientras tú quieras’. Pasaron los años y aquí me ves”.
Esta noche se sabrá si el electorado le es igualmente fiel a Frei y al proyecto que representa, que en 20 años acumula logros y también algunos fracasos y tareas postergadas, y que esta elección sorprende en medio de una crisis, en medio de una transición.
“Don Eduardo se preocupa por el pueblo”, dice su mayordomo. “Piñera puede que sea bueno para los negocios, pero el pueblo no es moneda.”
Piñera desayunó con un grupo de jubilados en una comuna, después jugó un fulbito con sus colaboradores y después visitó un parque. Aunque la veda prohíbe pedir el voto, no dice nada sobre mostrarse ante el periodismo y tratar de parecer simpático y así juntar un último puñado de votos.
Frei, como es su costumbre, no se mostró en publico el día antes de las elecciones.
En los comandos de las dos campañas reinaba el optimismo, pero nadie se animaba a festejar por adelantado. Había nervios, expectativas, entusiasmo, ganas de opinar, ganas de debatir, pero nadie hablaba con pasión de su candidato.
El comando Piñera está en una casa con jardín de la calle Apoquindo, en el distrito financiero, a cuarenta metros del rascacielos donde están basadas las empresas del candidato. El comando Piñera se parece a una empresa de computación, decenas de jóvenes enchufados a sus computadoras, que cada tanto se convocan a reuniones y cierran las puertas, cada cual haciendo su trabajo: prensa, fiscales de mesa, voluntarios, atención a los votantes, grupo juvenil. Todo muy serio, muy rápido, muy profesional, pero a la vez informal. Muy moderno. Al candidato todos le dicen “Sebastián”.
Meilín León, 28, del departamento de prensa, dice que están trabajando muy bien, que van adelante por tres o cuatro puntos, que hay que acabar con el “cuoteo” de la Concertación (el reparto de cargos para mantener el equilibrio entre los partidos de la alianza gobernante), que Sebastián va a convocar a los más capacitados porque sabe armar equipos, que Sebastián es muy simpático pero también muy exigente, hasta obsesivo con el trabajo. Dijo que la Concertación hizo muy bien en crear una red social para los pobres y que Piñera va a ampliar esa red para que alcance a la clase media.
Leonardo Montenegro, 42, coordinador de voluntarios, dijo que Piñera siempre pasa por el comando para compartir un sandwich y dar aliento, que no faltó ni en Navidad ni en las fiestas patrias. “Se viene un cambio”, se entusiasma. “La Concertación no se la ha jugado con la educación, no se la ha jugado con la salud. Sebastián va a solucionar esos problemas.”
En estos días Piñera ha estado muy preocupado con la organización de los fiscales de mesa, a quienes considera fundamentales porque la elección va a ser muy peleada.
“Somos las estrellas del comando, nos da mucha atención”, cuenta Mirko Makari, 19, uno de los coordinadores de los fiscales de mesa. Nos dice “que va a estar muy difícil, que hay que tener mucho cuidado. Que nos preparemos para el lunes porque puede haber recuento”. Cuando se le pregunta si no le preocupa el repunte de Frei en las encuestas a partir de las declaraciones de Piñera sobre el pinochetismo, Makari contesta levemente irritado: “¿Por qué no hablan de los derechos humanos en Cuba?”.
El comando de la calle Apoquindo también alberga militantes del partido derechista UDI, aliado de Piñera, como Gerardo Ureta, 27, abogado, coordinador de equipos juvenil. “Los derechos humanos están mucho peor ahora que en los tiempos de la dictadura”, asegura muy convencido. “Hay casos peores de pobreza, de inseguridad, pero nadie defiende esos derechos humanos.”
El comando Frei está en una casa pintada de azul en la calle Bilbao, distrito de Providencia, cerca del centro de la ciudad. Ayer había menos gente que en el de Piñera, ya que los coordinadores de mesa trabajan en otro lado y parte de las operaciones ya se habían trasladado al hotel Plaza San Fransisco, donde el candidato esperará los resultados hoy.
El comando de Bilbao parece un local partidario. Aunque debieron remover los carteles y las fotos del candidato por la veda partidaria, en los muebles gastados, en las paredes recién peladas se respira cierta mística. Todos llaman al candidato “Don Eduardo”.
“En los últimos días el entusiasmo se siente”, dice Flor Cerro, 35, jefa administrativa de la casa de campaña. “Se han sumado hartos voluntarios. Después de la segunda vuelta las fuerzas se unieron, cambiaron algunas caras y todo empezó a funcionar mejor.” Como todos en el comando, Cerro habla maravillas de la nueva jefa de campaña Carolina Tohá y los nuevos voceros Claudio Orrego y Ricardo Lagos. “Caro está muy enfocada, es muy rápida y hace que todos marchen a su ritmo”, dice Cerro. De Frei destaca su seriedad y responsabilidad. “En los últimos días la gente se dio cuenta de que a don Eduardo las palabras le salen de adentro, le salen del alma, no está guionado como el otro candidato.”
Ayer daba las órdenes en el comando un hombre íntimamente ligado a Frei, Camilo Muñoz, 54, mayordomo del candidato desde hace 16 años. Cuando Frei anda en campaña, el mayordomo se traslada al comando. “Acá soy un asesor, hago un poco de todo, manejo cosas, entrego propaganda”, dice. No quiere contar intimidades de Frei. “Por eso soy su mayordomo: porque no cuento cosas. De don Eduardo sólo puedo decir que un buen jefe hace un buen ayudante”, agrega sonriente. Al rato confiesa una debilidad de su jefe: “Le encantan los dulces. Su postre preferido es el suspiro limeño”.
¿Y cuáles son las palabras más memorables que recuerda de su jefe? Piensa un largo rato y al final contesta: “Fue cuando me dijo, hace once años, ‘Tú estarás a mis órdenes mientras tú quieras’. Pasaron los años y aquí me ves”.
Esta noche se sabrá si el electorado le es igualmente fiel a Frei y al proyecto que representa, que en 20 años acumula logros y también algunos fracasos y tareas postergadas, y que esta elección sorprende en medio de una crisis, en medio de una transición.
“Don Eduardo se preocupa por el pueblo”, dice su mayordomo. “Piñera puede que sea bueno para los negocios, pero el pueblo no es moneda.”
Publicado en Página/12 el 17 de enero de 2010
Verdugo minucioso - sobre Yemen, shit (última entrada)
+/- Ver mas...
Sr. Santiago O´Donnell
Su artículo "Yemen, shit" no sólo operó como un verdugo minucioso sobre mi ya fuerte desaliento con respecto a la supervivencia del planeta sino que me produjo simultáneamente el culposo placer de una película que convierte la desesperación en un deslumbrante objeto narrativo.
Siempre lo leo en Página pero es la primera vez que cometo cholulaje.
Que podamos seguir valorando la lucidez, el placer, la empatía y el coraje (o el deseo de todo eso)
JUDITH SZAPIRO
RTA:hola judith mil gracias por el mensaje tan lindo y tan bien escrito.
saludos, s.
Sr Santiago O'Donnell: (Irlandes?)
Permitame que lo felicite desde el Pais de Gales, por su inteligente nota en Pagina 12 titulada: Yemen-shit.
EUGENIO RENE GRIFFITHS (actor, escritor y musico)
RTA:muchas gracias!
Su artículo "Yemen, shit" no sólo operó como un verdugo minucioso sobre mi ya fuerte desaliento con respecto a la supervivencia del planeta sino que me produjo simultáneamente el culposo placer de una película que convierte la desesperación en un deslumbrante objeto narrativo.
Siempre lo leo en Página pero es la primera vez que cometo cholulaje.
Que podamos seguir valorando la lucidez, el placer, la empatía y el coraje (o el deseo de todo eso)
JUDITH SZAPIRO
RTA:hola judith mil gracias por el mensaje tan lindo y tan bien escrito.
saludos, s.
Sr Santiago O'Donnell: (Irlandes?)
Permitame que lo felicite desde el Pais de Gales, por su inteligente nota en Pagina 12 titulada: Yemen-shit.
EUGENIO RENE GRIFFITHS (actor, escritor y musico)
RTA:muchas gracias!
Yemen, shit - Por Santiago O'Donnell
Sería un error pensar que el mundo cambió porque un joven millonario nigeriano educado en Londres quiso detonar un explosivo plástico en un avión cargado de pasajeros que aterrizaba en Detroit el día de Navidad, pero falló porque se hizo pis encima y mojó el dispositivo.
La Guerra contra el Terrorismo declarada por George W. Bush y continuada por Barack Obama está cerca de cumplir diez años. No es una guerra que se lleva a cabo solamente en Irak, Afganistán o en los aeropuertos estadounidenses, y que ahora se extiende a un pequeño y empobrecido país árabe llamado Yemen. Es una guerra que se pelea en cada país donde existe un gobierno o una insurgencia islamista. En Somalia, en Palestina, en Indonesia, en Pakistán, en Líbano, en Argelia, en Chechenia. Y también en las potencias occidentales, cuyos habitantes son blancos cada vez más frecuentes de atentados, ya sea en territorio propio como en las embajadas, discotecas y hoteles de lujo de sus antiguos enclaves coloniales.+/- Ver mas...
Más allá del valor estratégico de cada escenario y de los intereses económicos que siempre pesan, se trata de una guerra de raíz cultural, un choque de civilizaciones, diría Huntington, que se expande por todo el mundo. Esto es, con la notable excepción de América latina, al menos desde el ataque a la AMIA a esta parte, atentado cuyo móvil está aún muy lejos de esclarecerse.
Fracasadas las grandes iniciativas globales que se intentaron el año pasado, desde el acuerdo comercial en Doha hasta el tratado medioambiental en Copenhague, pasando por un acuerdo de paz en Medio Oriente que murió antes de nacer, el 2010 comienza con Estados Unidos otra vez en pie de guerra. Toda la semana se habló de reuniones, discursos, traslados, visitas, estrategias e iniciativas vinculadas a la amenaza terrorista proveniente de Yemen, país donde habría conseguido los explosivos el incontinente nigeriano.
Yemen es la única república de la Península Arábiga y el país más pobre de la región. En el 2007 el nivel de desempleo alcanzaba el 40 por ciento. Es un país que cuenta con un gobierno central débil, con fama de corrupto, apoyado por Estados Unidos, cuyo dominio no se extiende mucho más allá de la capital, rodeado por organizaciones tribales que en conjunto ejercen el control territorial sobre gran parte del país. En su interior cuenta con zonas montañosas donde los insurgentes pueden esconderse, y figura bien arriba en el ranking mundial de atentados terroristas sufridos en los últimos años.
Muchos de sus jefes tribales son musulmanes conservadores que tienen influencia sobre el liderazgo de las fuerzas armadas yemenitas, y que ven con desconfianza cualquier acercamiento de su gobierno con Washington. Con esos líderes religiosos musulmanes y a través del ejército yemenita musulmán, los espías de Occidente deben negociar permisos de captura para perseguir a los jefes musulmanes de Al Qaida en las montañas.
Todos los días los yemenitas ven pasar por el estrecho de Aden los buques cargados de petróleo de sus vecinos ricos gobernados por monarquías que nunca ofenden el espíritu democrático y republicano de los sucesivos habitantes de la Casa Blanca.
Hasta que un día un nigeriano se hace pis encima y apaga una mecha pero enciende otra. En medio de todo el circo mediático, militares, espías, abogados, armas y decenas de millones de dólares provenientes de Estados Unidos y su aliado incondicional, Reino Unido, desembarcaron esta semana en Saná, la capital yemenita. El súbito interés no conmovió al gobierno yemenita, sino que lo puso a la defensiva.
El canciller de ese país se apuró en decir que no quiere tropas de combate extranjeras. “Estoy seguro de que las experiencias de Occidente en Irak, Afganistán y Pakistán serán muy útiles para aprender que la intervención directa complica las cosas”, se permitió aconsejar Abu Bakr al Qirb, dirigiéndose a todo un hemisferio, atento a la dimensión global de lo que se juega en su pequeño país.
El diplomático árabe pareció entender mejor que nadie que las principales víctimas de la Guerra contra el Terrorismo son los países gobernados por musulmanes moderados, que deben elevar sus niveles de represión interna para satisfacer las expectativas de los cruzados. Esa represión les quita legitimidad, por lo que se vuelven aún más dependientes del apoyo de Occidente para mantenerse en el poder. Lo cual a su vez genera más apoyo para la insurgencia.
En Irak. En Afganistán. En Pakistán. En Jordania, Cisjordania, Egipto, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos. En el cuerno de Africa. Una guerra que a medida que se expande dificulta cualquier acuerdo con Siria, Irán y la Autoridad Palestina, tensa la cuerda en Cachemira y moviliza el fervor islamista en el Borneo y el Magreb, propagando a lo ancho del planeta la violencia que surge de la dialéctica terrorista-contraterrorista.
Mientras tanto Estados Unidos y Europa se aíslan y se encierran, presas de una xenofobia obsesiva y paranoide que arrasa con los derechos y libertades que dieron vida a los textos fundacionales de saus democracias liberales. Así generan contradicciones difíciles de explicar, que a su vez alimentan más actos de terrorismo contra un orden que desde muchos rincones del mundo aparece cada vez más como hipócrita, sanguinario y explotador.
¿Y dónde está Bin Laden? Resulta casi imposible creer que este multimillonario líder de la red terrorista más sofisticada y global de la historia no tenga acceso a un teléfono celular para sacarse una foto, subirla a Internet y hacer temblar al mundo. Desde hace ya largos años que sólo aparece en audios cuya veracidad certifican supuestos expertos de la CIA, los primeros interesados en mantener viva la amenaza, ya que sus trabajos dependen de ella. Y todos los meses aparece muerto un “número dos” de Al Qaida en tal o cual país, alguien que antes nadie conocía, cuya muerte vendría a representar un gran triunfo para las fuerzas del bien. Hay demasiada inteligencia, contrainteligencia y recontrainteligencia dando vueltas como para poder saber lo que está pasando. Salvo que estamos en guerra, que la guerra se extiende y que algún día puede llegar (o volver) acá.
¿Así que ahora el eje del mal pasa por Yemen? ¿Así que bla bla bla, bla bla bla, y todos a Yemen porque se acaba el mundo? Ufa, esa película ya la vi. Cambia el paisaje, cambian los villanos, pero el guión se repite como un disco rayado:
Saigon, shit. Charlie don’t surf. Apocalypse now. The horror, the horror...
Publicado en Página/12 el 10 de enero de 2010
Fracasadas las grandes iniciativas globales que se intentaron el año pasado, desde el acuerdo comercial en Doha hasta el tratado medioambiental en Copenhague, pasando por un acuerdo de paz en Medio Oriente que murió antes de nacer, el 2010 comienza con Estados Unidos otra vez en pie de guerra. Toda la semana se habló de reuniones, discursos, traslados, visitas, estrategias e iniciativas vinculadas a la amenaza terrorista proveniente de Yemen, país donde habría conseguido los explosivos el incontinente nigeriano.
Yemen es la única república de la Península Arábiga y el país más pobre de la región. En el 2007 el nivel de desempleo alcanzaba el 40 por ciento. Es un país que cuenta con un gobierno central débil, con fama de corrupto, apoyado por Estados Unidos, cuyo dominio no se extiende mucho más allá de la capital, rodeado por organizaciones tribales que en conjunto ejercen el control territorial sobre gran parte del país. En su interior cuenta con zonas montañosas donde los insurgentes pueden esconderse, y figura bien arriba en el ranking mundial de atentados terroristas sufridos en los últimos años.
Muchos de sus jefes tribales son musulmanes conservadores que tienen influencia sobre el liderazgo de las fuerzas armadas yemenitas, y que ven con desconfianza cualquier acercamiento de su gobierno con Washington. Con esos líderes religiosos musulmanes y a través del ejército yemenita musulmán, los espías de Occidente deben negociar permisos de captura para perseguir a los jefes musulmanes de Al Qaida en las montañas.
Todos los días los yemenitas ven pasar por el estrecho de Aden los buques cargados de petróleo de sus vecinos ricos gobernados por monarquías que nunca ofenden el espíritu democrático y republicano de los sucesivos habitantes de la Casa Blanca.
Hasta que un día un nigeriano se hace pis encima y apaga una mecha pero enciende otra. En medio de todo el circo mediático, militares, espías, abogados, armas y decenas de millones de dólares provenientes de Estados Unidos y su aliado incondicional, Reino Unido, desembarcaron esta semana en Saná, la capital yemenita. El súbito interés no conmovió al gobierno yemenita, sino que lo puso a la defensiva.
El canciller de ese país se apuró en decir que no quiere tropas de combate extranjeras. “Estoy seguro de que las experiencias de Occidente en Irak, Afganistán y Pakistán serán muy útiles para aprender que la intervención directa complica las cosas”, se permitió aconsejar Abu Bakr al Qirb, dirigiéndose a todo un hemisferio, atento a la dimensión global de lo que se juega en su pequeño país.
El diplomático árabe pareció entender mejor que nadie que las principales víctimas de la Guerra contra el Terrorismo son los países gobernados por musulmanes moderados, que deben elevar sus niveles de represión interna para satisfacer las expectativas de los cruzados. Esa represión les quita legitimidad, por lo que se vuelven aún más dependientes del apoyo de Occidente para mantenerse en el poder. Lo cual a su vez genera más apoyo para la insurgencia.
En Irak. En Afganistán. En Pakistán. En Jordania, Cisjordania, Egipto, Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos. En el cuerno de Africa. Una guerra que a medida que se expande dificulta cualquier acuerdo con Siria, Irán y la Autoridad Palestina, tensa la cuerda en Cachemira y moviliza el fervor islamista en el Borneo y el Magreb, propagando a lo ancho del planeta la violencia que surge de la dialéctica terrorista-contraterrorista.
Mientras tanto Estados Unidos y Europa se aíslan y se encierran, presas de una xenofobia obsesiva y paranoide que arrasa con los derechos y libertades que dieron vida a los textos fundacionales de saus democracias liberales. Así generan contradicciones difíciles de explicar, que a su vez alimentan más actos de terrorismo contra un orden que desde muchos rincones del mundo aparece cada vez más como hipócrita, sanguinario y explotador.
¿Y dónde está Bin Laden? Resulta casi imposible creer que este multimillonario líder de la red terrorista más sofisticada y global de la historia no tenga acceso a un teléfono celular para sacarse una foto, subirla a Internet y hacer temblar al mundo. Desde hace ya largos años que sólo aparece en audios cuya veracidad certifican supuestos expertos de la CIA, los primeros interesados en mantener viva la amenaza, ya que sus trabajos dependen de ella. Y todos los meses aparece muerto un “número dos” de Al Qaida en tal o cual país, alguien que antes nadie conocía, cuya muerte vendría a representar un gran triunfo para las fuerzas del bien. Hay demasiada inteligencia, contrainteligencia y recontrainteligencia dando vueltas como para poder saber lo que está pasando. Salvo que estamos en guerra, que la guerra se extiende y que algún día puede llegar (o volver) acá.
¿Así que ahora el eje del mal pasa por Yemen? ¿Así que bla bla bla, bla bla bla, y todos a Yemen porque se acaba el mundo? Ufa, esa película ya la vi. Cambia el paisaje, cambian los villanos, pero el guión se repite como un disco rayado:
Saigon, shit. Charlie don’t surf. Apocalypse now. The horror, the horror...
Publicado en Página/12 el 10 de enero de 2010
domingo, 3 de enero de 2010
Australia
Estimado Sr O'Donnell,
Soy una Argentina,que desde Australia, sigue con interes las noticias de Pagina12. Gracias por su articulo acerca del tristemente concocido Sr Valenzuela.
Felices Fiestas y un Ano 2010 de mucho exito.
Cordialmente
Carmen Sparks +/- Ver mas...
Estimado amigo:
Saludos desde el norte!
Le escribo nuevamente para felicitarlo por su excelente articulo "Valenzuela Clasico
y Moderno."
Como siempre, fiel a su estilo, claro y directo.
Ojala mucha gente (aqui y alla) fuera conciente de la hipocresia (o el doble
standard) de ese
siniestro personaje.
Aunque hay varios articulos en pagina 12 sobre Valenzuela, el suyo es una buena
leccion de
etica para que las nuevas generaciones sean concientes de un modelo PARA NO seguir.
Reciba un afectuoso abrazo,
Eduardo
Dr. Eduardo Cabrera, Chair
Associate Professor of Spanish
Millikin University
Department of Modern Languages
Shilling Hall, Room 411
1184 West Main St.
Estimado Santiago O’Donnell:
Me dirijo a Ud. por medio del presente, a fin de transmitirle mi agrado por el artículo cuyo título transcribo en el Asunto. Me pareció muy interesante, informativo, clarificador. Respecto de las declaraciones de la persona del Asunto, reproducida en todos los medios de información, me permite desarrollar una opinion mas formada respecto de aceptar o rechazar esos dichos. Debo decirle que desconocía los aspectos vertidos en vuestro artículo.
Aprovecho la oportunidad para saludarlo muy cordialmente.
Diego G. Pedrozo
Soy una Argentina,que desde Australia, sigue con interes las noticias de Pagina12. Gracias por su articulo acerca del tristemente concocido Sr Valenzuela.
Felices Fiestas y un Ano 2010 de mucho exito.
Cordialmente
Carmen Sparks +/- Ver mas...
Estimado amigo:
Saludos desde el norte!
Le escribo nuevamente para felicitarlo por su excelente articulo "Valenzuela Clasico
y Moderno."
Como siempre, fiel a su estilo, claro y directo.
Ojala mucha gente (aqui y alla) fuera conciente de la hipocresia (o el doble
standard) de ese
siniestro personaje.
Aunque hay varios articulos en pagina 12 sobre Valenzuela, el suyo es una buena
leccion de
etica para que las nuevas generaciones sean concientes de un modelo PARA NO seguir.
Reciba un afectuoso abrazo,
Eduardo
Dr. Eduardo Cabrera, Chair
Associate Professor of Spanish
Millikin University
Department of Modern Languages
Shilling Hall, Room 411
1184 West Main St.
Estimado Santiago O’Donnell:
Me dirijo a Ud. por medio del presente, a fin de transmitirle mi agrado por el artículo cuyo título transcribo en el Asunto. Me pareció muy interesante, informativo, clarificador. Respecto de las declaraciones de la persona del Asunto, reproducida en todos los medios de información, me permite desarrollar una opinion mas formada respecto de aceptar o rechazar esos dichos. Debo decirle que desconocía los aspectos vertidos en vuestro artículo.
Aprovecho la oportunidad para saludarlo muy cordialmente.
Diego G. Pedrozo
Valenzuela clásico y moderno - Por Santiago O’Donnell

Costó reconocerlo, pero el Arturo Valenzuela que pasó por la Argentina con tanto ruido esta semana es el mismo Valenzuela que se lee en la Universidad de Buenos Aires. Generaciones enteras de estudiantes a lo ancho de América latina, al llegar a la bolilla “Chile” en sus cursos de política comparativa, se han topado con los clásicos textos del ahora encargado para la región del gobierno de Obama. Para Valenzuela, su gira inaugural por los países del Cono Sur marca un regreso a sus orígenes. Aunque se haya salteado su país, Chile, el objeto de estudio de gran parte de su producción intelectual, para no mezclarse con la campaña electoral.
Pero, ¿es el mismo Valenzuela?+/- Ver mas...
El tiempo pasa, el mundo cambia, la vida cambia y las ideas se acomodan. En los años ‘70 y ‘80 el joven profesor Valenzuela usaba en sus artículos herramientas marxistas y weberianas para criticar recetas y preconceptos impuestos desde el norte para analizar la problemática latinoamericana. Los autores de esas recetas, agrupados bajo la llamada teoría de la modernización, sostenían que el subdesarrollo de la región obedecía a factores culturales y sociales: la influencia de la filosofía tomista, las ideas feudales del catolicismo y las relaciones premodernas que perpetuaban las culturas indígenas.
Esas influencias producían decisiones “irracionales” que impedían el desarrollo, escribieron los modernistas de la posguerra desde universidades europeas y norteamericanas. “En la Argentina, la aristocracia terrateniente tradicional siente desprecio por el trabajo manual y la construcción de industrias, y eso continúa siendo un factor en la educación de muchos estudiantes”, escribió S. M. Lipset, uno de los padres de la teoría de la modernización.
Pero para el Valenzuela clásico, el de la universidad, el problema principal para alcanzar el desarrollo en la región no era la cultura, sino la desigualdad de los términos de intercambio entre los países centrales y la periferia. O sea, la influencia estadounidense, que a través de sus multinacionales, organismos de crédito y acciones de gobierno dictaba las condiciones de ese intercambio desigual.
En otras palabras, para cumplir sus objetivos económicos, los países centrales necesitaban que los países periféricos siguiesen siendo periféricos. Y las elites latinoamericanas, de manera muy racional, replicaban el modelo de dependencia hacia adentro de sus propios países, generando más desigualdad y tensión social. Ese era el problema y los modernistas simplemente lo ignoraban, escribía Valenzuela.
Treinta años después, una generación de jóvenes líderes provenientes del gremialismo combativo, el catolicismo de base y la izquierda revolucionaria, esos actores “irracionales” que tanto criticaban los modernistas, se han abierto camino para tomar el poder por vía de la democracia, con el mandato y la intención de implantar distintos proyectos de desarrollo, con mayor o menor grado de autonomía con respecto a la hegemonía estadounidense.
En ese contexto, Valenzuela ha vuelto a la región pero para pararse en la vereda de enfrente. Ahora da consejos en nombre de Estados Unidos con más arrogancia académica que tacto diplomático. El nuevo Valenzuela, el que pasó por Georgetown para terminar en Foggy Bottom, el que entró en contacto con la comunidad de inteligencia estadounidense al ocupar un importante cargo en el Consejo de Seguridad Nacional durante el segundo gobierno de Clinton, es un Valenzuela reloaded con ideas nuevas. O no tan nuevas, pero distintas a las de ayer.
Ahora opina que la influencia de Estados Unidos en la región es benévola. “Las democracias latinoamericanas ya no enfrentan amenazas de apoyo estadounidense a las elites que temían que cualquier movimiento reformista era un frente para la expansión soviética. Estados Unidos se ha unido a otros países del Hemisferio Occidental para crear mecanismos que impiden la viabilidad de interrumpir las democracias constitucionales”, escribió el ya por entonces ex funcionario de Clinton en un “paper” publicado en el 2004, “Democracias latinoamericanas interrumpidas”.
Ahora dice que los obstáculos para el desarrollo de la región están en sus sistemas políticos. En el mismo “paper”, Valenzuela escribió que la baja representatividad de los partidos, las peleas entre los presidentes y los Congresos y la falta de consensos para instalar un programa de gobierno han abatido el espíritu democrático que barrió la región durante la restauración de los ‘80, dando paso a democracias débiles, que en algunos casos han derivado en dictaduras, como ocurrió en Perú con Fujimori, o gobiernos “cuasiautoritarios”, como sería el caso con la Venezuela de Chávez.
En ese trabajo, como lo viene haciendo desde hace más de una década, Valenzuela argumentó a favor de la imposición de esquemas parlamentaristas en la región, supuestamente para fortalecer sus sistemas políticos y hacer más eficaces a sus Estados. En su “paper” Valenzuela no se priva de ofrecer ejemplos a seguir, aunque se traten de modelos europeos como los que tanto había criticado cuando intentaron imponerlos los modernistas: la tercera y cuarta repúblicas francesas, Europa occidental a partir de 1789, la Polonia y la República Checa del poscomunismo.
El nuevo Varenzuela dice que es la cultura presidencialista latinoamericana la que impide hacer las reformas que permitirían alcanzar un grado más alto de desarrollo. Y que esa cultura es difícil de cambiar a favor del parlamentarismo porque es heredera de “historias” y “tradiciones” muy arraigadas en la región. Uno sospecha que para el hoy funcionario estadounidense, esas mismas “historias” y “tradiciones” estarían detrás de la “inseguridad jurídica” que tanto le preocupa.
Entonces, Valenzuela, representante del sistema presidencialista por excelencia, Estados Unidos, concluye que ese esquema no se adapta bien a la cultura latina. Por eso nos aconseja adoptar la “prudencia” de Jefferson y Madison, en vez de copiar la letra de la Constitución que ellos escribieron para su país.
En la década pasada las ideas sobre el parlamentarismo latinoamericano de Valenzuela, o más bien las de su maestro, Juan Linz, generaron un intenso debate entre los politólogos de la región y hasta llegó a celebrarse en Brasil un plebiscito sobre ese sistema de gobierno que fue ampliamente derrotado.
Hoy los líderes de la región parecen seguir el camino del “desarrollo dependiente asociado” que tipificaron Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto en los ’70. Algunos sumaron mecanismos de democracia directa inspirados en la “razón populista” que propone el politólogo Ernesto Laclau.
Para el nuevo Valenzuela, estos últimos están destinados a fracasar porque la llave del desarrollo es la ciudadanía política: partidos fuertes y equilibrados, elecciones competitivas, separación de poderes, libertad de expresión. Durante su gira sudamericana el funcionario de Obama habló mucho de estos temas en público y en privado con gente “moderna” como Macri, Cobos y Cavallo.
En cambio, no se le escucharon muchas definiciones sobre la desigualdad social y la pobreza estructural que persiste en la región según pasan los siglos y cambia la orientación de los gobiernos. Para el enviado de Obama, los conceptos de ciudadanía social y ciudadanía económica parecen ser meros ideologismos.
Néstor Kirchner, Aníbal Fernández y Héctor Timerman ya se encargaron de contestarle al hoy representante de los intereses regionales de Estados Unidos. Pero el mejor crítico del nuevo Valenzuela es el Valenzuela clásico, el de la universidad, aquel abanderado del enfoque dependentista desarrollado en la Cepal de Raúl Prebisch.
Allá por 1978, en uno de sus trabajos más citados, “Modernización y Dependencia: Perspectivas Alternativas para el estudio de América Latina,” Valenzuela escribió:
“La modernización de un país o unidad regional sólo se puede entender a partir de su inserción histórica en un sistema político-económico global... En los países periféricos el desarrollo de estructuras que producen ganancias a los grupos dominantes no conduce a la ganancia colectiva ni a un desarrollo parejo.”
Lo que cambia entre el centro y la periferia no es el nivel de racionalidad, sostenía el joven Valenzuela, sino la estructura del sistema de incentivos. Ese sistema, según el lugar que se ocupa dentro de él, produce distintos comportamientos. Entonces “el cambio surge del realineamiento de las relaciones de dependencia a lo largo del tiempo”.
Esas relaciones cambiaron durante el gobierno de Bush, cuando Estados Unidos apostó todo a las guerras en Medio Oriente y descuidó la región, permitiendo la emergencia de actores postergados. Esos actores parecen haber estudiado bien al Valenzuela clásico. Por eso les cuesta tanto digerir las viejas recetas y nuevas lecciones que vino a impartir el Valenzuela moderno.
Esas influencias producían decisiones “irracionales” que impedían el desarrollo, escribieron los modernistas de la posguerra desde universidades europeas y norteamericanas. “En la Argentina, la aristocracia terrateniente tradicional siente desprecio por el trabajo manual y la construcción de industrias, y eso continúa siendo un factor en la educación de muchos estudiantes”, escribió S. M. Lipset, uno de los padres de la teoría de la modernización.
Pero para el Valenzuela clásico, el de la universidad, el problema principal para alcanzar el desarrollo en la región no era la cultura, sino la desigualdad de los términos de intercambio entre los países centrales y la periferia. O sea, la influencia estadounidense, que a través de sus multinacionales, organismos de crédito y acciones de gobierno dictaba las condiciones de ese intercambio desigual.
En otras palabras, para cumplir sus objetivos económicos, los países centrales necesitaban que los países periféricos siguiesen siendo periféricos. Y las elites latinoamericanas, de manera muy racional, replicaban el modelo de dependencia hacia adentro de sus propios países, generando más desigualdad y tensión social. Ese era el problema y los modernistas simplemente lo ignoraban, escribía Valenzuela.
Treinta años después, una generación de jóvenes líderes provenientes del gremialismo combativo, el catolicismo de base y la izquierda revolucionaria, esos actores “irracionales” que tanto criticaban los modernistas, se han abierto camino para tomar el poder por vía de la democracia, con el mandato y la intención de implantar distintos proyectos de desarrollo, con mayor o menor grado de autonomía con respecto a la hegemonía estadounidense.
En ese contexto, Valenzuela ha vuelto a la región pero para pararse en la vereda de enfrente. Ahora da consejos en nombre de Estados Unidos con más arrogancia académica que tacto diplomático. El nuevo Valenzuela, el que pasó por Georgetown para terminar en Foggy Bottom, el que entró en contacto con la comunidad de inteligencia estadounidense al ocupar un importante cargo en el Consejo de Seguridad Nacional durante el segundo gobierno de Clinton, es un Valenzuela reloaded con ideas nuevas. O no tan nuevas, pero distintas a las de ayer.
Ahora opina que la influencia de Estados Unidos en la región es benévola. “Las democracias latinoamericanas ya no enfrentan amenazas de apoyo estadounidense a las elites que temían que cualquier movimiento reformista era un frente para la expansión soviética. Estados Unidos se ha unido a otros países del Hemisferio Occidental para crear mecanismos que impiden la viabilidad de interrumpir las democracias constitucionales”, escribió el ya por entonces ex funcionario de Clinton en un “paper” publicado en el 2004, “Democracias latinoamericanas interrumpidas”.
Ahora dice que los obstáculos para el desarrollo de la región están en sus sistemas políticos. En el mismo “paper”, Valenzuela escribió que la baja representatividad de los partidos, las peleas entre los presidentes y los Congresos y la falta de consensos para instalar un programa de gobierno han abatido el espíritu democrático que barrió la región durante la restauración de los ‘80, dando paso a democracias débiles, que en algunos casos han derivado en dictaduras, como ocurrió en Perú con Fujimori, o gobiernos “cuasiautoritarios”, como sería el caso con la Venezuela de Chávez.
En ese trabajo, como lo viene haciendo desde hace más de una década, Valenzuela argumentó a favor de la imposición de esquemas parlamentaristas en la región, supuestamente para fortalecer sus sistemas políticos y hacer más eficaces a sus Estados. En su “paper” Valenzuela no se priva de ofrecer ejemplos a seguir, aunque se traten de modelos europeos como los que tanto había criticado cuando intentaron imponerlos los modernistas: la tercera y cuarta repúblicas francesas, Europa occidental a partir de 1789, la Polonia y la República Checa del poscomunismo.
El nuevo Varenzuela dice que es la cultura presidencialista latinoamericana la que impide hacer las reformas que permitirían alcanzar un grado más alto de desarrollo. Y que esa cultura es difícil de cambiar a favor del parlamentarismo porque es heredera de “historias” y “tradiciones” muy arraigadas en la región. Uno sospecha que para el hoy funcionario estadounidense, esas mismas “historias” y “tradiciones” estarían detrás de la “inseguridad jurídica” que tanto le preocupa.
Entonces, Valenzuela, representante del sistema presidencialista por excelencia, Estados Unidos, concluye que ese esquema no se adapta bien a la cultura latina. Por eso nos aconseja adoptar la “prudencia” de Jefferson y Madison, en vez de copiar la letra de la Constitución que ellos escribieron para su país.
En la década pasada las ideas sobre el parlamentarismo latinoamericano de Valenzuela, o más bien las de su maestro, Juan Linz, generaron un intenso debate entre los politólogos de la región y hasta llegó a celebrarse en Brasil un plebiscito sobre ese sistema de gobierno que fue ampliamente derrotado.
Hoy los líderes de la región parecen seguir el camino del “desarrollo dependiente asociado” que tipificaron Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto en los ’70. Algunos sumaron mecanismos de democracia directa inspirados en la “razón populista” que propone el politólogo Ernesto Laclau.
Para el nuevo Valenzuela, estos últimos están destinados a fracasar porque la llave del desarrollo es la ciudadanía política: partidos fuertes y equilibrados, elecciones competitivas, separación de poderes, libertad de expresión. Durante su gira sudamericana el funcionario de Obama habló mucho de estos temas en público y en privado con gente “moderna” como Macri, Cobos y Cavallo.
En cambio, no se le escucharon muchas definiciones sobre la desigualdad social y la pobreza estructural que persiste en la región según pasan los siglos y cambia la orientación de los gobiernos. Para el enviado de Obama, los conceptos de ciudadanía social y ciudadanía económica parecen ser meros ideologismos.
Néstor Kirchner, Aníbal Fernández y Héctor Timerman ya se encargaron de contestarle al hoy representante de los intereses regionales de Estados Unidos. Pero el mejor crítico del nuevo Valenzuela es el Valenzuela clásico, el de la universidad, aquel abanderado del enfoque dependentista desarrollado en la Cepal de Raúl Prebisch.
Allá por 1978, en uno de sus trabajos más citados, “Modernización y Dependencia: Perspectivas Alternativas para el estudio de América Latina,” Valenzuela escribió:
“La modernización de un país o unidad regional sólo se puede entender a partir de su inserción histórica en un sistema político-económico global... En los países periféricos el desarrollo de estructuras que producen ganancias a los grupos dominantes no conduce a la ganancia colectiva ni a un desarrollo parejo.”
Lo que cambia entre el centro y la periferia no es el nivel de racionalidad, sostenía el joven Valenzuela, sino la estructura del sistema de incentivos. Ese sistema, según el lugar que se ocupa dentro de él, produce distintos comportamientos. Entonces “el cambio surge del realineamiento de las relaciones de dependencia a lo largo del tiempo”.
Esas relaciones cambiaron durante el gobierno de Bush, cuando Estados Unidos apostó todo a las guerras en Medio Oriente y descuidó la región, permitiendo la emergencia de actores postergados. Esos actores parecen haber estudiado bien al Valenzuela clásico. Por eso les cuesta tanto digerir las viejas recetas y nuevas lecciones que vino a impartir el Valenzuela moderno.
Publicado en Página/12 el 20 de diciembre de 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
Esa mirada - Por Santiago O’Donnell Desde Santiago

Esa mirada –dura, seca, sobria– que Eduardo Frei le sostuvo a Pinochet en el funeral de su padre, que medio Chile vio por televisión el miércoles pasado, es la mirada que sostiene su candidatura presidencial.
El día anterior un juez había procesado a un grupo de ex asesores del ex presidente y agentes de la dictadura pinochetista por haber envenenado a Frei Montalva, cosa que la familia siempre había sospechado, echando luz a un misterio de casi treinta años. Las imágenes de archivo en blanco y negro del programa Informe Especial, del canal estatal, estallaron como una bomba de tiempo programada para la recta final de la campaña. Corría el mes de enero de 1982 y Eduardo Frei Montalva, líder de la oposición política a la dictadura, moría en circunstancias misteriosas. Centenares de miles de chilenos salieron a las calles para despedir al ex presidente en una de las primeras manifestaciones masivas contra el régimen golpistas.+/- Ver mas...
El funeral se transmitió en vivo en todo el país. Las imágenes muestran la catedral de Santiago con un lado de la nave repleta de familiares y amigos, y el joven Eduardo, junto a su madre y hermanos, parados en primera fila. La otra mitad de la catedral estaba vacía. De repente irrumpe una comitiva militar encabezada por el dictador Pinochet y la segunda mitad se llena. Pinochet avanza por la hilera central hasta llegar a la primera fila. Allí su mirada se cruza con la de Frei y por un instante los dos vacilan.
Pinochet ya sabe que sus agentes han envenenado al padre de ese joven, pero igual se hace presente y hasta busca a Frei con la mirada. Eduardo todavía no sabe que ése es el hombre que mandó a envenenar a su padre, que tiene el descaro de presentarse a su funeral, pero siente el frío de su mirada asesina.
Entonces Frei lo mira sin inclinar la cabeza, ni bajar los ojos, ni arquear las cejas ni dar ninguna señal de saludo. El duelo de miradas dura un segundo, hasta que Pinochet gira la cabeza levemente, mira al altar y sigue caminando hasta ocupar su lugar.
Esa mirada sostenida contra el máximo símbolo de la dictadura en el momento más difícil de la historia chilena, el conmovedor relato que hizo Frei en off de las imágenes que se mostraron por televisión, ese relato que hizo Informe Especial, dirían los semiólogos, revitalizó la campaña del candidato de la Concertación.
“Nunca me arrepentí de no haber saludado a Pinochet”, dijo Frei en el programa de televisión. El hombre que parecía frío, distante, anodino, se había transformado, según el relato, en la viva imagen de la sobriedad, la dignidad, la seriedad, en un digno heredero de las luchas que dieron origen a la Concertación y sentido a su proyecto político.
La campaña cobró vida. En la misma semana se sucedieron el funeral popular de Víctor Jara y la visita de Michelle Bachelet a los emblemáticos Hornos de Lonquén, donde la dictadura enterraba a los campesinos fusilados sumariamente, en el Día Universal de los Derechos Humanos. En ambos eventos la popular presidenta se encargó de resaltar la figura de Frei Montalva y fue una gigantografía del caudillo democristiano la que presidió el acto de cierre de su hijo. Los teléfonos del comando central de la calle Bilbao, en Providencia, no paraban de sonar. Conmovidos, miles de chilenos que habían admirado a su padre llamaban para expresar su solidaridad. Llamaron de Suecia, de Canadá, de Turquía, de todas las regiones y de la vuelta de la esquina.
“Muchísima gente llamó y eso provocó más fuerza en los comandos de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. No se olvide de que Frei Montalva fue uno de los que abrieron las puertas para que los presidentes Lagos y Bachelet pudieran tener gobiernos exitosos”, dijo la secretaria del Comando Frei, Marisol Martínez, 40, que ayer en la sede ultimaba los detalles para el día del voto con media docena de trabajadores de campaña.
Martínez dice que lo conoce a Frei y que nunca le pareció una persona distante. Una vez lo saludó en un evento y Frei le preguntó si ella creía en él. Pero lo ve mejor todavía desde que se supo lo del envenenamiento. “Lo veo más relajado. Enfrentó la situación y eso le dio más fuerzas.”
Humanizado, revitalizado por las muestras de cariño, otra vez en control de la agenda mediática, Frei parecía empujado por un nuevo sentido del deber histórico cuando llamó esta semana a la formación de un frente electoral en la segunda vuelta para derrotar a la derecha.
La movida descolocó al candidato independiente y principal escollo para llegar al ballottage, Marco Enríquez-Ominami. Con su actitud vacilante entre ubicarse como corriente interna del espacio de centroizquierda o como tercera fuerza que abreva de las dos coaliciones mayoritarias, Enríquez-Ominami dejó pasar la oportunidad de acortar distancias en los últimos y cruciales días de la campaña.
El candidato de la derecha, Sebastián Piñera, tampoco pudo instalar con fuerza su prédica de mano dura y sólo atinó a quejarse largamente por la supuesta utilización de la Justicia por parte de la Concertación para instalar el tema de los crímenes de la dictadura como estrategia de campaña.
Con las principales espadas del gobierno comprometidas para meterse en la campaña en la segunda vuelta, con el izquierdista Jorge Arrate haciendo explícito su apoyo al frente antiderechista y Enríquez-Ominami acorralado porque si su silencio se prolonga significaría un apoyo tácito a la derecha, Eduardo Frei ha empezado a recomponer la alianza antipinochetista que gobierna Chile desde 1990.
Pero dos amenazas acechan. Enríquez-Ominami podría dar el batacazo y birlarle a la Concertación la primera vuelta. O Piñera podría ganar directamente en primera vuelta, o al menos sacar una ventaja indescontable. El nerviosismo se siente en el bunker de Frei. Marisol Martínez dice que Piñera y Enríquez-Ominami son “dos payasos” porque ayer organizaron un picadito de fútbol y una fiesta, respectivamente, como excusa para convocar a la prensa y aparecer en pantalla en plena veda electoral.
“En cambio Frei es un señor. Está recluido con su familia y se ha llamado a silencio porque considera que él ya transmitió su mensaje y la campaña ha terminado.”
Mientras tanto, a seis cuadras de allí, en sábado soleado y caluroso, el Museo Frei Montalva de la calle Hildenburg aguardaba a su primer visitante de la tarde. Allí se preserva la casa del ex presidente asesinado y se exhibe un video sobre su vida. Pero las circunstancias que rodearon su muerte hasta ayer no formaban parte del guión de la visita guiada, y el video sólo dice que “falleció inesperadamente.”
El museo pertenece a una fundación que dirige una nieta del ex presidente y su manejo está a cargo de una gestora cultural. Ayer ninguna de las dos estaba presente. La encargada de la visita guiada, Pamela Fuentes, 21, dijo que al día siguiente de Informe Especial el museo recibió un aluvión de gente. Y que los visitantes, que antes preguntaban por la muerte de Frei Montalva, y por los avances en la causa, ahora directamente expresan condolencias y dan el pésame. Pero a Fuentes no le gusta hablar de eso con los visitantes. “Son cuestiones políticas y nosotros tratamos de evitarlas. Cuando preguntan contesto, pero si insisten trato de cambiar de tema.”
Pero no se trata de política sino de una parte muy importante de la historia de Frei Montalva y de la historia de Chile. Un magnicidio, nada menos.
Contesta otra empleada del museo, Magdalena Von Holdt, 27 años, ojos verdes y mirada frontal: “Es que esto se sabía desde hace harto tiempo. A mí no me importó la noticia, pero sí me impactaron las reacciones. Mucha gente se acercó superconmovida. Pero también están los que dicen que en época de elecciones, para ganar, la Concertación revive muertos de la dictadura”.
Pinochet ya sabe que sus agentes han envenenado al padre de ese joven, pero igual se hace presente y hasta busca a Frei con la mirada. Eduardo todavía no sabe que ése es el hombre que mandó a envenenar a su padre, que tiene el descaro de presentarse a su funeral, pero siente el frío de su mirada asesina.
Entonces Frei lo mira sin inclinar la cabeza, ni bajar los ojos, ni arquear las cejas ni dar ninguna señal de saludo. El duelo de miradas dura un segundo, hasta que Pinochet gira la cabeza levemente, mira al altar y sigue caminando hasta ocupar su lugar.
Esa mirada sostenida contra el máximo símbolo de la dictadura en el momento más difícil de la historia chilena, el conmovedor relato que hizo Frei en off de las imágenes que se mostraron por televisión, ese relato que hizo Informe Especial, dirían los semiólogos, revitalizó la campaña del candidato de la Concertación.
“Nunca me arrepentí de no haber saludado a Pinochet”, dijo Frei en el programa de televisión. El hombre que parecía frío, distante, anodino, se había transformado, según el relato, en la viva imagen de la sobriedad, la dignidad, la seriedad, en un digno heredero de las luchas que dieron origen a la Concertación y sentido a su proyecto político.
La campaña cobró vida. En la misma semana se sucedieron el funeral popular de Víctor Jara y la visita de Michelle Bachelet a los emblemáticos Hornos de Lonquén, donde la dictadura enterraba a los campesinos fusilados sumariamente, en el Día Universal de los Derechos Humanos. En ambos eventos la popular presidenta se encargó de resaltar la figura de Frei Montalva y fue una gigantografía del caudillo democristiano la que presidió el acto de cierre de su hijo. Los teléfonos del comando central de la calle Bilbao, en Providencia, no paraban de sonar. Conmovidos, miles de chilenos que habían admirado a su padre llamaban para expresar su solidaridad. Llamaron de Suecia, de Canadá, de Turquía, de todas las regiones y de la vuelta de la esquina.
“Muchísima gente llamó y eso provocó más fuerza en los comandos de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. No se olvide de que Frei Montalva fue uno de los que abrieron las puertas para que los presidentes Lagos y Bachelet pudieran tener gobiernos exitosos”, dijo la secretaria del Comando Frei, Marisol Martínez, 40, que ayer en la sede ultimaba los detalles para el día del voto con media docena de trabajadores de campaña.
Martínez dice que lo conoce a Frei y que nunca le pareció una persona distante. Una vez lo saludó en un evento y Frei le preguntó si ella creía en él. Pero lo ve mejor todavía desde que se supo lo del envenenamiento. “Lo veo más relajado. Enfrentó la situación y eso le dio más fuerzas.”
Humanizado, revitalizado por las muestras de cariño, otra vez en control de la agenda mediática, Frei parecía empujado por un nuevo sentido del deber histórico cuando llamó esta semana a la formación de un frente electoral en la segunda vuelta para derrotar a la derecha.
La movida descolocó al candidato independiente y principal escollo para llegar al ballottage, Marco Enríquez-Ominami. Con su actitud vacilante entre ubicarse como corriente interna del espacio de centroizquierda o como tercera fuerza que abreva de las dos coaliciones mayoritarias, Enríquez-Ominami dejó pasar la oportunidad de acortar distancias en los últimos y cruciales días de la campaña.
El candidato de la derecha, Sebastián Piñera, tampoco pudo instalar con fuerza su prédica de mano dura y sólo atinó a quejarse largamente por la supuesta utilización de la Justicia por parte de la Concertación para instalar el tema de los crímenes de la dictadura como estrategia de campaña.
Con las principales espadas del gobierno comprometidas para meterse en la campaña en la segunda vuelta, con el izquierdista Jorge Arrate haciendo explícito su apoyo al frente antiderechista y Enríquez-Ominami acorralado porque si su silencio se prolonga significaría un apoyo tácito a la derecha, Eduardo Frei ha empezado a recomponer la alianza antipinochetista que gobierna Chile desde 1990.
Pero dos amenazas acechan. Enríquez-Ominami podría dar el batacazo y birlarle a la Concertación la primera vuelta. O Piñera podría ganar directamente en primera vuelta, o al menos sacar una ventaja indescontable. El nerviosismo se siente en el bunker de Frei. Marisol Martínez dice que Piñera y Enríquez-Ominami son “dos payasos” porque ayer organizaron un picadito de fútbol y una fiesta, respectivamente, como excusa para convocar a la prensa y aparecer en pantalla en plena veda electoral.
“En cambio Frei es un señor. Está recluido con su familia y se ha llamado a silencio porque considera que él ya transmitió su mensaje y la campaña ha terminado.”
Mientras tanto, a seis cuadras de allí, en sábado soleado y caluroso, el Museo Frei Montalva de la calle Hildenburg aguardaba a su primer visitante de la tarde. Allí se preserva la casa del ex presidente asesinado y se exhibe un video sobre su vida. Pero las circunstancias que rodearon su muerte hasta ayer no formaban parte del guión de la visita guiada, y el video sólo dice que “falleció inesperadamente.”
El museo pertenece a una fundación que dirige una nieta del ex presidente y su manejo está a cargo de una gestora cultural. Ayer ninguna de las dos estaba presente. La encargada de la visita guiada, Pamela Fuentes, 21, dijo que al día siguiente de Informe Especial el museo recibió un aluvión de gente. Y que los visitantes, que antes preguntaban por la muerte de Frei Montalva, y por los avances en la causa, ahora directamente expresan condolencias y dan el pésame. Pero a Fuentes no le gusta hablar de eso con los visitantes. “Son cuestiones políticas y nosotros tratamos de evitarlas. Cuando preguntan contesto, pero si insisten trato de cambiar de tema.”
Pero no se trata de política sino de una parte muy importante de la historia de Frei Montalva y de la historia de Chile. Un magnicidio, nada menos.
Contesta otra empleada del museo, Magdalena Von Holdt, 27 años, ojos verdes y mirada frontal: “Es que esto se sabía desde hace harto tiempo. A mí no me importó la noticia, pero sí me impactaron las reacciones. Mucha gente se acercó superconmovida. Pero también están los que dicen que en época de elecciones, para ganar, la Concertación revive muertos de la dictadura”.
Publicado en Página/12 el 13 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
La década dorada - Por Santiago O’Donnell

Todo listo en Bolivia. Evo Morales dice que va a conducir a su país hacia su “década dorada” y el electorado parece dispuesto a creerle. Hoy se elige presidente y todas las encuestas le dan de 52 puntos para arriba, más del quince por encima de su más inmediato perseguidor. Y mayoría de dos tercios en ambas cámaras. Caudal más que suficiente como para gobernar sin problemas, dictar las leyes que necesita la nueva Constitución, y, como suele pasar en estos casos, empezar a soñar con la rerre.+/- Ver mas...
Campaña aburrida, dicen allá. Monólogo de Evo. Lo más interesante que produjo la oposición son las declaraciones desde la cárcel del presunto genocida Leopoldo Fernández, candidato a vice de los cívicos. Dijo que tuvo una gran relación con el presidente, que le salvó el cuello durante el gobierno de Sánchez de Lozada, que dos veces rechazó invitaciones de Evo para integrar el MAS, el partido del oficialismo. Nada. Pero para un núcleo duro de la oposición, no más del 30 por ciento, Fernández, el Cacique de Pando, es una víctima. Para el resto del país es todo lo contrario. Es el autor intelectual del asesinato de 15 indígenas en el Porvenir, tal como reveló la comisión de expertos de Unasur que investigó la masacre. En todo caso, es el único preso por la violencia que desató el intento de golpe cívico del año pasado. Difícil entender cómo la oposición se buscó un candidato que provoque tanto rechazo en los sectores moderados que pretende seducir, salvo por la pobreza exhibida por su compañero de fórmula, Manfred Reyes Villa, y los demás candidatos, que sólo parecen servir para dispersar el voto opositor.
Y atacar a Evo, porque no tienen plan. Dicen que no sabe de economía, que no hay empleo, pero los indicadores muestran otra cosa. Según la encuestadora Mori de ese país, el “índice de bienestar” está en el punto más alto desde que se empezó a medir, hace ocho años. Esto es, los bolivianos sienten que están mejor que antes y que van a estar aún mejor en el futuro inmediato. Los índices de aprobación de Evo, alrededor del 71 por ciento, son los más altos desde que nacionalizó el gas, en los albores de su presidencia.
Evo hizo campaña a la vieja usanza, cortando cintas en todo el país. Con el programa Evo Cumple, subvencionado por el gobierno bolivariano de Venezuela, inauguró mercados, canchas de fútbol, parques, pequeñas obras aquí y allá. También anunció que consiguió un crédito de la Corporación Andina de Fomento para construir una autopista de seis vías entre La Paz y Oruro, para reemplazar a la vieja ruta de la muerte que serpentea el altiplano con sus dos carriles enfrentados. Y otro viejo anhelo de los bolivianos, también con un crédito de la CAF: la llamada Diagonal Jaime Mendoza, una ruta que uniría el sur de Chuquisaca con el Chaco boliviano, Sucre con Potosí.
La otra apuesta del MAS fue a judicializar la campaña. Está bien, se supone que la Justicia es independiente, pero la Oficina Anticorrupción esperó la ventana electoral para difundir su decisión de procesar a los principales líderes de la oposición por distintos crímenes. Costas, de Santa Cruz, y Suárez, de Beni, por los referendos autonómicos ilegales; Reyes Villa, de Cochabamba, por irregularidades en la construcción de una carretera; Cossio, de Tarija, por irregularidades en la compra de un generador eléctrico. Evo dijo en campaña que Reyes Villa va a ir preso y Fernández va a seguir preso por robar la plata del pueblo.
Las acusaciones son verosímiles y es cierto que la misma Oficina Anticorrupción, que depende directamente de Evo, acusó a varios intendentes del MAS por corruptelas con el programa Evo Cumple. Pero la oficina no tocó a ningún pez gordo cercano al gobierno. Y esperó 14 meses para acusar a Reyes Villa y 19 para acusar a Costa, justo a tiempo para el período electoral que habilita spots televisivos y avisos de diarios pagados por el Estado.
Es que no queda nada de la agenda grande, de los temas que llevaron a Bolivia al borde de la guerra civil. El proceso judicial por matanzas en la Guerra del Gas del 2003 está encaminado y ya hay fecha para el juicio oral. La Asamblea Constituyente ya se hizo, el pleito autonómico se dirimió y la nueva Constitución ya se plebiscitó.
Para esta elección el MAS llenó sus listas de profesionales –abogados, periodistas, médicos– relegando a los candidatos de los movimientos sociales a bancas uninominales. A los movimientos no les gustó pero lo aceptaron. Evo quiere técnicos para redactar las cien leyes que necesita la nueva Constitución y quiere cuadros capaces de pelear la letra chica. El perfil que se buscó es el de gente como Ana María Campero de Rodríguez, defensora del Pueblo durante los gobiernos de Banzer y Sánchez de Lozada, fama de honesta y valiente, buena llegada a los sectores medios, periodista, buena formación. Será presidenta del Senado.
Así las cosas, algunos ya están mirando la elección de gobernadores y alcalde de abril porque ahí sí hay algo en juego. En la Media Luna Evo tiene un índice de rechazo cercano al 40 por ciento. Si la oposición se uniese podría seguir ganándole, pero parece que no se va a unir y eso permitiría que el MAS penetre en un territorio que hasta ahora le es inexpugnable.
Mientras tanto Evo tiene planes. Va a pedirle un préstamo al Fondo Monetario Internacional. Va a pedir 10 mil millones de dólares, pero si consigue cinco se dará por más que satisfecho. Estados Unidos sigue siendo el diablo, nada cambió con Obama, Evo dice que es un prisionero del imperio. Pequeño detalle para las negociaciones con el Fondo, que por algo tiene sede en Washington.
Pero Evo tiene muchos amigos en Europa, especialmente en España. La última gira enamoró a los empresarios, según contaron los miembros de la comitiva. Bolivia es el principal receptor en América latina de ayuda directa del gobierno socialista español.
Más planes. Inversiones en el sector energético. Seis mil millones prometidos. Mil quinientos de Repsol YPF, otros mil de la venezolana Pdvsa, del consorcio ruso Gazprom y del gobierno de Irán.
El problema es que ahora nadie compra el gas. La demanda de Brasil y Argentina cayó un cuarenta por ciento, la recaudación de la renta por el gas se desplomó y Evo ha tenido que recortar las partidas a los municipios entre un 22 y un 45 por ciento. Como Chile tampoco compra vía Argentina como hacía antes porque ya hizo su propia planta de gas licuado de petróleo, la gente de Evo anda buscando mercados en Paraguay y Uruguay y quiere aumentar la demanda del mercado interno, pero igual se produce más de lo que se vende. Al final podría reflotarse aquel viejo proyecto de construir una planta transportadora en Chile para exportar el gas a Estados Unidos. Pero Evo no habla de eso porque aquel viejo proyecto fue el que desató la Guerra del Gas.
En tren de diversificar la economía, poco y nada, exceptuando la inteligente estrategia de la gente de Evo para explotar las cuantiosas reservas naturales de litio que alberga el país. Como antes hicieron con el estaño y ahora hacen con el gas, pero mejor. El litio sirve para fabricar las baterías de los celulares y de los autos eléctricos del futuro. Bolivia tiene la segunda reserva mundial de litio en el Salar de Uyuni, en Potosí. Todos quieren invertir. Toyota, Mitsubishi, las empresas de celulares, la Sumitomo japonesa, dueña de la mina de plata más grande de Bolivia, la Korex coreana, con inversiones en minas de hierro.
El gobierno controla la fórmula para convertir salmuera en el carbonato de litio que se usa en las baterías, fórmula desarrollada por investigadores de universidades bolivianas. Entonces exige que las empresas que quieran invertir usen esa fórmula y fabriquen las baterías en Bolivia.
Mientras sufre con el gas y espera que explote la fiebre del litio, Bolivia creció este año un 3,8 por ciento, la tasa más alta de la región, pequeño milagro del que no sería ajeno el fenómeno del narcotráfico, para muchos el sector más próspero de la economía boliviana, por más que Evo diga lo contrario. Aunque las cifras de superficie de áreas cultivadas con coca y el tonelaje de cocaína producida sean materia de discusión entre el gobierno y las agencias internacionales, lo que es difícil de ignorar es la burbuja inmobiliaria de Santa Cruz y las interminables listas de espera en sus concesionarias de autos importados último modelo. Allí en Santa Cruz, precisamente, es donde el Estado nacional boliviano da sus mayores muestras de debilidad.
Evo quiere agrandar la participación del Estado en el producto bruto interno (catorce mil millones de dólares), del 28 por ciento actual al 35 por ciento. Pero a los empresarios los deja hacer. Eso sí, les advierte que no se metan en política.
Después de todo lo que Evo tuvo que enfrentar durante su primer mandato, incluyendo un golpe fallido, hablar de década dorada parece mucho, pero Bolivia tiene derecho a soñar. Es que no todos los días un presidente llega al final de su mandato con el crédito intacto, reformas de fondo en marcha, continuidad garantizada y en las calles algo de paz.
Y atacar a Evo, porque no tienen plan. Dicen que no sabe de economía, que no hay empleo, pero los indicadores muestran otra cosa. Según la encuestadora Mori de ese país, el “índice de bienestar” está en el punto más alto desde que se empezó a medir, hace ocho años. Esto es, los bolivianos sienten que están mejor que antes y que van a estar aún mejor en el futuro inmediato. Los índices de aprobación de Evo, alrededor del 71 por ciento, son los más altos desde que nacionalizó el gas, en los albores de su presidencia.
Evo hizo campaña a la vieja usanza, cortando cintas en todo el país. Con el programa Evo Cumple, subvencionado por el gobierno bolivariano de Venezuela, inauguró mercados, canchas de fútbol, parques, pequeñas obras aquí y allá. También anunció que consiguió un crédito de la Corporación Andina de Fomento para construir una autopista de seis vías entre La Paz y Oruro, para reemplazar a la vieja ruta de la muerte que serpentea el altiplano con sus dos carriles enfrentados. Y otro viejo anhelo de los bolivianos, también con un crédito de la CAF: la llamada Diagonal Jaime Mendoza, una ruta que uniría el sur de Chuquisaca con el Chaco boliviano, Sucre con Potosí.
La otra apuesta del MAS fue a judicializar la campaña. Está bien, se supone que la Justicia es independiente, pero la Oficina Anticorrupción esperó la ventana electoral para difundir su decisión de procesar a los principales líderes de la oposición por distintos crímenes. Costas, de Santa Cruz, y Suárez, de Beni, por los referendos autonómicos ilegales; Reyes Villa, de Cochabamba, por irregularidades en la construcción de una carretera; Cossio, de Tarija, por irregularidades en la compra de un generador eléctrico. Evo dijo en campaña que Reyes Villa va a ir preso y Fernández va a seguir preso por robar la plata del pueblo.
Las acusaciones son verosímiles y es cierto que la misma Oficina Anticorrupción, que depende directamente de Evo, acusó a varios intendentes del MAS por corruptelas con el programa Evo Cumple. Pero la oficina no tocó a ningún pez gordo cercano al gobierno. Y esperó 14 meses para acusar a Reyes Villa y 19 para acusar a Costa, justo a tiempo para el período electoral que habilita spots televisivos y avisos de diarios pagados por el Estado.
Es que no queda nada de la agenda grande, de los temas que llevaron a Bolivia al borde de la guerra civil. El proceso judicial por matanzas en la Guerra del Gas del 2003 está encaminado y ya hay fecha para el juicio oral. La Asamblea Constituyente ya se hizo, el pleito autonómico se dirimió y la nueva Constitución ya se plebiscitó.
Para esta elección el MAS llenó sus listas de profesionales –abogados, periodistas, médicos– relegando a los candidatos de los movimientos sociales a bancas uninominales. A los movimientos no les gustó pero lo aceptaron. Evo quiere técnicos para redactar las cien leyes que necesita la nueva Constitución y quiere cuadros capaces de pelear la letra chica. El perfil que se buscó es el de gente como Ana María Campero de Rodríguez, defensora del Pueblo durante los gobiernos de Banzer y Sánchez de Lozada, fama de honesta y valiente, buena llegada a los sectores medios, periodista, buena formación. Será presidenta del Senado.
Así las cosas, algunos ya están mirando la elección de gobernadores y alcalde de abril porque ahí sí hay algo en juego. En la Media Luna Evo tiene un índice de rechazo cercano al 40 por ciento. Si la oposición se uniese podría seguir ganándole, pero parece que no se va a unir y eso permitiría que el MAS penetre en un territorio que hasta ahora le es inexpugnable.
Mientras tanto Evo tiene planes. Va a pedirle un préstamo al Fondo Monetario Internacional. Va a pedir 10 mil millones de dólares, pero si consigue cinco se dará por más que satisfecho. Estados Unidos sigue siendo el diablo, nada cambió con Obama, Evo dice que es un prisionero del imperio. Pequeño detalle para las negociaciones con el Fondo, que por algo tiene sede en Washington.
Pero Evo tiene muchos amigos en Europa, especialmente en España. La última gira enamoró a los empresarios, según contaron los miembros de la comitiva. Bolivia es el principal receptor en América latina de ayuda directa del gobierno socialista español.
Más planes. Inversiones en el sector energético. Seis mil millones prometidos. Mil quinientos de Repsol YPF, otros mil de la venezolana Pdvsa, del consorcio ruso Gazprom y del gobierno de Irán.
El problema es que ahora nadie compra el gas. La demanda de Brasil y Argentina cayó un cuarenta por ciento, la recaudación de la renta por el gas se desplomó y Evo ha tenido que recortar las partidas a los municipios entre un 22 y un 45 por ciento. Como Chile tampoco compra vía Argentina como hacía antes porque ya hizo su propia planta de gas licuado de petróleo, la gente de Evo anda buscando mercados en Paraguay y Uruguay y quiere aumentar la demanda del mercado interno, pero igual se produce más de lo que se vende. Al final podría reflotarse aquel viejo proyecto de construir una planta transportadora en Chile para exportar el gas a Estados Unidos. Pero Evo no habla de eso porque aquel viejo proyecto fue el que desató la Guerra del Gas.
En tren de diversificar la economía, poco y nada, exceptuando la inteligente estrategia de la gente de Evo para explotar las cuantiosas reservas naturales de litio que alberga el país. Como antes hicieron con el estaño y ahora hacen con el gas, pero mejor. El litio sirve para fabricar las baterías de los celulares y de los autos eléctricos del futuro. Bolivia tiene la segunda reserva mundial de litio en el Salar de Uyuni, en Potosí. Todos quieren invertir. Toyota, Mitsubishi, las empresas de celulares, la Sumitomo japonesa, dueña de la mina de plata más grande de Bolivia, la Korex coreana, con inversiones en minas de hierro.
El gobierno controla la fórmula para convertir salmuera en el carbonato de litio que se usa en las baterías, fórmula desarrollada por investigadores de universidades bolivianas. Entonces exige que las empresas que quieran invertir usen esa fórmula y fabriquen las baterías en Bolivia.
Mientras sufre con el gas y espera que explote la fiebre del litio, Bolivia creció este año un 3,8 por ciento, la tasa más alta de la región, pequeño milagro del que no sería ajeno el fenómeno del narcotráfico, para muchos el sector más próspero de la economía boliviana, por más que Evo diga lo contrario. Aunque las cifras de superficie de áreas cultivadas con coca y el tonelaje de cocaína producida sean materia de discusión entre el gobierno y las agencias internacionales, lo que es difícil de ignorar es la burbuja inmobiliaria de Santa Cruz y las interminables listas de espera en sus concesionarias de autos importados último modelo. Allí en Santa Cruz, precisamente, es donde el Estado nacional boliviano da sus mayores muestras de debilidad.
Evo quiere agrandar la participación del Estado en el producto bruto interno (catorce mil millones de dólares), del 28 por ciento actual al 35 por ciento. Pero a los empresarios los deja hacer. Eso sí, les advierte que no se metan en política.
Después de todo lo que Evo tuvo que enfrentar durante su primer mandato, incluyendo un golpe fallido, hablar de década dorada parece mucho, pero Bolivia tiene derecho a soñar. Es que no todos los días un presidente llega al final de su mandato con el crédito intacto, reformas de fondo en marcha, continuidad garantizada y en las calles algo de paz.
Publicado en Págna/12 el 6 de diciembre de 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Entrevista a Santiago O'Donnell
Bruno Sgarzini publicó en su Blog "Lo que no se ve" la siguiente entrevista a Santiago O'Donnell. Para verla en el blog original visite http://loqnoseve.blogspot.com/2009/11/odonnell-la-situacion-en-latinoamerica.html. A continuación el video con la entrevista+/- Ver mas...
Más de izquierda
Dos breves mensajes que plantean distintos puntos de vista sobre las elecicones en Uruguay (ver última entrada)+/- Ver mas...
Por qué centrarse en el tema de la ley de caducidad cuando se disputa la segunda vuelta que asegurará un segundo gobierno del Frente Amplio?. El problema del plebiscito por la papeleta rosada fue su oportunidad, y la falta de compromiso de los candidatos y de la fuerza política no puede tapar los logros de este gobierno en la materia. La ley desaparecerá, aunque sea por vía parlamentaria, ya se está discutiendo esa posibilidad y es muy factible que se concrete durante el próximo mandato. El tema central de esta jornada no debería soslayarse: que un candidato como Mujica, tan inusual en la política uruguaya, sea el próximo presidente. Tengo 35 años y un compromiso ideológico, emocional con la izquierda en cualquier punto del planeta. Cierta ortodoxia en el manejo de la política económica podrá irritarnos un poco, pero no hace eprder la perspectiva: el compromiso con las más pobres, los avances en la legislación laboral, en materia de política criminal y en temas sociales como la igual de género y reconocimientos para las minorías sexuales, que concretó el gobierno de Tabaré y solamente otro del Frente Amplio puede asegurar.
Mariannina Alvarez
Bien. De lo mejor que he leído desde allá sobre Uruguay. El asunto de la ley de caducidad es un aspecto más de la hipocresía con que se mueven los políticos por aquí. Diría que la sociedad en general. Ya sé, me vas a decir que en todos lados. Pero uno se cansa que de afuera, y sobre todo de Argentina, los elogios abunden (moderación, tranquilidad, negociación, civismo, etc., etc.), cuando una persona más o menps atenta, que vive aquí, se da cuenta los "pilares" que sostienen nuestra "manera". Da para muchísimo más, pero baste el ejemplo de Daniel Martínez, ayer ministro de Tabaré Vázquez y hoy "descubridor" de que el anterior gobierno no fue "tan de izquierda". Martínez y Vázquez: los dos del Frente y los dos del Partido Socialista, aunque no hace mucho Vázquez haya renunciado por el tema del aborto. La unión de la izquierda es una gran mentira que no va a tardar en explotar, aunque sea a la uruguaya.
No me gustan los K, pero son claramente más de izquierda que los FA.
salud
fernando
Mariannina Alvarez
Bien. De lo mejor que he leído desde allá sobre Uruguay. El asunto de la ley de caducidad es un aspecto más de la hipocresía con que se mueven los políticos por aquí. Diría que la sociedad en general. Ya sé, me vas a decir que en todos lados. Pero uno se cansa que de afuera, y sobre todo de Argentina, los elogios abunden (moderación, tranquilidad, negociación, civismo, etc., etc.), cuando una persona más o menps atenta, que vive aquí, se da cuenta los "pilares" que sostienen nuestra "manera". Da para muchísimo más, pero baste el ejemplo de Daniel Martínez, ayer ministro de Tabaré Vázquez y hoy "descubridor" de que el anterior gobierno no fue "tan de izquierda". Martínez y Vázquez: los dos del Frente y los dos del Partido Socialista, aunque no hace mucho Vázquez haya renunciado por el tema del aborto. La unión de la izquierda es una gran mentira que no va a tardar en explotar, aunque sea a la uruguaya.
No me gustan los K, pero son claramente más de izquierda que los FA.
salud
fernando
lunes, 30 de noviembre de 2009
Límites - Por Santiago O’Donnell

Si hoy gana en Uruguay el Frente Amplio de la centroizquierda, como predicen encuestas confiables, que el festejo no tape el precio pagado por la victoria.
Por una mezcla de estrategia electoral y falta de convicción, el Frente Amplio no apoyó el plebiscito para anular la ley de impunidad para los crímenes de la dictadura.
Al menos no apoyó lo suficiente ni mucho menos todo lo que podía.
El plebiscito fue derrotado por un par de puntitos.+/- Ver mas...
A pesar de que hacía pocos días la Corte Suprema había fallado que esa ley no es constitucional.
A pesar de que los principales responsables de la dictadura están presos por violaciones a los derechos humanos.
A pesar del valiente esfuerzo de los familiares de las víctimas de los crímenes que siguen impunes, quienes impulsaron la iniciativa con el apoyo de las organizaciones de la sociedad civil especializadas en el tema, de la principal central obrera, y de destacados intelectuales del país.
Pero el Frente Amplio casi ni tocó el tema durante la campaña.
Sus candidatos y publicistas eligieron concentrar el mensaje en la imagen de gestión “seria” y “honesta” que supo ganarse el gobierno frenteamplista en la opinión pública uruguaya, en contraste con las sospechas de corrupción que plagaron el anterior gobierno del neoliberal Luis Lacalle, principal candidato opositor y rival de Pepe Mujica en el ballottage de hoy.
Nadie acusó a Lacalle de corrupto durante el largo y civilizado proceso electoral uruguayo, pero tampoco hizo falta.
Alcanzó con mostrar los logros de la presidencia de Vázquez: menos pobreza, menos desigualdad, más presupuesto para salud y educación, inversión extranjera, computadoras para los chicos.
Así, los estrategas del Frente Amplio le escaparon a cualquier debate que llevara a revisitar los traumáticos años setenta y los números parecieron darles la razón.
En cambio la campaña de Lacalle giró alrededor del pasado tupamaro de Mujica.
El candidato de la derecha se cansó de repetir que el Pepe había estado preso por crímenes cometidos contra un gobierno democrático, anterior a la dictadura, bajo la influencia de los ideales de la Revolución Cubana.
Al discurso retrógrado le sumó una serie de errores durante la campaña que incluyó la poco feliz expresión de “pasarle una motosierra al gasto público” ante un electorado que defendió a su Estado aun durante la fiebre neoliberal de los ’90. También se excedió con su discurso de mano dura al afirmar que “la sociedad uruguaya está pidiendo más represión”.
Después de perder en la primera vuelta, Lacalle dobló la apuesta setentista y armó un escándalo alrededor del descubrimiento de un supuesto arsenal de armas tupamaras. De tan burda, la operación de prensa terminó siendo un boomerang que le permitió a Mujica estirar su ventaja en las encuestas, según la opinión casi unánime de los analistas que siguieron el tema.
Entre los sectores medios en disputa, la opereta reafirmó la imagen de Lacalle como el dinosaurio que mira al pasado, en contraste con un Mujica aggiornado con la mira puesta en el futuro.
Para entonces el plebiscito contra la ley de impunidad había sido derrotado.
Mujica lo había apoyado sólo en lo formal. Tabaré Vázquez ni siquiera eso. Tampoco hizo suyo el tema el MPP de los Tupamaros, eje duro de la militancia de base que puso a Mujica donde está.
Según la socióloga uruguaya Alicia Li-ssidini, especialista en democracia directa, las características técnicas del plebiscito también jugaron en contra.
A diferencia del plebiscito organizado por la dictadura para legitimarse y que fuera derrotado en 1980, en este plebiscito no se decidía por sí o por no. Más bien, para votar por el sí, había que incluir una boleta, la llamada papeleta rosa, junto a la boleta de los candidatos en el sobre del voto.
Entonces todos los que no vieron la boleta, o fueron indiferentes a la boleta, o se olvidaron de la boleta, de hecho y quizá sin quererlo, votaron por el no.
En Uruguay existe todavía la cultura de reunirse en la unidad básica y llevar la boleta al cuarto oscuro. Pero en muchos locales partidarios del Frente Amplio la papeleta rosa no fue incluida en los sobres que se repartieron, contó Lissidini, docente de la Universidad de San Martín.
El hasta hoy candidato ensayó una autocrítica bastante ligera en la conferencia de prensa tras el triunfo de la primera vuelta. Dijo que el tema se “perdió un poco” en el fragor de la campaña y que faltó información.
El presidente de la nación y referente del Frente Amplio directamente se abstuvo de opinar sobre el tema, amparándose en la prescindencia que debe ejercer el primer mandatario uruguayo durante las campañas presidenciales, que en Uruguay es ley y también tradición.
Pero en otros temas Vázquez sí opinó, por ejemplo para suavizar las fuertes declaraciones de Mujica sobre Argentina que aparecieron publicadas en un libro pocos días antes de la votación.
“Vázquez estuvo en contra del plebiscito y Mujica tuvo una actitud ambivalente”, analizó Lissidini, recibida en la Universidad de la República, Uruguay, con maestría y doctorado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Durante una entrevista en su oficina de la calle Paraná, la socióloga predijo que Mujica ganaría por siete puntos y dijo que no esperaba grandes cambios en el próximo gobierno del Frente Amplio.
fccMujica ya dijo que Astori va a seguir manejando los temas económicos y es probable que siga el mismo ministro de Economía que terminó la gestión de Vázquez. En la campaña Mujica apenas llegó a insinuar la intención de algún cambio leve al secreto bancario, pilar del sistema financiero uruguayo, y la respuesta fue tan adversa que enseguida se tuvo que echar atrás.
“Uruguay es un país muy dependiente, inclusive mucho más que Bolivia, que tiene el recurso del gas”, dice la socióloga. “Eso influye mucho en el tema del secreto financiero y también otros temas económicos, como el de (la instalación de la papelera de la firma finlandesa) Botnia.”
Habrá cambios, claro que sí. Mujica anunció que no repetiría el veto de Vázquez a una ley para legalizar el aborto. Tampoco impediría que la ley de amnistía se anule en el Congreso. Pero serán cambios graduales, consensuados, contenidos y debidamente canalizados.
“Hasta la oposición tiene límites en Uruguay. Por eso no hay piqueteros. Los reclamos se hacen a través de métodos más institucionalizados”, dijo Lissidini.
Uno de esos métodos es el de la consulta popular. En Uruguay sirvió para ratificar la ley de impunidad. Pero también, en su hora más gloriosa, sirvió para anular una ley del gobierno de Lacalle que le abría la puerta a una ola de privatizaciones.
A diferencia de Venezuela o Ecuador, donde el presidente impulsa directamente o indirectamente la consultas populares, en Uruguay esa prerrogativa del Ejecutivo no existe, dice la socióloga, autora del libro Democracia Directa en Latino-américa.
Entonces el plebiscito funciona en Uruguay como un recurso excepcional. Sirve para corregir una ley mala por el Congreso, como la de las privatizaciones de Lacalle, o para instalar un tema ignorado en la agenda política, como el de la anulación de la ley de impunidad.
Pero no se usa como instrumento del Ejecutivo para gobernar. Complementa la democracia representativa en vez de reemplazarla.
Lissidini lo prefiere así. “La democracia directa tiene que estar en manos de los ciudadanos”. apuntó. “En Uruguay no sólo no perjudicó, sino que dinamizó el sistema de partidos.”
Ese sistema y esa cultura política marcan límites muy precisos a las aspiraciones de Mujica aun antes de asumir.
Como dice el aviso de la tarjeta de crédito, pertenecer tiene sus privilegios. Sólo hay que estar dispuesto a pagarlos.
A pesar de que los principales responsables de la dictadura están presos por violaciones a los derechos humanos.
A pesar del valiente esfuerzo de los familiares de las víctimas de los crímenes que siguen impunes, quienes impulsaron la iniciativa con el apoyo de las organizaciones de la sociedad civil especializadas en el tema, de la principal central obrera, y de destacados intelectuales del país.
Pero el Frente Amplio casi ni tocó el tema durante la campaña.
Sus candidatos y publicistas eligieron concentrar el mensaje en la imagen de gestión “seria” y “honesta” que supo ganarse el gobierno frenteamplista en la opinión pública uruguaya, en contraste con las sospechas de corrupción que plagaron el anterior gobierno del neoliberal Luis Lacalle, principal candidato opositor y rival de Pepe Mujica en el ballottage de hoy.
Nadie acusó a Lacalle de corrupto durante el largo y civilizado proceso electoral uruguayo, pero tampoco hizo falta.
Alcanzó con mostrar los logros de la presidencia de Vázquez: menos pobreza, menos desigualdad, más presupuesto para salud y educación, inversión extranjera, computadoras para los chicos.
Así, los estrategas del Frente Amplio le escaparon a cualquier debate que llevara a revisitar los traumáticos años setenta y los números parecieron darles la razón.
En cambio la campaña de Lacalle giró alrededor del pasado tupamaro de Mujica.
El candidato de la derecha se cansó de repetir que el Pepe había estado preso por crímenes cometidos contra un gobierno democrático, anterior a la dictadura, bajo la influencia de los ideales de la Revolución Cubana.
Al discurso retrógrado le sumó una serie de errores durante la campaña que incluyó la poco feliz expresión de “pasarle una motosierra al gasto público” ante un electorado que defendió a su Estado aun durante la fiebre neoliberal de los ’90. También se excedió con su discurso de mano dura al afirmar que “la sociedad uruguaya está pidiendo más represión”.
Después de perder en la primera vuelta, Lacalle dobló la apuesta setentista y armó un escándalo alrededor del descubrimiento de un supuesto arsenal de armas tupamaras. De tan burda, la operación de prensa terminó siendo un boomerang que le permitió a Mujica estirar su ventaja en las encuestas, según la opinión casi unánime de los analistas que siguieron el tema.
Entre los sectores medios en disputa, la opereta reafirmó la imagen de Lacalle como el dinosaurio que mira al pasado, en contraste con un Mujica aggiornado con la mira puesta en el futuro.
Para entonces el plebiscito contra la ley de impunidad había sido derrotado.
Mujica lo había apoyado sólo en lo formal. Tabaré Vázquez ni siquiera eso. Tampoco hizo suyo el tema el MPP de los Tupamaros, eje duro de la militancia de base que puso a Mujica donde está.
Según la socióloga uruguaya Alicia Li-ssidini, especialista en democracia directa, las características técnicas del plebiscito también jugaron en contra.
A diferencia del plebiscito organizado por la dictadura para legitimarse y que fuera derrotado en 1980, en este plebiscito no se decidía por sí o por no. Más bien, para votar por el sí, había que incluir una boleta, la llamada papeleta rosa, junto a la boleta de los candidatos en el sobre del voto.
Entonces todos los que no vieron la boleta, o fueron indiferentes a la boleta, o se olvidaron de la boleta, de hecho y quizá sin quererlo, votaron por el no.
En Uruguay existe todavía la cultura de reunirse en la unidad básica y llevar la boleta al cuarto oscuro. Pero en muchos locales partidarios del Frente Amplio la papeleta rosa no fue incluida en los sobres que se repartieron, contó Lissidini, docente de la Universidad de San Martín.
El hasta hoy candidato ensayó una autocrítica bastante ligera en la conferencia de prensa tras el triunfo de la primera vuelta. Dijo que el tema se “perdió un poco” en el fragor de la campaña y que faltó información.
El presidente de la nación y referente del Frente Amplio directamente se abstuvo de opinar sobre el tema, amparándose en la prescindencia que debe ejercer el primer mandatario uruguayo durante las campañas presidenciales, que en Uruguay es ley y también tradición.
Pero en otros temas Vázquez sí opinó, por ejemplo para suavizar las fuertes declaraciones de Mujica sobre Argentina que aparecieron publicadas en un libro pocos días antes de la votación.
“Vázquez estuvo en contra del plebiscito y Mujica tuvo una actitud ambivalente”, analizó Lissidini, recibida en la Universidad de la República, Uruguay, con maestría y doctorado de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Durante una entrevista en su oficina de la calle Paraná, la socióloga predijo que Mujica ganaría por siete puntos y dijo que no esperaba grandes cambios en el próximo gobierno del Frente Amplio.
fccMujica ya dijo que Astori va a seguir manejando los temas económicos y es probable que siga el mismo ministro de Economía que terminó la gestión de Vázquez. En la campaña Mujica apenas llegó a insinuar la intención de algún cambio leve al secreto bancario, pilar del sistema financiero uruguayo, y la respuesta fue tan adversa que enseguida se tuvo que echar atrás.
“Uruguay es un país muy dependiente, inclusive mucho más que Bolivia, que tiene el recurso del gas”, dice la socióloga. “Eso influye mucho en el tema del secreto financiero y también otros temas económicos, como el de (la instalación de la papelera de la firma finlandesa) Botnia.”
Habrá cambios, claro que sí. Mujica anunció que no repetiría el veto de Vázquez a una ley para legalizar el aborto. Tampoco impediría que la ley de amnistía se anule en el Congreso. Pero serán cambios graduales, consensuados, contenidos y debidamente canalizados.
“Hasta la oposición tiene límites en Uruguay. Por eso no hay piqueteros. Los reclamos se hacen a través de métodos más institucionalizados”, dijo Lissidini.
Uno de esos métodos es el de la consulta popular. En Uruguay sirvió para ratificar la ley de impunidad. Pero también, en su hora más gloriosa, sirvió para anular una ley del gobierno de Lacalle que le abría la puerta a una ola de privatizaciones.
A diferencia de Venezuela o Ecuador, donde el presidente impulsa directamente o indirectamente la consultas populares, en Uruguay esa prerrogativa del Ejecutivo no existe, dice la socióloga, autora del libro Democracia Directa en Latino-américa.
Entonces el plebiscito funciona en Uruguay como un recurso excepcional. Sirve para corregir una ley mala por el Congreso, como la de las privatizaciones de Lacalle, o para instalar un tema ignorado en la agenda política, como el de la anulación de la ley de impunidad.
Pero no se usa como instrumento del Ejecutivo para gobernar. Complementa la democracia representativa en vez de reemplazarla.
Lissidini lo prefiere así. “La democracia directa tiene que estar en manos de los ciudadanos”. apuntó. “En Uruguay no sólo no perjudicó, sino que dinamizó el sistema de partidos.”
Ese sistema y esa cultura política marcan límites muy precisos a las aspiraciones de Mujica aun antes de asumir.
Como dice el aviso de la tarjeta de crédito, pertenecer tiene sus privilegios. Sólo hay que estar dispuesto a pagarlos.
Publicado en Página/12 en 29 de noviemvre de 2009
Imagen EFE
martes, 24 de noviembre de 2009
Auto sin conductor
Tres cartas acerca de la situación hondureña y el rol de EE.UU.+/- Ver mas...
VA UN TIPO manejando un carro a toda velocidad.... LE DAN UN TIRO....
Està muerto, pero el carro sigue dando coñazos.
En el plano de los paises esos segundos pueden significar AÑOS.
AL IMPERIO ese tiro ya se lo dieron ( o fue suicidio ?) `- torres gemelas -
AHORITA el carro sigue a los tumbos, pero ellos ya estan muertos...
(CUIDAO Y NO NOS AGARRE)
Daniel Alfredo Beretta Costas
ME TOMO EL ATREVIMIENTO DE ESCRIBIRTE PORQUE EL ARTICULO ME PARECIO MUY BUENO
BUENA SEMANA
MUCHAS GRACIAS
RAUL NUÑES
Hola Santiago
Aca te comento tu artículo sobre honduras, que acabo de leer.
Como siempre, verás que voy por el lado de ver lo más sombrio en cuanto a eeuu.
No creas, yo también tuve una época de simpatía por el cambio que se avecinaba, muy corta, en verdad.
En cuanto a mis opiniones sobre tu artículo.
No hubo la tal preferencia de eeuu por un proceso multilateral, sino la intervención o la interrupción más bien de un proceso multilateral con la irrupción de eeuu y su propuesta de san josé. (fidel castro lo entendió más rápido que nadie, y anticipó lo que realmente ocurrió hace 4 meses. Durante meses todos, incluso Brasil, ya llegaban a decir que Micheletti solo se sostenía por las ambiguas actitudes de eeuu. Porque nunca llegó a cortar todo su crédito, ni a cancelar las visas de los golpistas (un empresario, la hija de micheletti y un par de señoras y algun otro). Es cierto que tardiamente suspendio algunas ayudas, pero no lo fundamental. Micheletti dijo entonces que no les importaba quedarse aislados de todo el mundo mientras eeuu no los aislara.
Tanto, tanto se cayo el "espíritu" del acuerdo, que el mismo Arias dijo ahora que esta conclusión avalada por eeuu es una fantochada. En cambio eeuu, al que si es verdad que toda latinoamérica habia presionado desde el golpe de estado para que de verdad se pronunciara explicitamente (y se dejó estar maliciosamente hasta que vió la ventana para pasar por limpio este acuerdo traicionero, bananero, rancio y de teatralidad senil), y mandó a Shannon que abrochó las últimas costuras de esta comedia barata y habilitó la payasada de política de un gobierno de unidad con Micheletti al frente. Y lo que es más claro, simultáneamente reconoció las futuras elecciones, con Micheletti, o en todo caso,con el golpe de estado en el poder, en contra del resto de latinoamérica, excepto de sus aliados previsibles y recalcitrantes. Shannon no intervino durante todo el tiempo que latinoamérica pidio definiciones, no cuando los gobiernos latinoamericanos le dijeron a Estados Unidos que resolviera el problema, como vos decís, no, intervino cuando vieron que podía colar su acuerdo trampa. Makes sense. Y lo hicieron.
¿Por qué no decis en ningún lado que eeuu ha dicho que va a reconocer estas elecciones ilegales?
¿Donde está el gobierno con sectores de izquierda de eeuu al que me hacias referencia en tu correo anterior, si no entendi mal?
Los verdaderos dueños de las llaves para destrabar el conflicto son los políticos hondureños. Si los principales candidatos se bajaran de estas elecciones ilegítimas, forzarían la restitución de Zelaya y desbaratarían la estrategia estadounidense de mantener el statu quo.
Los verdaderos dueños de los políticos oligárquicos de honduras son los eeuu, y lo que ha pasado antes, y lo que está pasando lo prueba.
Y aunque no lo quieras ver, porque lo de la IV flota te parezca una ficción, si hay un redespliegue de eeuu en su patio trasero, muy pero muy evidente (oílo a Lula si no) y el acuerdo de acceso irrestricto a colombia lo demuestra muy muy claramente. Van a aprovecharse de los conflictos sociales o nacionales o de lo que sea, para meter sus cuñas en las democracias que no les sean afines.
Me parece muy buena tu observación de la paradoja de esta constitucion vigente en honduras. Muy poco valorada, cuando de forma oportunista, los medios, se vuelven anticonstituyentes, según el viento y las conveniencias de las multinacionales.
Bueno Santiago, saludos
Ahh, me gustó mucho enterarme del retrato del siquiatra enloquecido en el mall de los militares. Por supuesto que al final le pusiste la leyenda con la que terminan todos los retratos sociales de hollywood: esto demuestra la fortaleza de la democracia en eeuu
tito de la vega
Està muerto, pero el carro sigue dando coñazos.
En el plano de los paises esos segundos pueden significar AÑOS.
AL IMPERIO ese tiro ya se lo dieron ( o fue suicidio ?) `- torres gemelas -
AHORITA el carro sigue a los tumbos, pero ellos ya estan muertos...
(CUIDAO Y NO NOS AGARRE)
Daniel Alfredo Beretta Costas
ME TOMO EL ATREVIMIENTO DE ESCRIBIRTE PORQUE EL ARTICULO ME PARECIO MUY BUENO
BUENA SEMANA
MUCHAS GRACIAS
RAUL NUÑES
Hola Santiago
Aca te comento tu artículo sobre honduras, que acabo de leer.
Como siempre, verás que voy por el lado de ver lo más sombrio en cuanto a eeuu.
No creas, yo también tuve una época de simpatía por el cambio que se avecinaba, muy corta, en verdad.
En cuanto a mis opiniones sobre tu artículo.
No hubo la tal preferencia de eeuu por un proceso multilateral, sino la intervención o la interrupción más bien de un proceso multilateral con la irrupción de eeuu y su propuesta de san josé. (fidel castro lo entendió más rápido que nadie, y anticipó lo que realmente ocurrió hace 4 meses. Durante meses todos, incluso Brasil, ya llegaban a decir que Micheletti solo se sostenía por las ambiguas actitudes de eeuu. Porque nunca llegó a cortar todo su crédito, ni a cancelar las visas de los golpistas (un empresario, la hija de micheletti y un par de señoras y algun otro). Es cierto que tardiamente suspendio algunas ayudas, pero no lo fundamental. Micheletti dijo entonces que no les importaba quedarse aislados de todo el mundo mientras eeuu no los aislara.
Tanto, tanto se cayo el "espíritu" del acuerdo, que el mismo Arias dijo ahora que esta conclusión avalada por eeuu es una fantochada. En cambio eeuu, al que si es verdad que toda latinoamérica habia presionado desde el golpe de estado para que de verdad se pronunciara explicitamente (y se dejó estar maliciosamente hasta que vió la ventana para pasar por limpio este acuerdo traicionero, bananero, rancio y de teatralidad senil), y mandó a Shannon que abrochó las últimas costuras de esta comedia barata y habilitó la payasada de política de un gobierno de unidad con Micheletti al frente. Y lo que es más claro, simultáneamente reconoció las futuras elecciones, con Micheletti, o en todo caso,con el golpe de estado en el poder, en contra del resto de latinoamérica, excepto de sus aliados previsibles y recalcitrantes. Shannon no intervino durante todo el tiempo que latinoamérica pidio definiciones, no cuando los gobiernos latinoamericanos le dijeron a Estados Unidos que resolviera el problema, como vos decís, no, intervino cuando vieron que podía colar su acuerdo trampa. Makes sense. Y lo hicieron.
¿Por qué no decis en ningún lado que eeuu ha dicho que va a reconocer estas elecciones ilegales?
¿Donde está el gobierno con sectores de izquierda de eeuu al que me hacias referencia en tu correo anterior, si no entendi mal?
Los verdaderos dueños de las llaves para destrabar el conflicto son los políticos hondureños. Si los principales candidatos se bajaran de estas elecciones ilegítimas, forzarían la restitución de Zelaya y desbaratarían la estrategia estadounidense de mantener el statu quo.
Los verdaderos dueños de los políticos oligárquicos de honduras son los eeuu, y lo que ha pasado antes, y lo que está pasando lo prueba.
Y aunque no lo quieras ver, porque lo de la IV flota te parezca una ficción, si hay un redespliegue de eeuu en su patio trasero, muy pero muy evidente (oílo a Lula si no) y el acuerdo de acceso irrestricto a colombia lo demuestra muy muy claramente. Van a aprovecharse de los conflictos sociales o nacionales o de lo que sea, para meter sus cuñas en las democracias que no les sean afines.
Me parece muy buena tu observación de la paradoja de esta constitucion vigente en honduras. Muy poco valorada, cuando de forma oportunista, los medios, se vuelven anticonstituyentes, según el viento y las conveniencias de las multinacionales.
Bueno Santiago, saludos
Ahh, me gustó mucho enterarme del retrato del siquiatra enloquecido en el mall de los militares. Por supuesto que al final le pusiste la leyenda con la que terminan todos los retratos sociales de hollywood: esto demuestra la fortaleza de la democracia en eeuu
tito de la vega
Escenarios - Por Santiago O’Donnell

La crisis de Honduras sigue sin resolverse, pero con la campaña electoral en marcha ya se vislumbran algunos posibles escenarios. Desde la perspectiva de Washington, la solución multilateral que ellos preferían fue intentada y fracasó cuando se cayó el llamado Acuerdo de San José-Tegucigalpa.
Por supuesto que Estados Unidos no fue ajeno a ese proceso multilateral desde el mismo momento en que impulsó como negociador a Oscar Arias, cosa que los demás países de la región aceptaron. Y más allá de si apoyó, consintió, o no hizo suficiente cuando el avión que llevaba al exilio al presidente legítimo hizo escala en la base de Palmerola, a la hora de negociar el gobierno de Obama aceptó que la vuelta de Zelaya al poder era una condición imprescindible para llegar a un acuerdo, y entendió que el dictador Micheletti sólo aceptaría dicha solución bajo presión de la comunidad internacional. Entonces canceló las visas de los golpistas, expulsó a sus diplomáticos, congeló su crédito internacional, y los denunció en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.+/- Ver mas...
Y quizá algo más. Este cronista no lo pudo confirmar, pero una fuente diplomática europea le deslizó que el regreso de Zelaya a su país también se produjo a través de la base de Palmerola. La ruta del regreso es tema tabú entre los zelayistas, y en todo caso el gobierno de Estados Unidos fue el primero en darle la bienvenida y llevarle comida cuando Zelaya se refugió en la embajada brasileña de Tegucigalpa. Makes sense.
Pero según contó una fuente cercana al gobierno de Obama, cuando el acuerdo se cayó hace dos semanas los zelayistas y los gobiernos latinoamericanos le dijeron a Estados Unidos que resolviera el problema. Entonces Shannon viajó a Tegucigalpa y negoció un acuerdo, que decía que el Congreso debe decidir la restitución de Zelaya, “en el espíritu del acuerdo de San José de Costa Rica”. O sea, el Congreso debe resolver, pero con la idea de que Zelaya debe ser restituido.
Claro que en términos legales “espíritu” es una palabra difícil de sopesar. Cuando Zelaya no fue restituido por el Congreso dentro de los plazos que se conversaron en la negociación, con toda razón se dio por engañado y dio por terminado el acuerdo. Pero el miércoles pasado Ian Kelly, vocero del Departamento de Estado, dijo que el acuerdo sigue vigente porque no establecía plazos para la restitución de Zelaya. Y anteayer el dictador anunció que para facilitar la transición piensa “alejarse del poder” mientras se celebran las elecciones, el próximo domingo. El mandato del futuro presidente empezaría a fines de enero.
Desde la perspectiva de Washington, las cosas están encaminadas. El escenario ideal es convencer a Zelaya de que reasuma aunque sea en el último día de su mandato para legitimar al próximo gobierno. Calculan que la dictadura no tendría problema en que asumiera Zelaya pocas horas o algunos días antes de que termine su mandato constitucional, y que todavía podrían negociar algunas cosas con Zelaya, para que cambie de idea. Desde que se cayó el acuerdo, Zelaya viene diciendo que la elecciones del 29 de noviembre serán un fraude y una farsa y que no será funcional a las maniobras para legitimarlas.
“¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que haya elecciones razonablemente libres, aunque Zelaya no las apoye, y que se elija un nuevo gobierno? Claro que no es la solución ideal, pero las demás opciones son peores”, argumenta una fuente estadounidense.
Entonces, desde la perspectiva de Washington, a Zelaya ahora le queda la opción de aceptar un regreso simbólico para legitimar las elecciones, o exponer al próximo gobierno de Honduras a cuatro años más de aislamiento diplomático, porque la Organización de Estados Americanos (OEA) ya ha dicho que sin restitución de Zelaya no reconocerá al ganador de los comicios.
El primero sería el escenario ideal para los estadounidenses; el segundo sería un escenario alternativo pero igualmente aceptable. El aislamiento de Honduras sería sólo parcial. Para empezar, la Unión Europea dice que recién se pronunciará al respecto después de las elecciones. La mayoría de los países de la región y el propio organismo mantendrían su posición de no reconocer las elecciones del 29 de noviembre. Pero en la OEA evalúan que Panamá, Colombia, Canadá y quizá Perú acompañarían a Estados Unidos en el reconocimiento del nuevo gobierno.
Siempre tan prácticos estos norteamericanos. Típica solución de su manual de “nation building”, ese que está lleno de promesas, pero que ya cuenta con demasiados fracasos, siendo el último el vergonzoso acto eleccionario en Afganistán el 20 de agosto. No existe el almuerzo gratis. En América latina costó demasiada sangre entender que los pueblos no toleran líderes proscriptos, ni aguantan la pesada herencia de un golpe impune.
Lamentablemente, a la hora de elegir muchas ex colonias siguen comportándose como colonias, casi por inercia, sobre todo a la hora de repartir culpas. Los verdaderos dueños de las llaves para destrabar el conflicto son los políticos hondureños. Si los principales candidatos se bajaran de estas elecciones ilegítimas, forzarían la restitución de Zelaya y desbaratarían la estrategia estadounidense de mantener el statu quo.
Ese escenario haría posible una verdadera refundación de Honduras. El punto de partida sería una discusión sobre la principal herramienta de control de los sectores conservadores y proestadounidenses que forzaron la salida de Zelaya.
Esa herramienta de dominación es la Constitución hondureña. Fue sancionada en 1982, en plena guerra de contrainsurgencia, cuando ese país era la plataforma de lanzamiento de las operaciones militares y de inteligencia del gobierno de Ronald Reagan para desestabilizar al gobierno sandinista y combatir la guerrilla en El Salvador y Guatemala.
Una Constitución tan rígida que hasta prohíbe cualquier intento por reformarla, y a la vez tan perfectible que ni siquiera contempla un proceso de juicio político para un presidente acusado de violarla. Podría decirse que esa es la contradicción que dio origen a la crisis política hondureña. Los errores de cálculo de Zelaya y sobre todo la ambición de poder de la derecha golpista local e internacional hicieron el resto.
La crisis encuentra a la región en un estado de ebullición, sin grandes dramas pero con varios escenarios potencialmente explosivos. La pelea entre Perú y Chile por un caso de espionaje, las tensiones crecientes en la frontera entre Colombia y Venezuela, la amenaza golpista que jaquea al presidente paraguayo, el enfrentamiento entre gobierno y empresarios en Guatemala son nubes que se acumulan en el horizonte. Nubes que parecen augurar un cambio de época.
Antes, bajo la tutela de Washington, muchos de estos conflictos ya estarían resueltos o encaminados hacia un desenlace previsible. Los escenarios que hoy se pueden vislumbrar para Honduras y la región no serán alentadores, pero tampoco son tan catastróficos como cuando todo se solucionaba con el garrote de los Marines y la chequera del FMI.
Las huellas que va dejando el repliegue estadounidense –repliegue táctico, estratégico, temporario, permanente, cínico, sincero, oportunista, inevitable: el tiempo dirá– son huellas que conducen a un escenario denso, fragmentado, fluido e imprevisible.
Un escenario sin divas ni finales cantados, que invita a la construcción colectiva. O sea, a la emergencia de nuevos liderazgos, a la creación y afinación de instrumentos regionales, a la convergencia económica, política y cultural, al pago de deudas internas.
Nuevos actores, nuevo guión, un público que se renueva. El escenario cambió. No del todo, pero cambió bastante. Y bastante costó cambiarlo como para pensar que sólo cambió el decorado.
Pero según contó una fuente cercana al gobierno de Obama, cuando el acuerdo se cayó hace dos semanas los zelayistas y los gobiernos latinoamericanos le dijeron a Estados Unidos que resolviera el problema. Entonces Shannon viajó a Tegucigalpa y negoció un acuerdo, que decía que el Congreso debe decidir la restitución de Zelaya, “en el espíritu del acuerdo de San José de Costa Rica”. O sea, el Congreso debe resolver, pero con la idea de que Zelaya debe ser restituido.
Claro que en términos legales “espíritu” es una palabra difícil de sopesar. Cuando Zelaya no fue restituido por el Congreso dentro de los plazos que se conversaron en la negociación, con toda razón se dio por engañado y dio por terminado el acuerdo. Pero el miércoles pasado Ian Kelly, vocero del Departamento de Estado, dijo que el acuerdo sigue vigente porque no establecía plazos para la restitución de Zelaya. Y anteayer el dictador anunció que para facilitar la transición piensa “alejarse del poder” mientras se celebran las elecciones, el próximo domingo. El mandato del futuro presidente empezaría a fines de enero.
Desde la perspectiva de Washington, las cosas están encaminadas. El escenario ideal es convencer a Zelaya de que reasuma aunque sea en el último día de su mandato para legitimar al próximo gobierno. Calculan que la dictadura no tendría problema en que asumiera Zelaya pocas horas o algunos días antes de que termine su mandato constitucional, y que todavía podrían negociar algunas cosas con Zelaya, para que cambie de idea. Desde que se cayó el acuerdo, Zelaya viene diciendo que la elecciones del 29 de noviembre serán un fraude y una farsa y que no será funcional a las maniobras para legitimarlas.
“¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que haya elecciones razonablemente libres, aunque Zelaya no las apoye, y que se elija un nuevo gobierno? Claro que no es la solución ideal, pero las demás opciones son peores”, argumenta una fuente estadounidense.
Entonces, desde la perspectiva de Washington, a Zelaya ahora le queda la opción de aceptar un regreso simbólico para legitimar las elecciones, o exponer al próximo gobierno de Honduras a cuatro años más de aislamiento diplomático, porque la Organización de Estados Americanos (OEA) ya ha dicho que sin restitución de Zelaya no reconocerá al ganador de los comicios.
El primero sería el escenario ideal para los estadounidenses; el segundo sería un escenario alternativo pero igualmente aceptable. El aislamiento de Honduras sería sólo parcial. Para empezar, la Unión Europea dice que recién se pronunciará al respecto después de las elecciones. La mayoría de los países de la región y el propio organismo mantendrían su posición de no reconocer las elecciones del 29 de noviembre. Pero en la OEA evalúan que Panamá, Colombia, Canadá y quizá Perú acompañarían a Estados Unidos en el reconocimiento del nuevo gobierno.
Siempre tan prácticos estos norteamericanos. Típica solución de su manual de “nation building”, ese que está lleno de promesas, pero que ya cuenta con demasiados fracasos, siendo el último el vergonzoso acto eleccionario en Afganistán el 20 de agosto. No existe el almuerzo gratis. En América latina costó demasiada sangre entender que los pueblos no toleran líderes proscriptos, ni aguantan la pesada herencia de un golpe impune.
Lamentablemente, a la hora de elegir muchas ex colonias siguen comportándose como colonias, casi por inercia, sobre todo a la hora de repartir culpas. Los verdaderos dueños de las llaves para destrabar el conflicto son los políticos hondureños. Si los principales candidatos se bajaran de estas elecciones ilegítimas, forzarían la restitución de Zelaya y desbaratarían la estrategia estadounidense de mantener el statu quo.
Ese escenario haría posible una verdadera refundación de Honduras. El punto de partida sería una discusión sobre la principal herramienta de control de los sectores conservadores y proestadounidenses que forzaron la salida de Zelaya.
Esa herramienta de dominación es la Constitución hondureña. Fue sancionada en 1982, en plena guerra de contrainsurgencia, cuando ese país era la plataforma de lanzamiento de las operaciones militares y de inteligencia del gobierno de Ronald Reagan para desestabilizar al gobierno sandinista y combatir la guerrilla en El Salvador y Guatemala.
Una Constitución tan rígida que hasta prohíbe cualquier intento por reformarla, y a la vez tan perfectible que ni siquiera contempla un proceso de juicio político para un presidente acusado de violarla. Podría decirse que esa es la contradicción que dio origen a la crisis política hondureña. Los errores de cálculo de Zelaya y sobre todo la ambición de poder de la derecha golpista local e internacional hicieron el resto.
La crisis encuentra a la región en un estado de ebullición, sin grandes dramas pero con varios escenarios potencialmente explosivos. La pelea entre Perú y Chile por un caso de espionaje, las tensiones crecientes en la frontera entre Colombia y Venezuela, la amenaza golpista que jaquea al presidente paraguayo, el enfrentamiento entre gobierno y empresarios en Guatemala son nubes que se acumulan en el horizonte. Nubes que parecen augurar un cambio de época.
Antes, bajo la tutela de Washington, muchos de estos conflictos ya estarían resueltos o encaminados hacia un desenlace previsible. Los escenarios que hoy se pueden vislumbrar para Honduras y la región no serán alentadores, pero tampoco son tan catastróficos como cuando todo se solucionaba con el garrote de los Marines y la chequera del FMI.
Las huellas que va dejando el repliegue estadounidense –repliegue táctico, estratégico, temporario, permanente, cínico, sincero, oportunista, inevitable: el tiempo dirá– son huellas que conducen a un escenario denso, fragmentado, fluido e imprevisible.
Un escenario sin divas ni finales cantados, que invita a la construcción colectiva. O sea, a la emergencia de nuevos liderazgos, a la creación y afinación de instrumentos regionales, a la convergencia económica, política y cultural, al pago de deudas internas.
Nuevos actores, nuevo guión, un público que se renueva. El escenario cambió. No del todo, pero cambió bastante. Y bastante costó cambiarlo como para pensar que sólo cambió el decorado.
Publicado en Página/12 el 22 de noviembre de 2009
Imagen: AFP
martes, 17 de noviembre de 2009
"Lee, y a tu Señor adora"
Mensajes que nos llegan a raíz de la columna "El gran lugar" (última entrada)+/- Ver mas...
Musulmana Costarricense.
"Lee, en el nombre de Allah, que todo lo ha creado. Creó al ser humano de un
coágulo. Lee, y a tu Señor adora. A quien enseñó a través de la pluma. Le enseñó
al ser humano lo que éste no sabía".
Sagrado Corán: sura 96 aleyas 1-5
Allah bless you forever!!!,
Visita nuestras comunidades, visit our comunities:
http://groups.google.co.cr/group/musulmanesdecostarica
http://musulmanesdecostarica.blogspot.com/
“Si Hasan hubiera sido luterano o metodista seguramente lo hubieran echado a
patadas”,
No necesariamente. Ya van ocho años consecutivos de guerra y las fuerzas armadas,
especialmente el ejército, tienen muchos problemas de reclutamiento y retención.
De hecho, no había ninguna necesidad de echarlo a patadas. Hasan quiso irse (¡y
pagando!) y no lo dejaron.
Eduardo Bauzá
Dos observaciones:
1- Si está consciente no puede tener un respirador artificial
(técnicamente se denomina RESPIRACION ASISTIDA). Es imposible tolerar un
tubo en la tráquea estando despierto.
2- Los americanos olvidaron su propia historia: durante la WWII internaron
a los japoneses por miedo a que espíen. Ahora es posible que en vez de
espiar actúen como fundamentalistas. No es comprensible para la mentalidad
occidental (la cual tampoco es uniforme ni carente de matices). La
diversidad - por mucho tiempo - será una entelequia.
Lo felicito por su artículo.
Atte
C. Blejer - Rosario
Mr O'Donnell: I read your note, on today's newspaper, on the recent events at Fort Hood, Texas. The note has few factual inaccuracies. The last name of Major Hassan is written with two s', He is 39 years old, not 49. He began his residency in 2003, not in 2001. Finally what he allegedly said while shooting his comrades was "Allahu Akbar", not "Allabu Akbar". thanks
Musulmana Costarricense.
"Lee, en el nombre de Allah, que todo lo ha creado. Creó al ser humano de un
coágulo. Lee, y a tu Señor adora. A quien enseñó a través de la pluma. Le enseñó
al ser humano lo que éste no sabía".
Sagrado Corán: sura 96 aleyas 1-5
Allah bless you forever!!!,
Visita nuestras comunidades, visit our comunities:
http://groups.google.co.cr/group/musulmanesdecostarica
http://musulmanesdecostarica.blogspot.com/
“Si Hasan hubiera sido luterano o metodista seguramente lo hubieran echado a
patadas”,
No necesariamente. Ya van ocho años consecutivos de guerra y las fuerzas armadas,
especialmente el ejército, tienen muchos problemas de reclutamiento y retención.
De hecho, no había ninguna necesidad de echarlo a patadas. Hasan quiso irse (¡y
pagando!) y no lo dejaron.
Eduardo Bauzá
Dos observaciones:
1- Si está consciente no puede tener un respirador artificial
(técnicamente se denomina RESPIRACION ASISTIDA). Es imposible tolerar un
tubo en la tráquea estando despierto.
2- Los americanos olvidaron su propia historia: durante la WWII internaron
a los japoneses por miedo a que espíen. Ahora es posible que en vez de
espiar actúen como fundamentalistas. No es comprensible para la mentalidad
occidental (la cual tampoco es uniforme ni carente de matices). La
diversidad - por mucho tiempo - será una entelequia.
Lo felicito por su artículo.
Atte
C. Blejer - Rosario
Mr O'Donnell: I read your note, on today's newspaper, on the recent events at Fort Hood, Texas. The note has few factual inaccuracies. The last name of Major Hassan is written with two s', He is 39 years old, not 49. He began his residency in 2003, not in 2001. Finally what he allegedly said while shooting his comrades was "Allahu Akbar", not "Allabu Akbar". thanks
lunes, 16 de noviembre de 2009
El Gran Lugar - Por Santiago O’Donnell

Para aquel que sabe disfrutar de la vida militar, Fort Hood parece el sitio ideal.
“Como el estado de Texas, Fort Hood es grande y se enorgullece de ser el mayor puesto armado de personal en actividad de los Estados Unidos. Fort Hood lleva el apodo de El Gran Lugar por la calidad de vida que el puesto y el área les ofrecen a los soldados y sus familias. Estas cualidades son importantes especialmente con la vida en la base, los traslados frecuentes y la búsqueda de estabilidad y apoyo familiar”, arranca la página oficial de la base de ejército estadounidense, a modo de bienvenida.+/- Ver mas...
“Soldados asignados a Fort Hood pueden aspirar a los más altos niveles de calidad de vida del ejército. Nuevas viviendas, atención médica de calidad, comunidades prósperas, recreación y sistema educativo se combinan para asegurar que Fort Hood es El Gran Lugar.”
Un lugar donde convergen “múltiples unidades”, prosigue la bienvenida oficial, un lugar para encontrarse, para charlar, para compartir experiencias. Un lugar bien típico del centro de Texas, con sus lagos y colinas, de “inviernos tibios y veranos calientes, ideales para las actividades al aire libre”.
Un lugar que no pasa inadvertido: “Fort Hood también captura la atención de la industria del entretenimiento y es frecuente anfitrión de celebridades, artistas y shows teatrales de equipos nacionales de danza (sic). También hay muchas oportunidades para disfrutar del ambiente del centro de Texas y el talento local se luce en los clubes de Fort Hood”.
Haciendo clic en “actividades recreativas”, uno descubre el variado menú de distracciones disponibles: golf, bingo, bowling, camping, excursiones, cine, equitación, artesanías, patinaje, aerobics, club de lectura y todo tipo de deportes. El primer ítem en la lista es Caza y Pesca:
“Nuestro centro comercial es la única parada necesaria para salir a cazar. Ofrecemos licencias estatales para cazar y pescar y permisos para cazar dentro de la base. Tenemos una tienda de profesionales completamente equipada. Concursos de caza y pesca. No nos olvidamos de los cazadores con arco y flecha: tenemos repuestos y ofrecemos calibración de arcos. El centro también opera un predio de arquería y otro de tiro al plato”.
La carta de bienvenida en la página de Fort Hood termina con un consejo: “Con todos los traslados que hay en estos días, asegúrese de disfrutar al máximo su tiempo libre. La experiencia Fort Hood no se limita a lo individual. ¡Así que aproveche su estadía aquí!”
Fort Hood es el orgullo de las fuerzas armadas estadounidenses. De acuerdo con el último censo allí viven 33.711 personas en 5819 viviendas. La base se estableció en 1942, cuando Estados Unidos ingresó en la Segunda Guerra Mundial. Desde esa base partieron tropas a Vietnam, a la primera guerra de Irak y a distintas misiones alrededor del mundo. A partir del 9/11 se utiliza exclusivamente en la llamada guerra contra el terrorismo. Desde allí partieron miles de tropas a Irak y Afganistán, entre ellos más de 500 soldados que nunca volvieron.
A pesar de las comodidades que ofrece Fort Hood, algunos de sus soldados no consiguen superar el estrés postraumático. Según el Washington Post, este año ya se suicidaron diez soldados en la base.
También ocurrieron en el pasado reciente algunos incidentes atribuibles al estrés que dejaron un sabor amargo en la población de Fort Hood. Hace cuatro meses un soldado de Fort Hood mató a un compañero de batallón al volver de Irak. En septiembre de año pasado otro soldado mató a su teniente y después se mató a sí mismo.
Teniendo en cuenta que los resultados en el frente no son óptimos, diez suicidios en diez meses y un par de tiroteos al año no parecen un mal número.
Al menos eso pensaba el almirante Mike Mullen, jefe de Estado Mayor Conjunto, al elogiar al comandante de la base, teniente general Rick Lynch, por los programas antiestrés que había implementado en Fort Hood. “Algo está pasando en
Hood que yo creo que es extraordinario y que debemos emular hasta que encontremos algo mejor”, había declarado el almirante en la revista Army Times.
El mayor Nidal Malik Hasan amaba la vida militar. “Su vida era el ejército”, contó su tía, a quien Hasan visitaba durante las vacaciones, cuando se pasaba las tardes viendo jugar a su equipo preferido de fútbol americano, los Pieles Rojas de Washington. Al llegar a Texas el año pasado, como cualquier soldado, fue derecho a una armería y se compró su propia pistola semiautomática.
Pero Hasan también era un devoto musulmán y en Fort Hood los musulmanes no la tenían fácil. Los llamaban “jockey de camellos”, con todo el odio que traían de vuelta de sus guerras. Pocos días después de llegar a la base Hasan denunció a la policía un acto de vandalismo. Le habían rayado el auto con una llave y le habían arrancado una calcomanía que decía: “Alá es grande”. Pero el vándalo no lo desanimó y Hasan siguió repartiendo copias del Corán entre sus vecinos de la base.
Había nacido en Virginia hace 49 años, hijo de padres palestinos de Cisjordania que regenteaban con éxito moderado un restorán. Malik, el mayor de tres hermanos, se había recibido del secundario con buenas notas, pero no tanto como para ganarse una educación universitaria gratuita. Entonces eligió, como muchos adolescentes de clase media como él, pagársela enlistándose en el ejército, contra los deseos de sus padres.
“Es un buen estadounidense”, dijo la tía, su pariente más cercana tras la prematura muerte de los padres de Hasan, a los 48 y 51 años, hace ocho y diez años, fatalidades que afectaron profundamente a Hasan, según cuentan miembros de su familia.
Con el tiempo se recibió de médico especializado en psiquiatría en una academia militar, pero nunca abandonó su religión. Visitaba una mezquita de Virginia todos los días y trabajaba de voluntario en la guardería del templo, donde lo recuerdan porque muchas veces llegaba vestido en fajina militar. Quería casarse y formar familia pero era demasiado exigente: su esposa debía ser musulmana y rezar cinco veces por día, escribió en un sitio de encuentros para musulmanes en la web.
Tampoco estaba muy de acuerdo con la guerra contra el terrorismo. Decía que se parecía demasiado a una guerra contra el Islam.
En el 2001 empezó su residencia en el principal hospital militar de Washington y a principios de año completó una especialización en tratamiento de estrés postraumático. Sus pacientes dicen que sabía escuchar y dar buenos consejos.
Recibió una queja por predicar su fe de manera un tanto insistente entre sus colegas, pero el comité de psiquiatras del hospital que evaluó su trabajo el año pasado quedó más que satisfecho. En mayo fue promovido de capitán a coronel y en julio lo trasladaron a Fort Hood.
Cuentan sus familiares que las heridas y las historias que los soldados traían de la guerra le causaron a Hasan una profunda impresión. Su primo recuerda escucharlo hablar de un soldado que se había quemado a tal punto que parecía que su cara se había derretido.
Cuando no aguantó más, Hasan pidió un préstamo familiar para pagar sus deudas con el ejército y contrató un abogado para pedir la baja, pero no la consiguió. Para entonces ya se carteaba con su imán de Virginia, que a esa altura se había exiliado en Yemen, y que veía con simpatía los actos terroristas atribuidos a la fantasmal red Al Qaida. El FBI había interceptado esos mails, que al parecer no contenían amenazas ni avisos de lo que vendría.
Después el ejército le comunicó a Hasan que él también sería trasladado a Afganistán a fines de noviembre.
Entonces Hasan tomó una decisión: empezó a prepararse para lo que vendría. Como buen musulmán, repartió su ropa y sus muebles entre sus vecinos y regaló más copias del Corán. Como buen soldado, pasó dos francos mirando tetas en un puticlub.
El jueves de la semana pasada, a la 1.34 de la tarde Hasan se dirigió a su lugar de trabajo, un centro de procesamiento repleto de soldados a punto de ser trasladados. Encontró una mesa vacía, arrimó una silla y se sentó. Agachó la cabeza como rezando, quedó en silencio unos segundos y después se paró, sacó una pistola y un revólver, y al grito de “Allabu Abkar (Dios es Grande)”, empezó a disparar.
Dicen los testigos que Hasan les apuntaba a los uniformados, ignorando a los civiles. Salió del centro persiguiendo a un soldado herido y se encontró con dos policías militares. Bajó a la primera con dos tiros en las piernas, pero tuvo que recargar y entonces el otro policía aprovechó y le metió cuatro tiros. Hasan se dobló un instante y después se desplomó. El policía se acercó, le pateó la pistola y lo esposó.
Al principio el ejército lo dio por muerto. Pero Hasan está vivo, consciente y prendido a un respirador artificial en un hospital de Texas. Las heridas de bala lo paralizaron de la cintura para abajo y todavía no lo pueden interrogar. En Fort Hood dejó trece muertos y treinta heridos.
Y dejó algo más. Barack Hussein Obama debió sentirlo cuando visitó la base para rendirles honores a los caídos, cuidándose de no pronunciar la palabra “terrorista”. Ralph Peters, columnista del New York Post, captó la bronca y le puso palabras.
“Hasan no es el único culpable. La imperdonable corrección política del ejército de los Estados Unidos también es culpable por las bajas en Fort Hood. Dada la abundancia de señales de advertencia, es lamentable que ninguna medida se tomara con un hombre que aparentemente era conocido por elogiar a los bombarderos suicidas y que condenaba abiertamente la política de Estados Unidos. Pero ningún oficial en su cadena de mando, ni en el hospital Walter Reed ni en Fort Hood, tuvo las agallas necesarias como para tomar medidas significativas en contra de un soldado disfuncional y médico incompetente”, escribió.
“Si Hasan hubiera sido luterano o metodista seguramente lo hubieran echado a patadas. Pero los oficiales temen denuncias de discriminación cuando se enfrentan con inconductas de miembros de minorías protegidas.”
Hasan nunca entendió que el ejército protege a su propios musulmanes. Por eso mató a trece soldados perfectamente aptos para combatir a otros musulmanes, allá en Afganistán. La confusión le costó las piernas y una casi segura condena de muerte.
Cosas que pasan en El Gran Lugar.
Un lugar donde convergen “múltiples unidades”, prosigue la bienvenida oficial, un lugar para encontrarse, para charlar, para compartir experiencias. Un lugar bien típico del centro de Texas, con sus lagos y colinas, de “inviernos tibios y veranos calientes, ideales para las actividades al aire libre”.
Un lugar que no pasa inadvertido: “Fort Hood también captura la atención de la industria del entretenimiento y es frecuente anfitrión de celebridades, artistas y shows teatrales de equipos nacionales de danza (sic). También hay muchas oportunidades para disfrutar del ambiente del centro de Texas y el talento local se luce en los clubes de Fort Hood”.
Haciendo clic en “actividades recreativas”, uno descubre el variado menú de distracciones disponibles: golf, bingo, bowling, camping, excursiones, cine, equitación, artesanías, patinaje, aerobics, club de lectura y todo tipo de deportes. El primer ítem en la lista es Caza y Pesca:
“Nuestro centro comercial es la única parada necesaria para salir a cazar. Ofrecemos licencias estatales para cazar y pescar y permisos para cazar dentro de la base. Tenemos una tienda de profesionales completamente equipada. Concursos de caza y pesca. No nos olvidamos de los cazadores con arco y flecha: tenemos repuestos y ofrecemos calibración de arcos. El centro también opera un predio de arquería y otro de tiro al plato”.
La carta de bienvenida en la página de Fort Hood termina con un consejo: “Con todos los traslados que hay en estos días, asegúrese de disfrutar al máximo su tiempo libre. La experiencia Fort Hood no se limita a lo individual. ¡Así que aproveche su estadía aquí!”
Fort Hood es el orgullo de las fuerzas armadas estadounidenses. De acuerdo con el último censo allí viven 33.711 personas en 5819 viviendas. La base se estableció en 1942, cuando Estados Unidos ingresó en la Segunda Guerra Mundial. Desde esa base partieron tropas a Vietnam, a la primera guerra de Irak y a distintas misiones alrededor del mundo. A partir del 9/11 se utiliza exclusivamente en la llamada guerra contra el terrorismo. Desde allí partieron miles de tropas a Irak y Afganistán, entre ellos más de 500 soldados que nunca volvieron.
A pesar de las comodidades que ofrece Fort Hood, algunos de sus soldados no consiguen superar el estrés postraumático. Según el Washington Post, este año ya se suicidaron diez soldados en la base.
También ocurrieron en el pasado reciente algunos incidentes atribuibles al estrés que dejaron un sabor amargo en la población de Fort Hood. Hace cuatro meses un soldado de Fort Hood mató a un compañero de batallón al volver de Irak. En septiembre de año pasado otro soldado mató a su teniente y después se mató a sí mismo.
Teniendo en cuenta que los resultados en el frente no son óptimos, diez suicidios en diez meses y un par de tiroteos al año no parecen un mal número.
Al menos eso pensaba el almirante Mike Mullen, jefe de Estado Mayor Conjunto, al elogiar al comandante de la base, teniente general Rick Lynch, por los programas antiestrés que había implementado en Fort Hood. “Algo está pasando en
Hood que yo creo que es extraordinario y que debemos emular hasta que encontremos algo mejor”, había declarado el almirante en la revista Army Times.
El mayor Nidal Malik Hasan amaba la vida militar. “Su vida era el ejército”, contó su tía, a quien Hasan visitaba durante las vacaciones, cuando se pasaba las tardes viendo jugar a su equipo preferido de fútbol americano, los Pieles Rojas de Washington. Al llegar a Texas el año pasado, como cualquier soldado, fue derecho a una armería y se compró su propia pistola semiautomática.
Pero Hasan también era un devoto musulmán y en Fort Hood los musulmanes no la tenían fácil. Los llamaban “jockey de camellos”, con todo el odio que traían de vuelta de sus guerras. Pocos días después de llegar a la base Hasan denunció a la policía un acto de vandalismo. Le habían rayado el auto con una llave y le habían arrancado una calcomanía que decía: “Alá es grande”. Pero el vándalo no lo desanimó y Hasan siguió repartiendo copias del Corán entre sus vecinos de la base.
Había nacido en Virginia hace 49 años, hijo de padres palestinos de Cisjordania que regenteaban con éxito moderado un restorán. Malik, el mayor de tres hermanos, se había recibido del secundario con buenas notas, pero no tanto como para ganarse una educación universitaria gratuita. Entonces eligió, como muchos adolescentes de clase media como él, pagársela enlistándose en el ejército, contra los deseos de sus padres.
“Es un buen estadounidense”, dijo la tía, su pariente más cercana tras la prematura muerte de los padres de Hasan, a los 48 y 51 años, hace ocho y diez años, fatalidades que afectaron profundamente a Hasan, según cuentan miembros de su familia.
Con el tiempo se recibió de médico especializado en psiquiatría en una academia militar, pero nunca abandonó su religión. Visitaba una mezquita de Virginia todos los días y trabajaba de voluntario en la guardería del templo, donde lo recuerdan porque muchas veces llegaba vestido en fajina militar. Quería casarse y formar familia pero era demasiado exigente: su esposa debía ser musulmana y rezar cinco veces por día, escribió en un sitio de encuentros para musulmanes en la web.
Tampoco estaba muy de acuerdo con la guerra contra el terrorismo. Decía que se parecía demasiado a una guerra contra el Islam.
En el 2001 empezó su residencia en el principal hospital militar de Washington y a principios de año completó una especialización en tratamiento de estrés postraumático. Sus pacientes dicen que sabía escuchar y dar buenos consejos.
Recibió una queja por predicar su fe de manera un tanto insistente entre sus colegas, pero el comité de psiquiatras del hospital que evaluó su trabajo el año pasado quedó más que satisfecho. En mayo fue promovido de capitán a coronel y en julio lo trasladaron a Fort Hood.
Cuentan sus familiares que las heridas y las historias que los soldados traían de la guerra le causaron a Hasan una profunda impresión. Su primo recuerda escucharlo hablar de un soldado que se había quemado a tal punto que parecía que su cara se había derretido.
Cuando no aguantó más, Hasan pidió un préstamo familiar para pagar sus deudas con el ejército y contrató un abogado para pedir la baja, pero no la consiguió. Para entonces ya se carteaba con su imán de Virginia, que a esa altura se había exiliado en Yemen, y que veía con simpatía los actos terroristas atribuidos a la fantasmal red Al Qaida. El FBI había interceptado esos mails, que al parecer no contenían amenazas ni avisos de lo que vendría.
Después el ejército le comunicó a Hasan que él también sería trasladado a Afganistán a fines de noviembre.
Entonces Hasan tomó una decisión: empezó a prepararse para lo que vendría. Como buen musulmán, repartió su ropa y sus muebles entre sus vecinos y regaló más copias del Corán. Como buen soldado, pasó dos francos mirando tetas en un puticlub.
El jueves de la semana pasada, a la 1.34 de la tarde Hasan se dirigió a su lugar de trabajo, un centro de procesamiento repleto de soldados a punto de ser trasladados. Encontró una mesa vacía, arrimó una silla y se sentó. Agachó la cabeza como rezando, quedó en silencio unos segundos y después se paró, sacó una pistola y un revólver, y al grito de “Allabu Abkar (Dios es Grande)”, empezó a disparar.
Dicen los testigos que Hasan les apuntaba a los uniformados, ignorando a los civiles. Salió del centro persiguiendo a un soldado herido y se encontró con dos policías militares. Bajó a la primera con dos tiros en las piernas, pero tuvo que recargar y entonces el otro policía aprovechó y le metió cuatro tiros. Hasan se dobló un instante y después se desplomó. El policía se acercó, le pateó la pistola y lo esposó.
Al principio el ejército lo dio por muerto. Pero Hasan está vivo, consciente y prendido a un respirador artificial en un hospital de Texas. Las heridas de bala lo paralizaron de la cintura para abajo y todavía no lo pueden interrogar. En Fort Hood dejó trece muertos y treinta heridos.
Y dejó algo más. Barack Hussein Obama debió sentirlo cuando visitó la base para rendirles honores a los caídos, cuidándose de no pronunciar la palabra “terrorista”. Ralph Peters, columnista del New York Post, captó la bronca y le puso palabras.
“Hasan no es el único culpable. La imperdonable corrección política del ejército de los Estados Unidos también es culpable por las bajas en Fort Hood. Dada la abundancia de señales de advertencia, es lamentable que ninguna medida se tomara con un hombre que aparentemente era conocido por elogiar a los bombarderos suicidas y que condenaba abiertamente la política de Estados Unidos. Pero ningún oficial en su cadena de mando, ni en el hospital Walter Reed ni en Fort Hood, tuvo las agallas necesarias como para tomar medidas significativas en contra de un soldado disfuncional y médico incompetente”, escribió.
“Si Hasan hubiera sido luterano o metodista seguramente lo hubieran echado a patadas. Pero los oficiales temen denuncias de discriminación cuando se enfrentan con inconductas de miembros de minorías protegidas.”
Hasan nunca entendió que el ejército protege a su propios musulmanes. Por eso mató a trece soldados perfectamente aptos para combatir a otros musulmanes, allá en Afganistán. La confusión le costó las piernas y una casi segura condena de muerte.
Cosas que pasan en El Gran Lugar.
Publicado en Página/12 el 15 de noviembre de 2009
Imagen AFP
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
buena tu nota.
Gabriela Neuberger
RTA:aaay! esos elogios disfrazados de criticas ( o viceversa) me dan miedo!
gracias por escribir.
Hola Santiago
Ya a esta altura, en que de la palabra al hecho hay tanto trecho, me parece que vas cediendo, pero sos de los más tardios en reflejar ese inicio de desencantamiento que por otro lado para la mayoría ocurrió hace ya mucho. Cuando Obama traicionó una y otra vez con el asunto de la guerra, para empezar. Y ahora más asquerosa esa política intentando comprar a los talibanes, ex leprosos. Como con Saddam, o con Noriega, pero al revés. El mundo de la libertad de sobornar merodea, como siempre. Y ahora frente al tan mentado discurso se te olvida anotar (lo único concreto que hizo) que congeló todos los gastos públicos, excepto seguridad y militar. Miles y miles de aviones Predetor construyéndose para un mundo de paz. Además, si bien es cierto de que habló del impuesto a los banqueros, nada de eso se efectivizó, no se dio ningún paso concreto en eso, creo, no es asi? Acaso cumplió con alguna propuesta que tocara a los poderosos? Si acaso no fuera este otro verso, estaría un poco más de acuerdo con vos, lo miraria con un poco más de simpatía.
Saludos
Tito de la Vega
RTA:tito, yo lo vengo criticando desde la campaña. sino fijate "chicago" entre muchas otras columnas, lo que pasa es cierto tambien elogio lo bueno, aunque me parece que mucho gasto no está congelando mas alla de lo que dice, todas las semanas anuncia un paquete nuevo por fuera del freeze. de acuerdo con lo del talibam, la simpatia que me produce tiene que ver con los enemigos que enfrenta y la cultura dentro de la que se mueve, me parece que acá todo eso se subestima bastante.
saludos, y gracias por escribir